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La Estrella del Norte

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La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Sáb Dic 04, 2010 8:35 am

Nota del autor:

“Con esto nada quiero. Con esto para nada pretendo ir más allá de una historia, un relato o un simple cuento, teniendo solo la sana intención de matar el tiempo justificando la ausencia de un personaje lejos de su ambiente, de su amada y de su reino. Sírvase decir que desconozco en este momento las normas definitivas de los relatos, las cuales previamente ya digo que acato. Y que si por desconocimiento o limitación de acceso al foro las infrinjo o traspaso, vaya por delante que lo siento, teniendo la dirección mi consentimiento de moverlo todo al lugar adecuado.
Aviso y advierto que tiene varias partes este relato.
Aun así, si algo se mueve de ubicación, rogaría comunicación por parte de la administración en mensaje por privado.
Gracias por adelantado.”
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Sáb Dic 04, 2010 8:40 am

Prólogo

-“Abuelo, cuéntanos una historia. De esas que hablan sobre caballeros y princesas. Duendes y elfos. Batallas y castillos.”

El humo blanco de la pipa se mezclaba con el de la encendida chimenea de la modesta pero confortable cabaña. Fuera acababa de nevar y el bosque daba la bienvenida a un próximo crudo invierno vestido con un bonito traje de gala blanco.
El anciano tosió entre bocanadas con olor a brezo. No hacía mucho que había comenzado a fumar y lo acusaba bastante. Aun así y en contra de la voluntad de su esposa, era persistente en su empeño.
Sonrió a sus nietos que se tumbaron en el suelo entre él y el hogar. La pequeña, de unos cinco años, posó su cabeza sobre una de las desgastadas botas mientras el mozalbete se sentó con las piernas cruzadas y la mirada interesada puesta en su abuelo.

-“Esta vez… dejaremos de lado todas esas tonterías y pasaremos el rato con un cuento real. Un cuento en el que el protagonista es un cualquiera de este reino. Un engreído Don Nadie que apenas era capaz de valorar algo más que su propio ser. Un residuo del Mal que fue capaz de llegar a amar a alguien gracias a las cuerdas de un instrumento y que puso al servicio de una dama su propia vida, guiando sus pasos hacia su propia perdición si fuera necesario acompañado de un noble corcel… “

Llegado a este punto tuvo que hacer una pausa al cruzar su mirada con los de su mujer, la cual lo observaba desde el dintel de la puerta con gesto conciliador. Tras dudar unos instantes, las palabras volvieron a brotar de sus labios.

-“… corcel… sí… Como iba a decir: Hace muchos años, a la orilla del lago en el que retozáis a menudo en infantiles juegos, nuestro personaje decidió abandonar el reino para alejar a aquellos que le perseguían de las cercanías de su amada. Tiró los plateados sables, sus hasta entonces inseparables armas, a lo más profundo de las mágicas aguas. De igual manera, colgó el medallón que representaba a su antigua familia de las ramas de un árbol. Quiso el azar que, justo cuando partía en compañía de su recién adquirida montura y al pasar junto al lago, se encontrara nuevamente con su dama. Fue imposible entonces para él emprender ese viaje y se quedó junto a ella. Recuperó sus sables y ambos volvieron juntos al resguardo de la cálida cueva que habían tomado como hogar.”

-“Pero abuelo ¿y el medallón?” – interrumpió el impaciente jovenzuelo.

El anciano se inclinó sobre él sonriente, mientras le señalaba con la pipa.

-“Claro. El medallón. Escucha atentamente, pues justo en este momento comienza nuestra historia…”
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Sáb Dic 04, 2010 8:44 am

El sueño

-“¡Esta vez has ido demasiado lejos con tu ambición de poder!” – de los ojos de Ao saltaban rayos debido a la furia que estaban destilando. – “Tus argucias conmigo no sirven de nada... ¡Guárdate esa estúpida sonrisa seductora!”

El dulce y bello rostro de la joven drow se tornó pétreo y lleno de odio, mas guardó silencio.

-“Bien… veamos la exposición de los diferentes cargos” – De esta forma, Ao, el Padre de Todo y Nada, el dios Supremo que todo lo ve, la cúpula de las divinidades, otorgó la palabra a los tres personajes que junto a él formaban un cuadrado perfecto. En el centro la elfa oscura clavaba los ojos en el suelo.

Habló entonces Tyr, defensor de la Justicia y la Equidad:

-“Ha sido una verdadera insensatez por tu parte hacer llegar un objeto divino a manos de un mortal solo para alcanzar tus propios objetivos, Aroshni. Podrías haber causado una verdadera debacle en este mundo si ese libro tuyo hubiera sido usado de manera inconsciente.”

-“Súmale a eso la destrucción del propio libro. ¡Un objeto divino perdido para siempre por tu culpa!” – quien se pronunció tan rotundamente mientras señalaba con dedo acusador a Aroshni, más conocida entre los mortales por Lloth, fue Sune. La diosa de la pasión, la belleza y el amor no soportaba ni la altivez ni el despotismo de la reina Araña. Disfrutaba realmente viéndola cabizbaja ante las acusaciones que se vertían sobre la diosa drow.

El silencio reinó entre los presentes mientras todas las miradas se clavaban en Vheron. La maligna divinidad, también perteneciente al panteón de los elfos oscuros, se frotaba la barbilla pensativo mientras taladraba con la mirada a la humillada acusada. Cuando habló fue para hacerlo de forma breve y escueta.

-“No tengo nada que decir.”

-“Sea.” – la voz de Ao retumbó en el infinito – “Quedas desterrada de tu reinado, desprovista de todo poder hasta que decida qué hacer contigo definitivamente”

********************************************************************************

Los pasos retumbaban firmes en la inmensidad del dorado y reluciente pasillo mientras la Cámara del Consejo Divino iba quedando atrás. Estaba furiosa, pues todos los planes de unir a sus antiguos súbditos con la idea de levantar un nuevo imperio de elfos oscuros se habían ido al traste por culpa de uno de sus antiguos leales, protegido para colmo de males por una semidiosa.

Por una dragona.

-“¿Qué estás tramando, Aroshni?” – le susurró una voz mientras alguien retenía su caminar sujetándola por el hombro. Al girarse comprobó que estaba ante Vheron – “A mí no me engañas. Conozco esa mirada tuya y sé que tu loca cabeza algo está urdiendo”

Siguió caminando, esta vez acompañada de su también oscuro interlocutor.

-“Esto ha pasado a ser un asunto meramente personal entre ese traidor, su protectora y yo.”

Cuando habló, la voz de Vheron sonó claramente amenazante.

-“Ese traidor y su protectora como tú les llamas han conseguido dejarte en ridículo delante del Consejo. Ten cuidado con lo que piensas hacer, Lloth. He tenido más que motivos para responsabilizarte, al igual que los otros lo han hecho, de tus actos realizados por pura ansia de poder. ¡Perder el Libro Oscuro! Solo por eso tendría que haberte relegado yo mismo al Abismo.”

-“¿Hacer? Puedo prometerte que yo no pienso hacer nada.” – respondió la diosa

-“¿Y por qué no te creo?”.

No hubo respuesta hasta que llegaron a las grandes puertas de bronce que aislaban el pasillo del celestial mundo exterior. A pesar de su tamaño, se abrieron lenta y majestuosamente, en silencio absoluto, sin el menor de los crujidos.

Apenas se contemplaba el paisaje que había tras ellas, pues este se ocultaba tras el majestuoso cuerpo de un dragón negro de grandes dimensiones. El leviatán clavó los ojos en los de Aroshni con un brillo de sabiduría en su mirada.

De la cadena de su escamoso cuello pendía el medallón de una antigua casa drow. La joya brillaba con inusitada fuerza.

-“Como bien he dicho, yo no pienso hacer nada.”

Los labios de Vheron esbozaron una sonrisa. Disfrutaba con la retorcida mente de la diosa Araña.

-“Hay cosas más importantes que una venganza personal, querido. Tener dominado un reino entero de estas bestias, por ejemplo, para más tarde controlar todo lo que esté al alcance de mi mano. Tras esto, todo lo demás caerá por su propio peso.”

Rió. Rió frenéticamente, presa de la satisfacción que le daba imaginarse al mando de un invencible ejército. De verse encumbrada por encima del propio Consejo Divino. De aplastar con su puño a aquellos que le habían causado tanta vergüenza.

Rió, a sabiendas de que en ese momento, alguien muy lejos de allí la estaba viendo en su plenitud, al fondo de una oscura cueva situada en un lejano reino, entre temblores de miedo y sudores fríos.

Y entonces, el medallón que portaba el dragón se apagó de repente.

Y entonces, él despertó de su sueño.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Illien el Sáb Dic 04, 2010 10:16 am

Tengo que empezar a leer "Reinos Olvidados". Mientras me decido o no, me conformo con leerte a ti.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Deanmaine el Sáb Dic 04, 2010 4:57 pm

aqui faltan capítulos no?? XD, si es que ahhh *Deanmaine llena de besines a Masoj**. Como te odio drow!!!! eres muy bueno en esto leñes, ya estoy esperando el siguiente
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Lun Dic 06, 2010 8:26 am

Despedida

Lo único que demostraba que era un ser vivo eran las gotas que se deslizaban por su rostro.

Estaba de pie. Quieto. Inmóvil. Observándola completamente vestido a pesar de que el sol tardaría aun horas en salir. Quería grabar las delicadas facciones en su memoria de tal forma que el paso del tiempo no le hiciera perder detalle alguno de lo que más amaba.

Su interior le instigaba a decirle adiós.

No. Tenía que estar lejos cuando despertara.

Ella le convencería de que solo había sido un sueño, nada más. Le sonreiría tranquilizadoramente y la paz invadiría de nuevo su ser, olvidando como siempre toda preocupación pasada.

Pero él sabía que aquello había sido algo más que un sueño. Aun temblaba al recordar la risa de la diosa como si hubiera estado junto a su lado. Nunca Lloth había retrocedido en sus pretensiones, llevando a cabo sus amenazadoras ideas hasta el final de sus consecuencias por muy caóticas que estas fueran. Para más preocupación la figura de un dragón había entrado en juego portando su desaparecido medallón en el cuello.

“Va a por todo” – pensó en silencio - “Y cuando lo tenga todo, vendrá a por nosotros sin piedad.”

El elfo oscuro hincó una de sus rodillas en el suelo y mantuvo la mirada baja ante la dormida figura.

“Cuando abras los ojos
yo ya no estaré.
Cuando tu corazón
golpee ansioso tu pecho,
yo ya no estaré.
Cuando tu razón
te lleve hacia el lago,
yo ya no estaré.
Cuando…”

Sus pensamientos se interrumpieron por el golpeteo de unos cascos a la entrada de la cueva. El asno, cargado con los pertrechos personales del drow, esperaba impaciente la partida.

Masoj carraspeó, levantó los cabellos que caían sobre la frente de ella y le dio un suave beso en la piel. Era hora de partir.

“… me odies por esto,
compréndeme, es mi deber.
Deber por lo que me has dado.
Deber por lo que siento
aunque pueda no volver.”

Salió al exterior de la cueva sin volver la vista atrás, temiendo que el verla una vez más le frenaría de su decisión de partir.

Levantó la vista hacia el cielo. Hacia el norte. Allí brillaba con fuerza Etamin, la estrella más brillante de la constelación de Draco.

- “Tú serás mi guía. En ti veré sus ojos y tú serás los míos.” – murmuró en voz queda.

Tomó las riendas del animal e inició la marcha sabiendo hacia donde quería llegar, mas sin tener muy claro cómo hacerlo. El dragón que vio en sueños era imponente. Mucho más grande en tamaño que la propia Deanmaine cuando esta desataba todo su poder interior.

Ni idea de qué pintaba aquella bestia en todo eso. Lo único que dilucidaba era que ese dragón estaba bajo el control de la diosa Araña, y su medallón tenía mucho que ver en ello.

Así que decidió preguntar a los únicos que saben todo lo que se puede saber sobre los dragones.

A los propios dragones.

Ya de paso, intentaría hacer todo lo posible para que los habitantes de aquel lugar exculparan a la dama-dragón de un viejo crimen que nunca cometió y del cual se le acusa. Él no porta prueba alguna de su inocencia, mas jamás dudaría de la palabra de su “Cantarina”.

Con eso le bastaba.

Siguiendo el brillo de Etamin, partió rumbo al norte. Hacia el Reino de los Dragones.
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..

Mensaje  stauros el Miér Dic 08, 2010 9:25 am

A ver como sigue esto.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Deanmaine el Jue Dic 09, 2010 2:45 pm

sin palabras Masoj.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Miér Feb 23, 2011 5:29 am

Khon

Los días pasaban monótonos y fríos.
Las noches oscuras eran alumbradas para él con el único brillo que quería ver.

Etamin seguía guiando sus pasos hacia el norte. Los descansos eran pocos y cortos en el camino. Mientras dormitaba de día sobre su pequeña montura, dedicaba la noche a observar fijamente la estrella mientras mantenía un silencioso diálogo interior con el astro.

Eran sus horas de paz y reflexión. Eran los únicos momentos en los que no se sentía solo. Llegó a odiar al mismo sol cuando en su amanecer ocultaba Etamin de su vista, ansiando que llegará un nuevo anochecer para volver a hablar con su estrella.

De este modo cruzó de punta a punta el reino de Trisland, parando justamente lo necesario para continuar casi sin parar.

El asno se detuvo cabizbajo en mitad del camino. Masoj desmontó aliviando de su peso al animal y tiró de él para conducirlo a las pequeñas luces que se veían algo más adelante.

-“Demasiado tramo de una sola vez” – pensó - “Reposar algo más nos vendrá bien a ambos.”

Hizo su entrada en una pequeña aldea incrustada en un verde valle cuyas paredes se levantaban hasta la gran cordillera que le impedía ver más allá. Ató al animal a un palo cercano al abrevadero de la casa que intuía como la taberna de aquel sitio, tras lo que cruzó la puerta del edificio.

Pocos eran los habitantes de aquel sitio pequeño pero limpio. Todos ellos probablemente y por la forma que fijaban en él sus miradas, habitantes de esa misma aldea. Escogió para sentarse la mesa más alejada de los presentes y esperó pacientemente a que alguien se acercará a preguntar si deseaba algo.

Nadie se acercó. Es más, al poco todo siguieron con sus asuntos ignorando prácticamente su presencia en el local. A punto estaba de preguntar quién era el responsable de la taberna cuando alguien se sentó frente a él a la vez que le acercaban una jarra.

-“No he pedido vino. Tampoco he pedido compañía alguna. Agua, algo caliente en un plato y que me dejes en paz. Es lo único que pido.”
-“Al vino, al igual que a la compañía, invita la casa. Para el plato caliente sí tendrás que pagar dando una explicación convincente de qué hace un elfo oscuro solitario y lejos de su subterránea morada. Es lo único que pido.”

Masoj observó atentamente al personaje que ante él se sentaba a horcajadas en una silla mientras mordisqueaba una manzana. Humano y para nada amedrentado por la presencia de un drow, el aspecto de aquel ser dejaba mucho que desear en cuanto a higiene personal. La mugre que cubría el cabello y la dejada barba de varios días apenas dejaban ver el dorado color del pelo. La indumentaria era casi peor, apenas unos harapos más que recosidos una y mil veces acompañados de un sombrero de ala muy ancha sobre la que se depositaba una gruesa capa de polvo.
Solo el brillo de unos ojos azules cargados de inteligencia ponía algo de respeto en aquella lamentable figura.

-“Solo estoy de paso. Nada más.”
-“¿Nada más? Yo solo soy el emperador del mundo. Nada más.”
-“El resto es asunto que no te concierne, tabernero.”
-“Muy cierto. Al igual que tu plato caliente, no me concierne. Tómate el vino, disfruta de la madera de esa silla y vete por donde has venido.”

Tuvo que apretar los dientes para contenerse ante la insolencia mostrada por el dueño del local. Sus armas reposaban en el exterior, sobre el asno. Además, no había venido con intención hostil alguna, tan solo deseaba acallar a su hambriento estómago.
Apenas tenía unas monedas y ese repelente humano solo pedía conversación. Bien mirado, tal vez la gente de aquel lugar supiera la manera de seguir caminando hacia el norte sorteando la cordillera que rodeaba aquel lugar.

-“¡Espera un momento, humano!”

El tabernero se volvió a sentar ante Masoj posando sobre él su incómoda mirada. Otro mordisco a la manzana indicó al drow que el sujeto era todo oídos.

-“Como ya he dicho, solo voy de paso. Hacia el norte.”
-“Nada hay al norte de Trisland que interese a un drow.”
-“Tengo intención de encontrar Draconia, el Reino de los Dragones.”

Todos los murmullos se silenciaron al instante. Todas las miradas se volvieron hacia el elfo oscuro mientras el compañero de mesa de Masoj daba otro mordisco a la manzana sin quitar los azules ojos de él.

-“Así que… Draconia, ¿eh? ¿Y qué piensas hacer drow? ¿Golpear la pared de esas montañas y esperar que te abran la puerta?”

Las carcajadas de los presentes fueron unánimes hasta el punto de irritarle en extremo. Más aun le enfurecía la mirada impasible del tabernero que sin mostrar signo de burla alguno no cesaba de mirarle fijamente.

Masoj saltó con la intención de caer sobre el individuo y agarrarlo por el cuello, mas se encontró con la cara pegada fuertemente contra la madera de la mesa y la punta de un bastón apretada contra su mejilla.
El silencio volvió a llenar el lugar.

-“¿Más tranquilo, drow? Bien. Ahora te vuelves a sentar despacio en tu silla y me cuentas todo con pelos y señales. O si lo prefieres, puedes tener otro arrebato de ira incontrolada tan propio de los de tu raza, obteniendo con ello la garantía de tener que buscar comida caliente en otro sitio lejos de aquí.”

Se sentó. Obviamente no estaba ante un simple mozo de taberna. Sopesando la situación poco tenía que perder y bastante que ganar, así que contó toda su historia a aquel desconocido que guardaba atento silencio a sus explicaciones. Cuando terminó, el hombre se levantó para volver al poco rato con un humeante cuenco de caldo entre sus manos.

-“Demasiado noble para ser drow. No te creo.”
-“Demasiado hábil para ser tabernero.”

Un nuevo mordisco a la manzana. Un nuevo destello de los azules ojos.

-“Años hace que nadie extranjero pisa Draconia. Se rumorea que aun habitan humanos en esas tierras, apenas un puñado de máxima confianza para los propios reptiles. ¿Y un elfo oscuro pretende entrar sin más?”

Masoj hizo un alto en la acometida al cuenco de sopa.

-“Solo deseo exponer mis preocupaciones.”
-“Veamos. Supongamos que lo que dices es cierto. Que te debes a una dama-dragón originaria del lugar a la cual culpan de forma injusta de algo cometido en el pasado. Que también has visto a tu honorable diosa…”
-“¡Yo no me debo a la reina Araña!”
-“Sí…bueno… que has tenido un sueño en el que esa divinidad comparte protagonismo con un dragón negro y que todo eso te causa desazón. Aun tomándolo como cierto, no entrarás.”
-“Etamin guía mis pasos. Tarde o temprano hallaré ese lugar.”

El tabernero arrojó lo que quedaba de la manzana a un lejano barril de desperdicios con certera puntería.

-“Es curioso que uno de tu raza sepa el secreto de Etamin.”

El drow enarcó una ceja, extrañado.

-“¿Secreto? Escogí su luz y guía por el mero hecho de ver en ella el brillo de la mirada de… “ – tuvo que hacer una pausa antes de continuar – “En fin. Es puro instinto. Una forma de no sentirme totalmente solo.”

El silencio volvió a reinar entre los dos.

-“Resulta curioso ver tus reacciones, drow.” – comentó por fin el tabernero – “Sois verdaderos maestros en el arte del engaño. O eres un excelente maestro en dicho arte o puedo comenzar a creer que lo que me cuentas es cierto.”
-“Piensa lo que quieras, humano.”
-“No creo en las casualidades. Así que algún motivo habrá para que el camino que estás siguiendo sea el correcto sin que apenas fueras consciente de ello. Como bien dices, tu estrella guía conduce a Draconia justo a través de la cordillera que guarda este valle. Cuando se oculta el sol y Etamin se hace visible, la verás brillar en sus primeros momentos con destellos parecidos a las rojas llamas que desprenden los dragones por sus fauces. Solo entonces ante ti se mostrará el desfiladero de Rath Thardîm, Garganta de Fuego. Él te conducirá al reino que buscas.”

Masoj dejó a un lado el vacío cuenco.

-“Aun así has dado a entender que no entraré.”
-“Los dioses custodian ese lugar, cerrado a cal y canto desde hace mucho tiempo. La propia ambición humana selló el libre ir y venir del comercio entre ambas razas. Tan solo unos pocos de extrema confianza aun moran allí. No es por hacerte desistir de tus supongamos ciertas noble intenciones, pero al mirarte solo veo un helado cadáver más poblando ese desfiladero. Puedes llevarte este trozo de carne seca, pues no encontrarás apeadero alguno a partir de este momento”
-“Problema exclusivamente mío, mas pienso seguir.” – el drow aceptó el envoltorio con provisiones - “¿Tiempo hasta el pie de las cordillera?”
-“Solo un par de días de cómodo y tranquilo viaje.”
-“Demasiado tiempo para mí. Gracias por la información.”

No le dio tiempo al tabernero a responder cuando Masoj ya había salido al exterior. Salió tras él para comprobar desde el dintel de la puerta que el elfo oscuro y su montura eran solo lejanas figuras. Una mano se apoyo en su hombro a la vez que le hablaban.

-“¿Piensas que lo conseguirá?”
-“Lo dudo.”
-“Lo que no comprendo es por qué has ayudado a un drow, Khon.”
-“¿Ayudado? Si consigue encontrar Rath Thardîm él mismo se dará cuenta que no le he ayudado. Le he conducido a una muerte casi segura.”

Khon sacó otra manzana de su bolsillo y le dio un mordisco sin que sus ojos azules dejaran de mirar el punto por el que el elfo oscuro había desaparecido de su vista.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Deanmaine el Miér Feb 23, 2011 1:37 pm

Masoj.....LOLAZO Khon?? menuda forma de sorprender drow.... muchas gracias
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Vie Feb 25, 2011 7:11 pm

Exploradores

El enorme reptil se aferraba con fuerza al techo de la oscura caverna sin quitar ojo a la futura víctima que unos metros más abajo inspeccionaba el suelo del lugar. Lentamente, el ágil lagarto de las profundidades se situó en la vertical de su presa para dejarse caer sobre ella con la intención de sorprenderla y clavarle los envenados colmillos en la piel.

Pero el sorprendido fue el propio animal cuando en pleno vuelo descendente la hoja de una cimitarra aparecida de la nada le partió el cuerpo en dos.

-“La piedra que pisamos toma una ligera inclinación ascendente.” – comentó la oscura figura incorporándose e ignorando por completo los trozos de reptil que le flanqueaban - “Además existe cierta corriente de aire fresco a nuestro alrededor. Todo indica que nos acercamos a alguna salida hacia el exterior.”
-“Confías demasiado en mi cercanía, Varjin. Ya es la tercera vez que salvo tu pellejo desde que iniciamos el viaje.” – comentó con tono enfurecido la joven drow mientras limpiaba el arma de la pegajosa sangre verde.

Varjin la miró sonriente por encima del hombro.

-“¿Quizás porque soy lo único caliente que te llevas a dormir en todo el trayecto, Luanna?”

La elfa oscura apuntó con la cimitarra amenazadoramente a su compañero.

-“Ojo con tus palabras, engreído. Te recuerdo que las matronas estamos por encima de…”

El resto del comentario fue acallado con una sonora bofetada.

-“Te recuerdo, “matrona”, que en la Sociedad de Exploradores yo soy el jefe. Ese rango que ostentas es meramente honorífico. Fuera del mundo de los magos y hechiceros no posee valor alguno.”

Luanna guardó en silencio el acero en su correspondiente vaina mientras cruzaba una mirada de desafío con su agresor.

-“¡Varjin! ¡Aquí hay otra fosa!”

El interpelado lanzó un burlón beso a Luanna y se encaminó hacia donde reclamaban su presencia.

-“Bien Kraag, veamos que has encontrado”

La oscuridad en esa zona era tan profunda que engañaba a los propios ojos de los drows, creando sombras en las propias sombras. Algunas de ellas tan mortales como la de aquel pozo sin fin cuyo fondo daba la impresión de estar cerca del mismísimo centro del mundo.

-“Perfecto. Asegúrate que los que nos siguen vean la marca. No tengo gana alguna de explicar a la Reina la desaparición repentina de un batallón entero.”

Kraag espolvoreó el contenido de una bolsita sobre las piedras que rodeaban el precipicio, haciéndolas brillar con un tenue brillo rojizo.

-“Será suficiente con esto… Oye, Varjin. ¿Dónde vamos exactamente?”

Varjin negó con la cabeza.

-“Ni la más remota idea. Solo sé que debemos buscar una salida al exterior siguiendo este rumbo. Estamos en territorio desconocido, lo sabes. Bien lejos de nuestro amado reino. Por eso Lloth ha encargado este trabajo a los mejores para ello. Y esos somos nosotros tres. ¡Luanna! Mueve el culo y abre bien los ojos. Nos vamos.”

A regañadientes, la drow siguió los pasos de sus dos compañeros de viaje.

Mucho más atrás, confiando en los tres singulares personajes y evitando fielmente las marcas de peligro, el inmenso ejército de elfos oscuros avanzaba por las profundidades al mando de la propia Reina Araña.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Deanmaine el Sáb Feb 26, 2011 2:40 pm

lol! jumm drows en mi reino??? jummm a ver si vuelven XD
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Dom Feb 27, 2011 8:44 am

Dos amigos

Las verdes praderas de Trisland estaban dando paso a las primeras elevaciones pertenecientes al macizo montañoso de las Soulscreek. Mirándolas desde su perspectiva, el drow contemplaba ante sus ojos una muralla natural infranqueable.

-“¡No me mires así, Peludo!” – los ánimos caídos ante el gran guardián de piedra que le cortaba el paso se convirtieron en furia contra el pobre asno - “Esta fue la dirección a seguir según los aldeanos de la última taberna. Además, Etamin brillaba indicando este rumbo.”

Al mencionar la estrella más brillante de la constelación de Draco, no pudo menos que suspirar.

-“Ella nunca se equivocaría. Acamparemos un rato y luego seguiremos.”

El paisaje era magnífico. Bajo el azulado cielo y a los pies de la colosal cadena montañosa, Masoj montó un pequeño campamento en el que descansaría unas horas a la par que su noble animal de carga se daba el gusto de trotar a su libre albedrío sin alejarse mucho.

Desde allí, la verde pendiente descendía hacia la frondosa vega de aquella parte de Trisland, toda llena de bosques y cultivos cruzados por riachuelos que brillaban como hilos de plata a la luz del día.

Se tumbó en la hierba junto al fuego para calentar algo de carne que le habían proporcionado en la taberna de la localidad que ahora veía como un conjunto de casas de juguete en aquel inmenso valle. Al levantar la mirada, sus ojos se clavaron en las desafiantes montañas.

-“La Garganta de Fuego. Ese es el nombre del paso que debemos encontrar, Peludo.”

Así se lo hizo saber aquel curioso tabernero. El único paso terrestre que comunica el Reino de los Dragones con el resto del mundo lleva el nombre de Rath-Thardîm, Garganta de Fuego. Siglos atrás, cuando las relaciones de los dragones con el resto de las razas de este mundo eran cordiales, existían más vías como ese desfiladero abiertas al comercio.

Tras los repetidos intentos de seres ávidos de poder por hacerse con el secreto del poder de los dragones así como de sus ocultas riquezas, los reptiles decidieron cortar toda comunicación con el exterior, dejando el paso de Garganta de Fuego solo por si algún embajador en son de paz y armado de valor decidía ir a presentar sus respetos.

No se recuerda cuando fue la última vez que alguien cruzó por allí, pues según dicen los propios dioses protegen el paso de cualquier intromisión fuera de lugar.

Tras una ligera comida, Masoj se entregó a recordar en voz alta y con añoranza todo lo sucedido hasta entonces.

-“… y así fue como la conocí. Poco después fue cuando te compré con vistas a largarme del reino. Así que toda esa parte de la historia hasta el presente ya la conoces. Quizás todo esto te pueda parecer una locura. A ratos yo también lo pienso, entrándome ganas de volver sobre nuestros pasos y…”

El asno se limitó a soltar un bufido mientras mascaba algo de hierba.

-“¡Bah! Solo eres un burro. Poco o nada sabes de ideales. Es vano convencerte de lo importante que es ella para mí. Tú, con comer y rebuznar tienes bastante… ¡Eh! ¡Tú! ¡Deja de mordisquear mis cosas!”

Efectivamente. El animal hundió el hocico entre los efectos del drow que estaban en el suelo hasta coger con la boca una pequeña manta enrollada. Masoj se incorporó, brazos en jarra y dispuesto a soltar una tremenda reprimenda, mientras el asno se le acercaba dócilmente. Tuvo que rectificar ante la actitud de su compañero cuando este depositó la manta a los pies de su amo.

Enrollados en ella estaban los sables.

El elfo oscuro los recogió sin quitar la vista a su compañero de viaje.

-“Quieres que siga ¿cierto?”

Por toda respuesta, el animal pego su cabeza al pecho de Masoj. Este no pudo menos que sonreír sorprendido mientras daba con las manos golpecitos cariñosos sobre el cuello del asno.

-“Está bien, Peludo. Está bien. Seguiremos. Los dos. Descansemos algo más y al anochecer buscaremos ese maldito camino.”
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Deanmaine el Dom Feb 27, 2011 10:02 am

Peludo ¬¬ bueno al menos tiene nombre el pobre bicho XD
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Mar Mar 01, 2011 4:50 am

Rath Thardîm

“Diosa de aquellos oscuros
que la luz abrazaron en su camino.
Vuelve tus ojos a mí, Gran Eilistraee
para guardar mi destino.

Alza tus manos lejos de aquí,
hacia el lago donde suena la sonata.
Cuida a la portadora del instrumento
tocado con alas de plata.

Que la música no cese por mí.
Que el llanto no manche su cara.
Vela su sueño, Gran Eilistraee.
Acúnala en tu bendita calma.”


Una y otra vez la plegaria era cantada.
Una y otra vez, por el frío viento acallada.

Allí, entre las verticales paredes del paso de Rath Thardîm, un jinete y su montura luchaban por mantenerse en pie frente a las heladas acometidas del viento desde que comenzaron a cruzarlo dos días atrás.
Nada parecía indicar que el frío aliento de los dioses que guardaban el paso de todo intruso fuera a cesar. Al contrario más bien. A cada paso que avanzaban más arreciaba el temporal, descargando toda su ira sobre ellos.
La ventisca acunaba frases desalentadoras que se hacían audibles en cada embate.

-“Incauto. No pasarás. La tumba de nieve será tu hogar en pago a tu osadía”.

Él se volvía a defender, cobijado en su ya blanca y calada capa, repitiendo la retahíla de versos sin cesar.

-“Diosa de aquellos oscuros que la luz abrazaron en su camino…”

Ni el diurno sol ni los astros de la noche eran visibles en el cielo dada la gran cortina blanca que se cerraba bajo su cabeza continuamente. Etanim, su luz, su guía, había desaparecido de la vista desde que entró en el desfiladero Garganta de Fuego.
No podía parar, pues no había sitio para resguardarse bajo aquellas verticales murallas. Tampoco podía retroceder, pues eso era ir en contra de sus propios principios.
Avanzar. Solo avanzar. Nada más.

-“Alza tus… manos lejos… de aquí, hacia… el lago…”

Las fuerzas comenzaron a abandonarle. Las pocas provisiones que le quedaban las guardaba para el pequeño asno que montaba. En ese momento el animal era sus pies y si se detenía, todo habría acabado.
Se inclinó hacia delante, posando su rostro sobre el cuello del animal en un intento de encontrar algo de calor en aquel níveo infierno.
Los labios quemados no sacaban palabra alguna. La plegaria solo tomaba forma en su ya de por sí nublada mente.

-“Tocado con… alas de… plata... “

Dejó de oír el fuerte silbido del viento.
Dejó de sentir de la fría nieve sus puñaladas.
Estiró el brazo ante él, en el intento
de acariciar el bello rostro que se mostraba.

-“Dean…”

Fue lo último que atinó a pensar antes de caer en el insensible sueño de la inconsciencia, dejando su destino en las manos de los propios dioses y de un pequeño asno que se afanaba por salir de allí.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Sáb Mar 05, 2011 9:47 am

Las alas de la muerte

-“El sitio es perfecto. Buen trabajo, Varjin. Tú y tus exploradores seréis mi guardia personal a partir de ahora.”
-“Gracias, mi Señora.”

La caverna era tan inmensa que en nada tenía que envidiar a las que sostenían las ciudades de los elfos oscuros a bastante más profundidad. Aquella, sin embargo, estaba a escasa distancia del mundo exterior, comunicada con este mediante una estrecha abertura que apenas era visible en la pared de la gran montaña. Además, la gran altitud a la que se encontraba la entrada la prevenía de visitantes no deseados.

La propia Lloth se asomó a disfrutar del nocturno paisaje. Gozaba de ello porque con sus ojos hacía todo lo que veía suyo.

-“Nada has conseguido aun y pareces la dueña del lugar.”

La voz de Vheron resonó a sus espaldas.

-“¿Acaso no confías en mí, querido?”
-“Deja a un lado tus insinuaciones femeninas, Aroshni. El peso de las naciones drows descansa completamente sobre tus hombros. Draconia no ha caído jamás ante nadie y para nada confío en que tú seas la excepción.”

La diosa clavó la mirada desde su atalaya en el lejano punto donde brillaban débilmente las luces de la capital.

-“Draconia jamás se ha enfrentado a la inteligencia de nuestra raza. Esos reptiles son sumamente estúpidos.”
-“Esos reptiles se asemejan a dioses, Reina Araña. No los subestimes en demasía.”

Lloth se encogió de hombros, indiferente.

-“No tengo nada claro qué te propones.” – continuó Vheron – “Por mucho que tengas a uno de ellos bajo tu poder, no veo…”
-“¡Nicolás!” – la diosa interrumpió el discurso inconformista de Vheron reclamando la presencia del joven dragón negro, ahora con apariencia de un humano postrado ante ella.

El medallón drow brillaba con fuerza en su cuello.

-“Señora…”
-“Príncipe Nicolás. Heredero del trono de Draconia y cabecilla al mando del escuadrón de dragones negros… ¿y tus congéneres?”
-“Llegando, mi Señora. Han recibido mi llamada. De hecho ya se les ve desde aquí.”

Los dos dioses siguieron la mirada del muchacho hacia el cielo, percatándose como el brillo de las estrellas era absorbido por cientos de siluetas negras que se acercaban.

-“Serán fieles a mi causa que es la vuestra propia, mi Señora. Darán su vida por mí sin queja alguna, como yo la daría por vos.”

Lloth sonrió orgullosamente a su superior.

-“¿Decías Vheron? ¿No es encantador este muchacho?”
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Deanmaine el Sáb Mar 05, 2011 9:54 am

si pudiese le daba un capón al tarado de mi hermano XDD pero como no puedo, pues eso..... XDD
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Jue Mar 24, 2011 4:39 am

Draconia

El paisaje era gris y brumoso a su alrededor. Todo era muy difuso en aquel solitario lugar en el que estaba rodeado de nada por todas partes.
Pues nada era lo que se veía allá donde mirase, incluyendo arriba y abajo. Tenía la sensación de flotar sobre un suelo que ni notaba ni contemplaba.
Todo era muy extraño.
Caminó en una dirección al azar, pues era imposible orientarse allí.
Gritó con todas sus fuerzas y nada de su boca salió.
No se oyó a sí mismo.
Lo único que se percibía era un fuerte estruendo que se acercaba por momentos. Algo que comparó a un gran ariete cuando arremete contra la puerta de la fortaleza.
Tuvo miedo y corrió intentando alejarse de aquel continuado tronar, pero el ruido se acercaba cada vez más hacia él.
Sus movimientos se le antojaron lentos y torpes, ralentizados hasta el punto de sentirse aprisionado en sí mismo. Mientras se ahogaba en el intento de acelerar su carrera vio sorprendido como unas siluetas grises y difuminadas pasaban a su alrededor, con sus bocas abiertas en gritos silenciosos que no oía pero que como si de espinos se tratasen, le punzaban el interior.
Todas corrían en la misma dirección que él, huyendo de aquello que se aproximaba cada vez más.
Y entonces lo vio.
Vio como el cielo se volvía a un más oscuro sobre su cabeza y como una gran espada descendía sobre la tierra, golpeando con fuerza el suelo y disolviendo en la nada a todas aquellas figuras que su hoja era capaz de abarcar.
La espada se levantó para perderse entre el cielo gris y volver a aparecer cubriéndolo todo con la sombra de su hoja mientras descendía sobre él.
Cayó aterrado sobre la tierra a la vez que intentaba inútilmente protegerse con sus brazos del gigantesco acero.
Cerró los ojos fuertemente.
Iba a desaparecer.
Fue entonces cuando vio en su mente la bella drow que se le acercaba. Su rostro era angelical a pesar de la oscuridad de la piel. Las manos, pura seda, tomaron suavemente la cara de Masoj para acercar a sus labios la frente de éste, donde posó un beso.

- “Aun no ha llegado tu hora.”

Y todo se volvió paz y oscuridad.

***

Sintió temblar su cuerpo aterido de frío. Aspiró con dolor el aire que le rodeaba.
Los ojos se abrieron lentamente observando la madera de techo y pared de la modesta cabaña.
Giró la cabeza como pudo hasta cruzar la mirada con los tres personajes que mantenían las suyas fijas en él.
Un humano de avanzada edad y un joven adolescente bien parecido. Por sus indumentarias, ambos dedicados a las labores agrícolas.
Al tercero lo había visto antes. El sucio y raído sombrero y la forma de mordisquear la manzana que portaba eran inconfundibles.
Masoj suspiró e intentó hablar.

-“No te esfuerces, drow. Estás tan débil que ignoro cómo aun sigues con vida. Da las gracias de ello a tu montura, que supo darte el calor necesario con su cuerpo para que no te convirtieras en parte de la montaña. Y a ellos, por supuesto. Quiso el azar que fueran a talar árboles al pie de la cordillera y se toparan contigo.”
-“¿Y…?”
-“¿El asno? Con bastante mejor aspecto que tú, puedo asegurarlo. En el establo, bien servido y casi recuperado.”

El drow se sentía agotado. Aun así preguntó antes de quedarse dormido.

-“¿Don… dónde estoy?

El humano dejó a un lado el sombrero mientras clavaba en él sus ojos azules.

-“Increíblemente has salido con vida de Rath Thardîm y ahora te encuentras al otro lado de la barrera que forman las Soulscreek. Mis más sinceras felicitaciones, elfo oscuro. Bienvenido a Draconia, el reino de los dragones. Y por cierto…” – Khon dio un fuerte mordisco a la manzana antes de hablar – “…quedas arrestado.”
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Masoj el Jue Mar 24, 2011 4:51 am

El rey de los dragones

Todos guardaban silencio mientras el rey hablaba. Más aun cuando éste descargo furiosamente el puño sobre el brazo del trono.

-“¿Qué quieres decir con eso de que los dragones negros se han esfumado de la ciudad? ¡Quiero a Nicolás delante de mis narices inmediatamente!”

El explorador mantuvo hasta ese momento cierta tranquilidad con el conocimiento de que la verdadera tormenta de furia estaba por llegar.

-“Señor. Vuestro hijo fue el primero en desaparecer. Los negros le son leales y le obedecen sin cuestionar sus órdenes.”

El majestuoso personaje se derrumbó sobre su voluptuoso asiento, pareciendo envejecer cientos de años de golpe.

-“Mi hijo… Nicolás… un traidor…”
-“Señor. Las informaciones que nos llegan hacen coincidir la huída de todos los negros al mando de vuestro hijo con la aparición de un numeroso ejército de elfos oscuros que…”
-“¡Ya lo sé!” – la voz tronó en la sala haciendo vibrar los cristales de las ventanas – “Drows. Esas ratas de las profundidades han viajado demasiado lejos como para querer limitarse a presentar sus credenciales. Me cuenta pensar que los dragones azabaches tengan algo que ver con los planes de esos mal nacidos. ¿Qué pretenden? ¿Robarnos? ¿Invadirnos? ¿Acaso están tan locos que no piensan en los inferiores que son? Incluso con el apoyo de los negros poco tendrían que hacer.”

La puerta del salón se abrió de repente.

-“¡Señor! ¡Hemos cogido a uno!” – el guardia entró apresuradamente seguido de un harapiento personaje que intentaba entorpecer las palabras del soldado.
-“¡Señor! ¡No! Bueno… ¡Sí, tal vez! Pero no es exactamente eso. El caso es que…”

El guardia se detuvo y clavó en su perseguidor una mirada de desprecio.

-“¡Cierra tu boca, humano! Ya deberías arrastrarte ante mi presencia. Imagina cómo tendrías que estar ante la presencia del rey.”
-“¿Arrastrarme yo ante ti? ¿Debo recordarte quién de los dos es una lagartija?”

El arma del guardia salió a relucir para hacerle frente al bastón de madera que se mostraba ante él.
El rey se pasó la mano por el rostro, exasperado. La cabeza le dolía en demasía.

-“Basta los dos, por favor. Y tú, Khon, el hecho de que cumplas tu trabajo a la perfección y goces de mi confianza no te da derecho a tomarte ciertas libertades. Sea un rey, guardia o ciudadano de a pie, un dragón es un dragón. Y le debes un respeto.”
-“Mi rey. Ni que decir tiene que mi respeto lo tenéis desde el día en que fui acogido en este reino. Intento desempeñar el cometido para el que he sido designado con la máxima eficacia posible. Es un honor para mí ser el guardián de la Garganta de Fuego. Por todo ello solo pido que el respeto que doy me sea devuelto de la misma forma y no recordándome cada vez que surge la ocasión mi supuesta inferioridad humana. En lo que a mí respecta, os pido disculpas a los presentes en general y al caballero de la guardia en particular.”

Khon hizo una reverencia ante el aun ofendido soldado. Al realizar el movimiento, el bastón que portaba en la espalda el peculiar personaje se desplazó hacia delante, golpeando con ello el casco que portaba en su cabeza el dragón guardián.
Los dragones que poblaban la sala, todos ellos en su forma humana, ocultaron una sonrisa con la palma de la mano por respeto al rey y al propio guardia que enrojecía de furia por momentos. Aquellos que conocían sobradamente al mendigo sabían de la intencionalidad de la maniobra.

-“Mis disculpas, señor dragón.” – comentó el humano fingiéndose azorado.
-“¡Ya está bien de bufonadas!” – exclamó el rey, volviendo a imponer silencio y recabando la atención de todos – “Tu informe, guardia.”
-“Señor, como bien dije antes, tenemos a uno de esos elfos oscuros. Lo capturamos en las inmediaciones de la frontera sur. Creemos que ha cruzado el paso de Rath Thardîm… solo.”
-“¿Él solo? ¡Eso es imposible! Los propios dioses custodian el lugar evitando las intrusiones no deseadas. Y creo que en eso tú tienes algo que explicar ¿es así, Khon?”

La mirada furibunda del rey hizo dudar por unos momentos al humano, mas recobró con prontitud su habitual sonrisa.

-“Supuse que un viajero solitario, fuera de la raza que fuera, jamás sería capaz de cruzar el paso por lo que le dejé pasar totalmente convencido de que encontraría la muerte en el interior del macizo. Las divinidades habrán querido dejarlo pasar. Es más: Sospecho que ese drow es ajeno a todo ese ejército que se mueve bajo nuestros pies con a saber qué intenciones. Me gustaría comentarle algo más, señor… en privado a ser posible.”
El rey hizo señas a Khon para que se acercara. Éste le comentó todo lo acontecido días atrás desde que se topó con aquel drow viajero en la taberna del poblado donde solía estar al otro lado de las montañas y mientras lo hacía, la tonalidad del rostro del monarca cambiaba por momentos hasta tomar un tono ennegrecido que nada bueno hacía presagiar.
-“Traedlo a mi presencia…” – susurró
-“Pero señor, ya os he contado que…”
-“¡Que me lo traigan ahora mismo!”

Khon enmudeció a la espera de ver al drow comparecer ante el rey.
No fue mucho tiempo el que pasó hasta que las puertas se abrieron de par en par. Murmullos de desprecio entre los más veteranos se mezclaban con expresiones de asombro salidas de los más jóvenes, los cuales desconocían la existencia de los elfos oscuros.
Despojado de sus armas y custodiado por dos soldados, el drow fue expuesto ante todos, cara al rey.

-“Estás ante el señor supremo, invasor. ¡Arrodíllate!” – le instó uno de los guardianes en tono amenazador.

Masoj guardó silencio, cabizbajo. Mas siguió erguido.
El guardia que había hablado le propinó un fuerte puñetazo en el vientre, haciéndole doblarse en dos e hincar una rodilla en el suelo. No sin esfuerzo, volvió a incorporarse nuevamente.

-“Tan solo… tan solo honro a un dragón… y no está en esta sala.”

El gesto que realizó el monarca con la mano detuvo el nuevo golpe que ya preparaba el custodio.

-“Salvo tú, Khon, el resto dejadnos solos.”

Todos los presentes abandonaron el recinto. Las puertas se cerraron a espaldas de Masoj.
Los siguientes minutos se hicieron eternos para el drow, el cual permanecía con la mirada bajada y en cuyos oídos resonaban los pasos del rey a su alrededor.
El andar se detuvo a su espalda.

-“¿Qué es lo que queréis tú y tu diosa? ¿Riquezas? ¿Poder? Sean cual sean vuestras intenciones seréis barridos de forma humillante.”
-“Subestimas nuestra inteligencia, rey dragón. Guárdate mucho de las decisiones de Lloth y de su pueblo, pues te puede costar caro. En cuanto a mí, a pesar de pertenecer a esa raza nada tengo que ver con esos planes de forma directa. Yo solo vine a advertiros de un mal presagio que tuve durante un sueño y, a cambio, hablar contigo sobre…”
-“¡Sí, lo sé! Estoy al tanto de tan absurda historia” – el dragón cruzó una mirada fugaz con Khon, el cual guardaba silencio – “¿Crees que debo de creer semejante cuento salido de la boca de un elfo oscuro? A pesar de lo que hubiere ocurrido en el pasado, la raza de mi hija jamás se acercaría a alguien de tu calaña salvo fuera con la intención de aniquilarte. Nuestra raza es una raza noble y orgullosa que ha soportado indemne el paso del tiempo.”
-“Sí… noble y orgullosa…” – masculló Masoj entre dientes – “Tan noble como para que un padre expulse a su hija de su propio hogar. Tan orgullosa como para no saber perdonar. Veo que no hay tanta diferencia entre uno de los míos y un dragón.”

Khon puso los ojos en blanco mientras negaba en silencio. El rey por su parte se encaró con el drow a escasos centímetros.

-“Muy bien. ¿Quieres su perdón? Si todo esto que dices es cierto, lucharás por ello. Ya veremos hasta dónde llega la arrogancia de tus palabras y la defensa de lo que pides. Khon, llévatelo a su celda. Tendremos diversión dentro de dos días.”
-“Pero señor, yo creo…”
-“¡Que te lo lleves!”

Khon hizo gestos a Masoj para que le siguiera, dejando al rey pensativamente sentado sobre su trono.
Ninguna palabra intercambiaron hasta que unos duros barrotes se interpusieron entre los dos.

-“Lo lamento. Relaté al rey todo lo que me expusiste aquel día en la taberna. No tengo ni idea de por qué te creo, pero lo hago.”
-“Presiento que este lugar está perdido, humano. Ese estúpido engreído nos ve insignificantes a sus ojos y eso da más ventaja a la diosa Araña. Algo trama y nada bueno es, puedo asegurártelo.”
-“No volverás a salir de aquí hasta dentro de dos días para batirte en duelo con los diez mejores guerreros de la ciudad. Forman parte de la guardia personal del rey. Te seré sincero si te digo que he visto celebrarse apenas cuatro o cinco arenas y nadie ha pasado del primer enfrentamiento contra esos soldados.”
-“¿Es a muerte?” – preguntó Masoj.
-“No. Pero desearás que así sea. Los dracos no son asesinos natos ni se divierten con el derramamiento absurdo de sangre. Usaréis palos de madera y no te alegres de ello. Aquellos que he visto caer ante la guardia del rey han quedado seriamente tullidos de por vida.”

Un incómodo silencio reinó en el lugar durante unos momentos.

-“Si crees en mí, humano, hazme este favor antes de que sea tarde.” – el drow extendió una figurilla de madera en forma de dragón hacia Khon – “Al sur. Un lejano reino con un gran lago en el centro. Suele deambular a su alrededor una dama de blanca piel cuya belleza ensombrece la claridad de las aguas. Porta una figurita de madera como esta, pero con forma de araña. Entrégale esto. Comprenderá que he hecho todo lo que he podido a pesar de haberla fallado. Ella… Yo… No me falles.”

Khon tomó la talla en sus manos sin dejar de observar como el drow se perdía en lo más profundo de la celda.

-“Haré cuanto esté en mi mano.” – susurró a la oscuridad tras lo que salio de allí decidido a emprender un largo viaje.
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Re: La Estrella del Norte

Mensaje  Deanmaine el Jue Mar 24, 2011 4:09 pm

Que ganas tengo de freirlos a todos XDD
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