Camelot

Entulesse

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Mensaje  Nindë el Vie Nov 26, 2010 5:47 pm

((No añadir comentarios, gracias)))

Se le había escapado de las manos, y había estado tan cerca de conseguir su objetivo, que aun adolecía más de fracaso. La Corona de Espuma de Celebrimbor se había perdido para siempre y tendría que cargar con aquella culpa. Ahora, con la templanza que se infiere del tiempo pasado, reflexionaba cómo habían sucedido las cosas. ¿Cirdan le había engañado ciertamente? ¿Había sabido de antemano que era una misión imposible? ¿O por eso mismo le había elegido a él, por si alguna posibilidad hubiera existido en algún momento de conseguir el preciado objeto?. El error había sido tener que cargar con aquel medioelfo, esa había sido la jugada de Cirdan e Isandir lo había sabido desde el principio. ¿Pero que podía hacer? Ningún noldo se niega a recuperar un objeto de su pueblo, así las condiciones aboquen al fracaso más rotundo y al fin de la vida. Si, Cirdan sabía todo aquello, pero lo que no conseguía entender era ¿qué sacaba el teler de todo el asunto? No era un objeto para dejar sin custodia, ¿sería verdad que en su construcción intervino traicioneramente otra mano además de la del nieto de Fëanor? No era un objeto inofensivo, ni siquiera en las manos adecuadas carecía de peligro. ¿Por qué entonces Cirdan se lo puso tan difícil? Esa duda prevalecería, no alcanzaría respuesta y eso era lo que más atormentaba a Isandir Artamir, el ingeniero que un día construyera las minas en Faerum, el que diseñó los pasajes de Lothlann, los espejos para desviar el vuelo de los Urulokis, el que ideara mil y un artilugios para la Estrella del Norte en la Siempre Fria. Ese mismo Isandir, que había perdido la posibilidad de recuperar la Corona De Espuma y que ahora volvía en un barco de hombres, la raza que más habría de despreciar.

Miraba la costa, la entrada al puerto y las gaviotas, revoloteando sobre las cáscaras de nuez que se le representaba cualquier embarcación que no fuera eldar. El tiempo que había pasado era tan ínfimo para un elfo, que no encontraba diferencias con el día en el que embarcara sin mirar atrás. Bajó de aquella embarcación infernal, prendada de olor a salitre y pescado pasado, al picante olor de los hombres y agradeció pisar tierra firme. Él no pertenecía al pueblo de los falmari, no era teler y no amaba como ellos el mar. Él era un elfo noldo, le gustaba la tierra, las montañas y lo que en ellas se guardaba, construir cosas con sus manos, inventar objetos extraordinarios y recoger todo lo que acontecía en interminables pergaminos con hermosas tîw. Criar perros poderosos, construir grandes fortalezas desde las que defenderse de la sempiterna Sombra que les acecharía hasta el fin de los tiempos. Y buscar la manera de vencer a sus enemigos de forma tan contundente, que no hubiera posibilidad de que volvieran a levantarse. Así que no pudo evitar una fugaz sonrisa, cuando sus pies sintieron que pisaba la rugosidad de las piedras que formaban el puerto de Camelot. ¿Por qué había vuelto? Ni siquiera el tenía una idea clara de ello, pero siempre seguía a su instinto y volver a Valinor no era una posibilidad. Cuando despertó de la opacidad en que se había encerrado tras la perdida del preciado objeto, la imagen de la ciudad de los hombres era lo que se le había formado en la mente. Ahora buscaría la razón de aquel presagio.


Última edición por Nindë el Vie Nov 26, 2010 5:59 pm, editado 1 vez
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Re: Entulesse

Mensaje  Nindë el Vie Nov 26, 2010 5:53 pm

Se acercó al borde del embarcadero, mirando el agua que rompía contra el muro de piedra. Se fijó en unas gotas que salpicaron cerca de donde se encontraba y se giró de inmediato para encontrarse con la mirada de alguien conocido.

-Lenwë Alcarin…-Dejó que aquellas palabras flotaran entre ellos unos instantes y luego añadió-¿Qué haces aquí?
-¿Qué haces tú, Isandir Artamir?.

El noldo guardó silencio, un silencio que no incomoda cuando los que lo propician no son desconocidos. Después de ese tiempo, Isandir asintió como respuesta. Si él mismo había llegado fruto de un presentimiento, de igual forma podría llegar Lenwë. Comenzaron a alejarse del puerto, caminando sin pronunciar palabra alguna, sólo apreciando la cercanía que habían perdido durante tanto tiempo. Las piedras que formaban la calle fueron dando paso a tierra prensada y luego simplemente a tierra de camino transitado. Al cabo de una media hora habían llegado a unos árboles dispersos que ofrecían sombra y sosiego.

Se sentaron en un murete que habría servido de linde muchos años atrás y que ahora estaba casi destruido. Isandir cogió una piedra que examinó distraídamente, Lenwë una raíz seca por la que correteaba una lagartija.

-Estoy abatido Lenwë, después de tanto tiempo de sufrimiento ha llegado la hora de que el dolor haga presa en mí. He perdido la posibilidad de recuperar la Corona de Espuma para mi pueblo.

Y Lenwë lo sabía, lo había sabido mucho antes de ver a Isandir bajar de aquel barco con la desolación anclada en el rostro. Lo sabía como sabía que Arien recorre el cielo cada día seguida de Tilion. Se quedó mirando la lagartija que pasaba ahora a una de sus manos.

-Ossiriand será el lugar más hermoso que haya existido. Los laiquendi formamos parte de ella como ella lo hacía de nosotros. Cuando la perdimos, algo dentro de nosotros se marchitó con la posibilidad de ver de nuevo la tierra de los siete ríos. Cuidábamos cada uno de sus rincones, kelvar y olvar quedaban bajo nuestra protección. Éramos uno con ella. Vosotros los noldor, no podéis sentir eso por un lugar, no tenéis ningún sitio al que aferraros, porque sois los desposeídos. Pero sentís lo mismo por lo que construís con vuestras manos. Por eso puedo decirte que comprendo el dolor que sientes Isandir Artamir.

Eran ciertas las palabras del laiquendi, e Isandir las repitió en su cabeza de nuevo. Había sido una vida de tantas pérdidas, que una más parecería carente de valor específico. Sin embargo, siempre hay algo que culmina el proceso de la desesperación e Isandir había encontrado ese algo.

-¿Y que hacer ahora Lenwë, si nada hay que nos ate al mundo y el regreso al Oeste es aun más doloroso?

Lenwë pensó la respuesta mirando un punto lejano al frente. –Vivir Isandir. –Señaló la piedra que el noldo tenía entre las manos -Ni tus objetos ni el cuidado de los bosques es nuestro fin real -argumentó también mostrando la lagartija para que formara parte de su explicación. -Eru Iluvatar nos creó con el propósito de habitar Arda. Los Ainur cantaron para que encontráramos un lugar donde vivir. Nada ni nadie impedirá que lo hagamos.

Isandir Artamir escuchó con atención al laiquendi, que pronunciaba palabras más del pueblo de los noldor que del pueblo de los cantores y sonrió. Por primera vez en mucho tiempo sonrió y dejó que el aire se escapara pesado, como si con ese gesto desapareciera un velo gris y pesado.

-Lenwë Alcarin, tus palabras son más de un noldo que de un lindi.
-Cierto Isandir Artamir, y créeme si te digo que me preocupa.

Esta vez Isandir rió, lanzando la piedra muy lejos, el sol comenzó a ponerse.
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Re: Entulesse

Mensaje  Nindë el Vie Nov 26, 2010 5:57 pm

Lenwë había conseguido reunir a alguno de los suyos al noroeste de la ciudad. Allí encontró la espesura necesaria para encontrarse cómodo, no era Ossiriand ni de lejos, pero era foresta. Isandir entendió que Lenwë debería estar muy apenado al tener que vivir ahí, habiendo habitado lugares más hermosos, pero se equivocaba. La ambición no forma parte del pueblo de Lenwë y cualquier bosque es un lugar digno y hermoso que cuidar y en el que vivir. Recorría los lugares junto al laiquendi, recordando tiempos pasados lejanos en la memoria y pronto seleccionó un lugar en la pequeña comunidad enclavada en el corazón del bosque para construir una forja. Cerca de ellos había dos minas que Isandir encontró interesantes para sus actividades y comenzó a recorrer sendas ocultas hsta llegar a ellas y recoger lo que necesitaba, como en tiempos ancestrales hiciera Maeglin en Gondolin.

-Las manos de un noldo nunca están desoficiadas.
-Dices verdad Lenwë, las manos deben estar construyendo, pero sobre todo , lo que importa es que la mente de un noldo no esté desoficiada.

Lenwë asintió a la respuesta de Isandir, comprendiendo el significado de aquella última frase y no pudo evitar sentir una sensación de frío en su nunca. Isandir captó esa sensación casi imperceptible y dejó lo que estaba moldeando sobre una mesa.

-No temas, no haría nada que pusiera en peligro tu comunidad Lenwë, no soy tan importante ni tan efectivo.
-No temo por nosotros, nuestra comunidad está bien oculta, no somos visibles tan fácilmente. Se que si hubiera peligro alguno para nosotros, evitarías que nos alcanzara a toda costa. Temo por ti.
-He aprendido a lo largo de todo este tiempo de vida, que no se puede ir en contra del destino. Lo que deba ser, será, cómo y cuándo deba ser. No es práctico perderse en esas divagaciones.

Ciertamente era lo mejor que podían hacer, habían nacido para un fin como había dicho Lenwë , vivir. Cada uno debía enfrentar sus propios obstáculos y sin duda sabían cómo hacerlo. Isandir siguió creando pequeñas joyas, aunque en su mente había otros objetos que se arremolinaban entre sus pensamientos, enredándose en sus sueños . Objetos hermosos también pero que provocaban daño. No los llevó a cabo en un principio, pero si los dibujó en pergaminos que guardó con sumo cuidado, pues sabía del carácter de los laiquendi y ni las armas ni los artilugios de guerra les provocarían felicidad alguna. Cada uno era lo que era.

Pero en sus paseos a la minas, había observado cosas, movimientos que le hacían estar atento, alerta. Algo se estaba preparando y no le gustaba estar desprevenido. Lenwë le había comentado sobre un ataque al bosque, sobre la llegada de tropas a la frontera, sobre movimentos en las rutas, sobre una aldea. Cosas vagas que los laiquendi no se molestaban en investigar, en recoger información, como habían hecho desde siempre, cuanto más peligroso se hacía el exterior, más adentro caminaban en la espesura. Y hasta entonces, no les había funcionado mal. Pero Isandir no era Nando, así que ocultó algunas cosas, sólo por si al final eran necesarias. Además completar su equipo de defensa, nunca estaba de más.
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Re: Entulesse

Mensaje  Nindë el Lun Nov 29, 2010 3:44 pm

Isandir terminaba de pulir la daga que le habían encargado. Miraba el filo con suma intensidad, apreciando la perfección del mismo, sin una mínima desviación, sin el más insignificante detalle que no hubiera estado previsto. Su vista élfica le aportaba la información necesaria para poder decir que el trabajo era perfecto.

-Es muy hermoso tu trabajo Isandir Artamir.
-Lenwë, me sorprendiste- dejó la daga en la mesa y se levantó.

Lenwé se acercó a la ventana que ofrecía una vista luminosa desde la altura del Flet hacia las minas, más allá de los últimos árboles que un humano hubiera podido divisar, mucho más allá.

- Te pido disculpas, no recordaba que te embelesas en la forja, noldo.
- No importa, tus cometarios siempre son bienvenidos, tu presencia más aun.

El nandor se giró y miró a Isandir, pensando lo que quería decir bien, antes de pronunciarse.

-Espero que así sea Isandir. Mis comentarios ahora puede que no sean tan bienvenidos. Me alegra que hayas encontrado en las minas un lugar donde reencontrarte con tu esencia, con tu trabajo. Que hayas retomado tu amistad con los naugrim, sin embargo hay algo que me aflige Isandir. Se que tu trabajo no tiene un fin loable.

Isandir bajó la mirada y se pasó el dorso de la mano por el mentón. Lenwë sabía que aquella mina que tanto le gustaba frecuentar últimamente, tenía algo para él tan valioso, que había centrado su trabajo en ello. No a todos los ojos eran loables sus acciones, pero en el fondo , siempre tenía una intención plausible.

-Lo tiene Lenwë, mi intención es acortar el tiempo en una guerra, ¿eso no es loable?
-Lo que haces en inventar un arma que mate siempre.
-Vamos Lenwë, eso no es…
-Si noldo, lo es. Esas minas las trabajan los enanos porque los humanos no pueden entrar en contacto con los metales que hay allí abajo. Son tóxicos para ellos. Tu pretendes hacer tus armas con esos metales.
-Si, es cierto, pero acabará con los enemigos de los elfos ¿no lo ves Lenwë? Si herimos a un humano con un arma como esta- dijo mientras recogía la daga y la ponía frente a ellos- morirá aunque la herida no sea mortal. Ese hombre no levantará nunca más la espada contra nosotros. ¿sabes lo que eso significaría?

-Claro que lo se Isandir, que cualquier humano podría morir.
-No se usaría así.
-Eso no lo sabes. No puedes predecir eso, si cae en manos inadecuadas...
-No caería.
-¿No? Vamos Isandir, no seas ingenuo, en nuestras manos mismamente.

Habían ido levantando la voz poco a poco y ahora se estaban gritando. Lenwë calló y volvió a mirar por la ventana, esperando que la situación se calmara un poco antes de seguir hablando, esta vez con un tono más acorde a su estirpe.

-Isandir, se que tu intención es proteger a los tuyos, protegernos a todos, pero no puedes hacerlo a toda costa. La historia de tu pueblo debería recordarte lo que habéis pagado a cambio de ese pensamiento.
-Lenwë no hace falta que me recuerdes las desdichas de los noldor.
-Lo se, pero es la verdad. Por ir en pos de La Sombra dejasteis un rastro de muerte que destruyó toda posibilidad de que vuestra intención pudiera ser buena o no. Hay humanos que luchan de nuestro lado ¿Qué pasará con ellos?
-Todos debemos aprender a cuidarnos.
- Nadie debe tener que cuidarse de un amigo Isandir.
-¿Amigos? Vamos Lenwë ¿amigos los hombres? No, ninguno merece ser considerado amigo. Son ruines, codiciosos, ansían el poder por encima de todo. Destruyen, aniquilan para conquistar y ser cada vez más y más grandes. Ellos nos sacrifican Lenwë, no les importamos nada, salvo para utilizar nuestra fuerza y lograr sus fines ¿no lo ves?. Yo si lo he visto, con mis propios ojos. Son torpes, y sus errores los pagamos nosotros.
-No tienes derecho a administrar justicia sobre ellos. Si no les quieres , no les trates.
-No lo hago Lenwë, solo me cubro las espaldas, a mí y a todos nosotros.
- No creo que todos queramos tener ese peso sobre nosotros.
-¿Tan poco valoras tu vida y la de los tuyos Lenwë?
-Tan poco valoro mi creencia de saber si debo decidir si los hijos menores de Iluvatar merecen o no la muerte.

Isandir sabía que aquella conversación no llevaría a ninguna parte. Lenwë era un buen amigo, pero carecía de las cualidades que un guerrero debería tener si quería sobrevivir. Nunca entendería lo que un noldo pensaba, por mucho que lo amase.

-He pensado en viajar a Lothlorien.
-No tienes que marcharte.
-Lo se, lo se amigo. Pero necesito estar con los míos. No estaré mucho tiempo, y me gustaría volver.
-Me gustaría que lo hicieras, se que entiendes que te hable así. Siento un profundo amor por ti Isandir, eres como el hermano que nunca tuve.Siento como si caminaras con los ojos cerrados por un desfiladero y no poder hacer nada para salvarte.

Isandir se acercó al nandor y le abrazó. Lenwë vivía en un mundo que Isandir nunca podría encontrar aunque estuvieran en la misma habitación por el resto de la eternidad. Le sonrió y salio del Flet, tenía que preparar algunas cosas. Lenwë suspiró con la esperanza de que Isandir recapacitara, pero Isandir vivía en un mudo que Lenwë nunca podría encontrar, aunque estuvieran en la misma habitación por el resto de la eternidad.
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Re: Entulesse

Mensaje  Nindë el Dom Dic 05, 2010 7:00 pm

*No le gustaban los elfos, pero los que eran como Curwë si. Los noldor si le gustaban, y sobre todo los que eran como aquel elfo que ahora se sentaba a su lado. Tenía esos ojos extraños, esos que dicen que han visto la luz sagrada de los árboles. Curwë no era como los demás, él había visto, había visto al creador de los enanos, a Aulë Navatar y eso ya era algo que le hacía merecedor de su respeto. -Me llamaste, acudí Curwë, dime pues.

* Isandir_Artamir se retiró la capucha. No le importaba que le vieran, los humanos era estúpidos. Si un elfo y un enano se veían a escondidas, tramaban algo, si lo hacían en un lugar público, no. ¿Para que sacarles de su error? - Marcharé en dos días, quiero que te ocupes de todo en mi ausencia.

*El enano, que se estaba mesando una de las trenzas de su barba, dejó lo que hacía y tomó un largo trago de cerveza. Sin duda no era una noticia agradable. Miró a su alrededor nervioso cuando un joven se sentó cerca de ellos.- Te vas...claro ¿y crees que yo puedo con todo esto? ¿que pasará si descubren...

*- Maestro enano, ¿Que descubrirán? solo que sacas material de tu mina, no es un delito. No es mi intención dejar todo esto ahora, pero necesito ayudantes y no me malinterpretes, tú y los tuyos me sois de gran ayuda, pero necesito algo más -Puso atención al joven cercano, con reticencias- Marcho a Lorien.

*¿A Lorien? aquel elfo estaba buscando a los suyos y de forma casi inmediata Curwë habló .

*-Los necesito, se que hay un tal TiLioN allí, el sabrá a quien debo encontrar.

*El enano asintió - No podemos llevar ninguna muestra más donde tu amigo nando. No le gustamos.

* Isandir_Artamir sonrió, sin duda Lenwë amaba a muchas criaturas, pero no podía evitar cierto rechazo con los enanos. El tiempo en el que pasaban por el camino de los enanos en la antigua Ossiriand, no fue de su agrado. - Bueno maestro enano, tampoco yo soy del agrado de muchos elfos, en eso estamos igual.

* La cerveza había perdido toda la espuma, aquellos humanos no sabían fabricar nada decente.
- Está bien, a tu regreso tendrás un emplazamiento nuevo para tu dichoso metal, pero Curwë...- El enano sintió que debía estar más cercano para que el elfo le tomara en cuenta -... Isandir, no todos los noldor son como los que tú conocías. Cuídate de la gente de Lorien.

* Isandir_Artamir no había pedido nada, pero soltó una moneda para pagar la cuenta del enano.- Si no son como los que yo conocía, será que no son noldor maestro enano.

*De igual forma que entró buscó la puerta para salir, y el enano no pudo evitar mirar cómo parecía que las cosas se movían para no interrumpirle el paso. No, los elfos no le gustaban, pero ese noldo era diferente.
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