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Twin Falls. Agosto de 1868. Tercera semana.

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Twin Falls. Agosto de 1868. Tercera semana.

Mensaje  Neithan el Lun Ago 12, 2013 2:34 pm

Papeles por aquí, polvo por allá, un sin fin de balas desperdigadas por todo el suelo y un montón de ropa vieja encima de la mesa. Ese era el panorama para cualquiera que entrara en la comisaria de Twin Falls.

Max estaba que se subía por las paredes. 3 malditos días, encerrado, sin ni siquiera catar la botella de whisky que el viejo sheriff guardaba a escondidas en el arcón de su cuarto y todo para intentar poner orden a ese caos. ¿Es que el anciano no tenía asistenta?

"Nota mental: contratar a una asistenta".-pensaba el joven. Estaba estresado. Sabía que en el pueblo nadie le había venido a molestar (excepto un par de niños que tiraron piedras pensando que no había nadie) pero también intuía que nadie tenia nada que contar. Qué extraño. O todos sabían algo o todos tenían miedo. ¿Miedo a qué?

Recogió otro papel del suelo. Una orden de busca y captura por un forajido... ¡de hacía 30 años! ¿Pero este hombre era tan desordenado?

"Eso, o alguien ha intentado husmear por aquí, para buscar algo con lo que no se pueda culpar"-meditaba. El asunto no tenía ni pies ni cabeza. ¿Como se movieron tan bien? ¿Como se puede perder la pista a una banda de ladrones en medio del desierto? Chasqueó la lengua y miró al forajido del cartel. Despues, miro a su alrededor. Era demasiada carga para él solo. Una asistenta, eso era lo que necesitaba. Y por instinto, recordó a Marion Sutters.

Se quedó pensativo. Esa noche había sacado más información que rebuscando en todos los malditos rincones de esa cuadra de comisaría. Volvió a recordarla, tal y como había sucedido. Justo después de que se presentara ante el alcalde...

(Recuerdo del 7 de Agosto: Noche)

"
- Vaya, vaya, vaya, Forastero, ¿todavía no ha conseguido dar con él? Lleva aquí ya unos días. Podría haberse acercado al ayuntamiento, hombre. -. Buscó con la mirada por el local.- Ah, sí, ahí lo tiene, ¿ve? Aquel señor gordo con la chaqueta azul.

Rogers dirige la mirada hacia donde la señora Dalton le ha indicado. En efecto, un señor bastante gordo, con un poblado mostacho pero carente de pelo por arriba, hablaba, bebía, reía y pellizcaba a la joven Marion_Sutter por donde podía. Le recordaba a un viejo borracho podrido de dinero por el elegante traje azul pero si era él, no le quedaba más remedio. Haciendo caso omiso a todos, con paso firme y mirada seria, se acercó rápidamente al susodicho alcalde. Las personas reunidas a él callaron en seguida al verle aparecer y el gordo hombre le dirigió una mirada de interrogación. Pero pronto quedaría resuelta:-Buenas noches, caballeros. Por favor, no se preocupen por mi, sigan manoseando a las chicas y bebiendo como cubas. Pero usted, señor, ¿es el alcalde de este pueblo?

Minerva se acercó a Marion aprovechando que ésta iba a la barra para rellenar algunos vasos. -Marion, querida, ven un momento. Voy a subir a ver cómo está Tom. Sabes dónde está todo, confío en ti. Si tienes cualquier duda, las chicas te ayudarán, ¿de acuerdo? -y, con esto, Minerva se encaminó hacia las escaleras que daban acceso a la segunda planta.

Marion_Sutter frunce el ceño y trata de evitar los pellizcos que le profiere el hombre orondo con un poblado mostacho, resopla contrariada, iba a pegarle un sopapo fuera quien fuera cuando escucha a Maxwell_Rogers alzar el tono de la voz, aprovecha para caminar deprisa detrás de la barra y hablar con Minerva escuchando lo que le comenta.- Vale Minerva, gracias por la oportunidad. Tranquila ya voy encontrando todo, puedes subir tranquila. - Esboza una sonrisa afectuosa a su prima y comienza a atender a los clientes ya espabilándose, ya no hay nervios se han disipado por ejercer su trabajo rápido y eficiente.

El obeso hombre, frunció el ceño y meneo su bigote de morsa. El joven era un hombre apuesto, formal, pero sus modales parecían sacados de la cuadra de caballos. Con una voz grave y que estaba acostumbrada a dar órdenes, reflejo su malestar, escupiendo las palabras a medida que se presentaba:- Así es, muchacho. Soy el alcalde Jeremy Fox. ¿Y tú quién diablos eres?-preguntó malhumorado. Estaba reunido con sus amigos y no quería molestias.

Maxwell sonrío y de un bolsillo interno de su chaqueta negra, saco un papel doblado. Con la prepotencia digna de su personalidad, se acercó dando dos pasos más y dispuso a dar la bomba que tanto tiempo había guardado. Había sido necesario para visualizar la gente de ese pueblo, y saber a lo que se enfrentaba. Ofreciendo el papel comunico:1-Mi nombre es Maxwell Rogers, ex-capitán del ejercito y me ha enviado el condado para ser el nuevo sheriff del lugar. A su servicio, señores.-pronunció con un gesto en su sombrero al boquiabierto alcalde que agarraba el papel con la incredibilidad.

Marion escucha atenta lo que dice Maxwell_Rogers, cómo no hacerlo si toda la muchedumbre se ha quedado en silencio ante su noticia explosiva, observadora como es percibe miradas de aprobación y otras despectivas. Coge un trapo que enjuaga en la pila y lo escurre bien apretando en sendos puños el trapo y comienza a limpiar la barra con brío mientras no se pierde detalle de lo que acontece dentro del saloon. [Anda el sheriff nuevo... ] Un mechón rojizo le cae sobre el rostro empapado en sudor, lo recoge con las yemas de los dedos de la mano izquierda recolocándolo detrás de la oreja con rapidez para continuar limpiando.

-¿Como dice? ¿El sheriff?- pregunta ansioso el gordo alcalde. Al desdoblar el papel y leer la orden establecida, se lo queda mirando de arriba hacia abajo. Todos los asistentes observan sus reacciones. Entonces, en un momento dado, el obeso hombre hace estallar su carcajada en medio del silencio, moviendo su papada:-¡Jajaja! ¡Vaya que sorpresa! ¡Siéntese entonces, sheriff Rogers y beba un poco con nosotros!6-le ofrece 6 la silla de al lado mientras que de un chillido, llama a la camarera en ausencia de Minerva:-¡Oye preciosa! Manda un buen whisky a este caballero, que invito yo. -comunica a la joven Marion_Sutter. La gente, se ha calmado y vuelve a sus juergas, sin dejar de observarlos.

-Será un placer, señor.-sonríe complacido el joven sheriff. Se ha percatado de que muchas miradas le miraban escrutando sus formas. Debía de dar la imagen que él quería. Con forma descuidada, agarra el sombrero y lo deja caer en la mesa y con gesto despreocupado, arrastra la silla y se sienta, con las piernas extendidas y cruzadas. Los hombres del alcalde lo miran con reparo, pero mudos y atónitos por la inesperada reacción de su jefe.

Ante la petición del señor Fox, rauda prepara lo que le manda. Minerva ya ha hecho bastante dejando que se quede en su local y no le quedaba más familia al morir sus padres, así que se aferró a ese nuevo lugar como único hogar. Sirve el whisky en un vaso y se acerca a servírselo con cierto tembleque en su cuerpo, pero finalmente es capaz de controlase, resopla inhalando el aire y exhalándolo despacio y sonríe a los presentes. - ¿Desean tomar algo más?

-¡Y por qué no te tomamos a ti, preciosa!-dijo uno de los hombres del alcalde, claramente borracho y la agarra por la cintura, manoseándola, en claro estado ebrio. El alcalde ríe ante la inocurrencia de su hombre y le dice en tono jocoso:-¡Dejala ya, Bob! ¡Que le romperás el vestido!6-y ríe a carcajadas junto con la mitad de los presentes allí, mientras el tal Bob, sigue manoseando a la pobre Marion_Sutter.

Maxwell_Rogers estaba saboreando el whisky tras un breve gracias y mirando al alcalde y a sus hombres cuando uno de su izquierda había agarrando a la joven en clara forma obscena. Sin risa aflorando en su boca, deposita el vaso con calma y lentitud, mientras en un tono no elevado pero suficientemente alto y con una autoridad que hasta entonces los presentes desconocían le dice a Bob:-Ten la bondad de dejar a la muchacha en paz, Bob. O me veré obligado a romperte las manos para que no puedas acariciar nunca más ni siquiera a una yegua. Y no menos a una muñeca frágil como esta. Si haces el favor, claro...-acaba diciendo en tono serio y amenazante al borracho. El local, acaba de volver a quedarse en un silencio que solo lo quiebra los gemidos de la pobre muchacha y el hombre que la agarra.

Marion trata de zafarse del hombre ebrio que la agarra pero no es que tenga tanta fuerza como el borracho, asustada se prepara para pegarle un rodillazo en las joyas de la corona cuando Maxwell_Rogers intenta protegerla. Frunce el ceño al escuchar eso de muñeca frágil que la termina de enfadar. Mira al hombre ebrio que no la suelta, frunce los labios y le golpea con todas sus fuerzas en donde más le duele a los hombres que les golpee una mujer un fuerte rodillazo seguido de una patada en el tobillo con la punta de los botines de cuero negro. Enfurecida camina detrás de la barra caminando conforme puede con el tembleque de cuerpo.

-¿Pero quién te has creído tú para...?-el ebrio Bob no llegaba si quiera a acabar su pregunta cuando el golpe recibido en sus partes nobles hace encogerse del dolor y caer en el suelo, debilitado. Jeremy Fox, ha observado todo y sus hombres le miran en señal de esperar que intervenga. Tras un largo rato observando al sheriff Rogers, comienza una carcajada que le prosigue el pueblo entero y dice:-¡Jajaja! ¡Te está bien merecido, Bob! Si no hubiera sido ella, el sheriff hubiera hecho honor a su rango. -se levanta y sus hombres le siguen. Señala al hombre del suelo y dice:-Joe, Taylor, cogerle. Nos los llevaremos o será pasto de moscas. Y bueno sheriff, marcho a dormir. Puede entrar en la comisaría cuando plazca, que alguien le acompañe, quizá la señorita Marion. ¡Vamos!- y recogiendo al hombre caído, se dispone a partir, dejando las monedas de pago en la mesa.

Maxwell_Rogers ha asistido atónito ante la rebelión de la joven Marion_Sutter. Con tranquilidad, su mano puede apartarse de su cadera, en el lado derecho, donde reposa su Colt del 45. Al levantarse el alcalde, este le corresponde y le dice:-Gracias, señor. Así haré. Nos vemos pronto.-y observa complacido como los 4 hombres salen del local y los demás clientes empiezan a ir también desalojando el lugar. Con mirada seria, observa a la muchacha y se acerca a ella con paso decidido. Al llegar a ella, le ofrece una sonrisa simpática y le dice:-¿Estas bien, muñeca? ¿Te ha lastimado ese miserable?

Marion_Sutter traga saliva mirando al hombre ebrio, lo último que quería era llamar la atención pero no soportaba que la llamaran muñeca frágil ya había tenido que soportar durante mucho tiempo que la trataran como una mujer florero y no lo iba a permitir. Trata de serenarse y lo consigue cuando se lo toman a buenas su pequeña rebelión. Comienza a recoger las mesas mirando a Maxwell_Rogers con el rabillo del ojo que se acerca. Va cargada con cuatro jarras de cerveza que titilan haciendo el sonido característico del cristal chocar por el tembleque de sus manos, pero deja de hacerlo de inmediato. - Sí gracias. 2[Ya estamos con lo de muñeca... psché] - Lo siento pero ese hombre se lo tiene bien merecido.

-Ni que lo digas. Los babosos como ese, merecen que un indio les corte otro tipo de cabellera, ya me entiendes cual. -responde bromista el sheriff. Acto seguido, introduce su mano en el bolsillo de su pantalón negro y saca 3 monedas de 1 dólar. Deposita 1 en la mesa y dice:-Este, por las molestias causadas. Te ganas los otros dos si me acompañas a la comisaría. ¿Qué me dices, muñeca?- sonríe el joven, sin intención de mostrar más modales.

Ríe entre dientes ante el comentario de Maxwell_Rogers caminando hacia la barra para dejar las jarras de cristal y se gira a mirar lo que hace el nuevo sheriff. - No son necesarias vuestras monedas, ya que me he desahogado. - No coge las monedas rebelando cierto orgullo en su carácter. Ante su invitación titubea. - Dejad de llamarme muñeca, por favor. ¿Para qué queréis que os acompañe a comisaría, sheriff?

Maxwell_Rogers chasquea la lengua, viendo denegada su proposición. A pesar de ello, no cede y deposita las otras monedas encima de la solitaria en la barra. Con una sonrisa de sinceridad, comenta:-La verdad, señorita, solo quería ser amable y necesitaba un guía, puesto que no conozco el poblado. Pero tranquila, lo encontraré solo. Buenas noches pues, señorita Sutter. Dicho esto, se encamina hacia la puerta, pasando por la mesa en la que, sin detenerse, agarra su sombrero y se lo coloca. Alcanza pues, las puertas del saloon, vuelve la mirada hacia la joven y le hace una señal con el sombrero. Al instante, sale por la puerta, dejando el local vacío.

Mira a Maxwell_Rogers y ante su gesto torcido resopla y camina hacia él, se quita el delantal blanquecino ya más negro que blanco y, se posiciona enfrente del sheriff ya que no quiere comenzar con mal pie en ese nuevo hogar. Ya fuera del saloon. Ha cogido una chaquetita fina de tela de algodón color marrón oscura que desliza por los hombros, su aspecto no es muy bueno, ya que su cabello de la noche trabajada parece un almenar cayendo muchos mechones rojizos sobre el rostro cansado. - Disculpad sheriff, acepto el pase, me vendrá bien respirar un poco de aire llevo encerrada bastantes horas, pero no soy lugareña, así que poco os puedo ayudar.

El sheriff había quedado apoyado y de brazos cruzados en la entrada al saloon, en un poste, al lado de un caballo marrón, con crin negra y patas acabadas en pelaje blanco. La miraba, paciente. La estaba esperando. Sonriendo dijo:-Has tardado poco más de lo que prevenía. Bueno, ¿nos vamos?6 con indiferencia, desata el nudo de su corcel y alza un brazo hacia la joven Marion, en señal de caballerosidad.

Marion enarca una ceja cobriza mirando a Maxwell_Rogers, chasquea la lengua y niega con la cabeza mirándole con cierta acritud. No acepta ese brazo que galante le ofrece, camina gallarda encaminándose hacia la comisaría. Sin duda le gustaba que la trataran con caballerosidad pero no con orgullo, así que siguió los pasos, mira hacia atrás esperando ver al sheriff.

Max no sale de su asombro. Roble, su caballo, resopla. Con cierta sonrisa, acaricia su mentón y le susurra sin que ella le oiga:-Vaya vaya con la muchacha. Menudo carácter, ¿eh amigo?- y sonriente le sigue los pasos, hasta situarse ha su lado. Caminando, la observa y le pregunta:-Dígame señorita Sutter, ¿qué sabe usted de Twin Falls?

Una vez que lo ve a su lado lo mira de soslayo mientras se abraza con el chal de tela fina, se siente un frescor muy agradable a esas horas de la noche, camina a paso lento mientras va alternando miradas con el sheriff y con las casas que va viendo. - No conozco mucho la zona, he llegado hoy en la diligencia así que no conozco la historia así que apreciaría cualquiera información del lugar para saber a lo que atenerme. - Comenta mirando a su acompañante sincera viendo pasar a algún lugareño que ya va a su casa después de una larga jornada de trabaja junto a su familia.

Maxwell_Rogers la mira, complacido. Observa todo los detalles. Su forma de abrigarse, de observar alrededor, su manera de caminar... El sonido de los cascos de Roble, mezclado con algún grillo es lo que suena en la oscura noche. Siguiendo con sus preguntas, el sheriff prosigue escrutándola con la mirada:-Entiendo, señorita Sutter. Y dígame, ¿de donde viene y como ha encontrado el trabajo en el saloon?

Marion tuerce un poco el gesto ante las preguntas de Maxwell_Rogers, pero es el sheriff así que confía en él. - Vengo de un lugar lejano, al norte. - No quiere que se sepa que viene de un lugar cosmopolita. - Mis padres murieron y Minerva me invitó a vivir aquí, así que pensé que me vendría bien el cambio de aires. - Informa mirando de soslayo al sheriff, hablar de ello no es que le agrade, vuelve a reflejar en el rostro esa gelidez que acapara como una máscara cuando habla de ello, resopla intranquila impasible caminando hacia la comisaría.

Al sheriff no le ha pasado desapercibido lo reacia que es al contar su procedencia, ni tampoco la impaciencia de la joven. Su mente ya empieza a maquinar preguntas, algunas osadas, otras demasiado arriesgadas y otras tantas que posiblemente no contestaría debido a su extrema precaución. Así pues, decide atacar por otro lado:-¿Y qué tipo de relación tiene con Minerva Dalton? Según dice, le invitó a venir aquí. ¿De que la conocía?

Marion_Sutter pPercibe la curiosidad del sheriff. [ ¿A qué viene este interrogatorio?] - No sabe por dónde se va a la comisaría así que se deja guiar por Maxwell_Rogers. - Minerva es una familiar, así que se enteró de lo ocurrido porque yo le envié una carta, me sugirió el cambio de aires y yo acepté encantada. - Informa siguiendo caminando y mirándolo de soslayo.

-¿Un cambio de aires? Dígame, querida, ¿cuando recibió usted esa carta?- pensaba y meditaba. Había llegado a una posible trama. Una de la cual era una posible faceta de todo. Pero tenia que ir descartando varias posibilidades, y en esta ocasión, era una de ellas. También se fijaba que ahora era ella quién le seguía, y no al contrario. Debería ir con cautela, puesto que eso significaba que quería saber más y no debía dar detalles.

- La primera carta la recibí hace quince días exactos, pues tengo buena memoria para los números, señor.  Frunce ligeramente el ceño pues no sabe dónde quiere llegar con tanta pregunta pero sigue respondiendo, pensando que tal vez, era por saber algo de su prima Minerva, a saber, así que por su mente pululan posibles respuestas mientras sigue caminando sin saber ya dónde está la dichosa comisaría.

-Vaya...¿hace 15 días? Interesante.-¿coincidencia o reveladora verdad? Aquella era algo demasiado sustancioso como para dejarlo escapar, pero debía tener cuidado. Si proseguía acosando a Minerva Dalton, la joven Marion iría corriendo a su pariente a contarle que estaba husmeando y eso no era bueno. La tabernera había sido buena con él y nunca estaba demasiado ocupada para atenderle. En ese instante, la joven mente del sheriff, recuerda al hombre que conversaba con la señora Dalton. Cambiando radicalmente el tema de su prima, le espeta de golpe:-Dime, muñeca, ¿sabes algo de los hombres del saloon? Me refiero claro, a los que diariamente van al local. Como por ejemplo, el hombre que conversaba con tu parienta, cuando se te ha caído la copa. ¿Sabes quién es?

Sutter nota que algo ocurre. [A qué viene decir eso de interesante en esos días.... qué estará barruntando este hombre.] Claro que se da cuenta de que cambia de idea de tema de inmediato, no lo va a dejar pasar. - No, claro que no, al ser nueva por aquí no conozco a nadie, Minerva no me habló de nadie en sus cartas. No sé quién es. [¿Quiere sacarme información a mí?] - ¿Qué es lo que ocurre? ¿a qué venía ese comentario de interesante cuando os he dicho eso de los quince días? - Pregunta sin dejar escapar la oportunidad de saber qué tramaba el sheriff.

Maxwell_Rogers sonríe. "Chica lista... muy lista. Sabe que puede haber algo ahí y no quiere comprometerse por su parentesco con Dalton."-piensa el sheriff. Sabe también, que la chica es curiosa pero no debe dejarse llevar por lo frágil que aparenta. Para Maxwell Rogers, ha quedado demostrado que Marion_Sutter es una mujer de armas tomar, y que es más de lo que aparenta. ¿Se arriesgara a lo que él se propone con ella? Justo en ese momento y por casualidad, la comisaría queda a la vista. Habían dado rodeos, pero al final, el destino solicitado había surgido. La oportunidad perfecta para desviar el tema:-Nada, cavilaciones mía, señorita Sutter. Vaya, ¡al fin! La comisaría. Has sabido encontrarla pese haberte perdido un poco, ¿no es verdad, muñeca?-inquiere suspicaz el joven castaño.

Entrecierra los ojos cielo mirando al sheriff de soslayo, desde luego sabía que algo tramaba y que su prima estaba por medio así que esboza una sonrisa dulzona mirando a Maxwell_Rogers. - No creo que sean pensamientos solo señor Rogers, así que me gustaría enterarme realmente de lo que ocurre. - Mira la comisaría y chasquea la lengua mirando con cierta acritud al sheriff. - Por favor, nada de muñeca, ya os he demostrado que no lo soy. - Espeta molesta con el ceño fruncido.

-Me parece que algo de lo que no os habéis enterado, señorita Sutter, es que soy el sheriff del lugar, y las cavilaciones que tenga o deje de tener, es privado. Usted no debe interceder en ello, ¿entiende?. Y si sabe algo más dígalo, porque si me entero de que sabe más de lo que dice, se verá envuelta en problemas también usted, ¿queda claro?-responde secamente. Había entonado un tono de voz algo más duro, algo más autoritario, pero era necesario si pretendía hacer lo que debía. Las confianzas llegaban hasta un punto y el anterior sheriff había muerto demasiado confiado en que resolvería el dilema del banco. Acto seguido responde igual de serio:-No es mi intención reñirle, Marion, pero debe entender que estoy persiguiendo a asesinos y ladrones y puede que usted y la señora Dalton estén en medio y corran peligro. Así pues, no debe decirle nada a nadie de esta conversación.

Marion_Sutter escucha atenta las secas palabras del sheriff viendo que ahora ejerce su trabajo y que ha cambiado totalmente hasta las gestualidades. Asiente con la cabeza a lo que ha dicho y su rostro se endurece también con el semblante serio. Ahora sí no entiende nada, es una recién llegada que no sabe mucho de nada; ni de las tramas que acontecen en la región ni de los que la habitan. Pero desde luego que piensa averiguar qué es lo que está ocurriendo. Mira a Maxwell_Rogers seria, pero su tono de voz es sereno y refleja sinceridad. - Si supiera algo os lo contaría pero no es así, desconozco lo que ocurre por aquí, mi prima solo me contaba escuetas líneas de esta región, nada más.

-Me parece correcto, señorita Sutter.-comenta firme el sheriff. Lo lee en sus ojos. En su interior, una pequeña sonrisa se dibuja en su pensamiento. Con seriedad, vuelve sobre sus pasos y le dice:-Ahora volvamos. Le acompaño al saloon o donde usted quiera. Es de noche y no me fío de este pueblo en lo mínimo. Después de usted.- comunica señalando el camino de regreso.

- Volvamos sí, gracias, mejor volver al saloon que ya es tarde. - Sigue pensando en lo que han comentado y siendo lo que es, le será fácil averiguar algo ya que todos terminan en el saloon tarde o temprano. Da la vuelta y camina con más prisa hacia su hogar reciente ya que está realmente cansada, no puede reprimir emitir un bostezo que tapa con la mano izquierda que estaba tapada con el chal de tela fina. Desde luego ha sido un día duro; entre el tracatra de la diligencia y lo que ocurre en su nuevo hogar, está deseando dormir y pensar que es un buen sitio para vivir.

El corcel trota a su lado ajeno a la conversación que la pareja debate. Max lo sujeta firme por las riendas y de vez en cuando, le acaricia el morro. En un momento dado, el viento sopla, demasiado refrescante y observa la ligera ropa de la dama. Casi se da un golpe en la frente por su estupidez y poca cortesía. Dejando que el caballo lo siguiera, suelta las riendas y se saca la chaqueta de encima. Acto seguido, la coloca alrededor de los hombros de la joven mientras dice:-Perdóneme, no me he dado cuenta. He estado demasiado ausente en mis modales. -y la cede a ella, volviendo a coger a Roble por las riendas. Sigue el camino, silencioso, pensativo.

Sonríe ligeramente al ver cómo acaricia a su montura cuando le mira de reojo. Al ver que le pone la chaqueta por encima la sujeta con los dedos acomodándola en los hombros, le mira sonriéndole con la mirada mar. - Gracias sois muy amable. No pasa nada. - Camina de nuevo hacia el saloon, ahora ya se sabe el camino y ve que las calles están desiertas. Mira hacia el cielo viendo algunas nubes que cubren6parte de las estrellas que titilaban brillantes. - Mañana, ya hoy, seguramente lloverá. - Piensa mirando a Maxwell_Rogers llegando ya al saloon. 

Maxwell_Rogers observa el cielo. El silencio de la noche los acompaña y el saloon queda entonces justo delante. En la misma puerta, sonriendo una vez más mostrándose amable y cortés, pregunta:-¿Sabéis que dicen los indios?-se acerca a escasos centímetros de ella, y en su oído le susurra:-"La más larga caminata, comienza con un paseo"-en ese momento, le da un suave beso en la mejilla, se aparta y da un gesto con su sombrero, despidiéndose -Buenas noches, Marion.-acto seguido, se sube a la grupa del caballo y observándola dice:-Ya me daréis la chaqueta en otro momento. Así tendré una excusa más para preguntaros más cosas. Hasta pronto.-Dicho esto, da un ligero golpe con sus espuelas a Roble, que señalizado por su amo, toma el camino hacia la comisaría.

Sutter niega con la cabeza respondiendo a la pregunta que le hace. Al percibir su cercanía no se aparta por curiosidad pero está apunto de alejar al sheriff no queriendo que piensa que es de alguna clase de mujeres, pero al ver que es cortés le profiere una amplia sonrisa sonrojándose ligeramente para no variar y eleva un poco el tono de la voz agudizándolo. - Buenas noches sheriff, gracias por el paseo. - Esboza otra sonrisa y se gira para caminar dentro del saloon empujando una de las puertas de madera y pensando en todo lo que le ha comentado. "

(12 de Agosto)

Maxwell suspira. Sí, esa noche ya puso sospechas en la primera persona. Pero en esta pobre comisaría no da a basto y justo por ello él dice basta. Se dirige hacia el arcón de madera, recoge la botella de whisky y se toma un buen trago. Queda poco tiempo y debería actuar.

-Creo que ya es hora de que empiece a interrogar a toda la gente del pueblo.-comunica, meneando el licor ámbar de su vano y mirando al infinito.
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12 de agosto. El sheriff empieza sus pesquisas XD

Mensaje  Jonathan_Atwood el Lun Ago 12, 2013 5:21 pm

Tom_Dalton  estaba agitado y sudoroso por la carrera cuando irrumpió en la oficina de Correos. Porque no empujó la puerta, entró y dijo "buenas tardes", no. Irrumpió como un torbellino, se puso de puntillas para apoyar los brazos en el mostrador y, con un fallido intento de control, espetó: -¡¡Sr. Atwood!! ¿Es verdad que va a mandar un telegrama al fuerte? ¿Puedo verlo?
(El lunes había traído consigo una desagradable sorpresa a la oficina de Correos y Telégrafos, aunque no era una situación inaudita: tan sólo incómoda. Jon no llevaba la particular gorra de su profesión, sino que lucía su cabello peinado con la raya a un lado como un galante caballero. Su pulcritud habría sido alabada en cualquier otra parte del planeta; sin embargo, allí, en Twin Falls, eran de otra opinión.) Bu-buenos días, Tom. (Le saludó. En su sonrisa apagada ya se vislumbraban las malas noticias.) Sí, es verdad, pero me t-t-temo que la línea ha sido c-cortada. Tenemos q-que esperar a que la reparen. (Frederick Hynes, que estaba también detrás del mostrador con los pies apoyado en una mesa cercana bufó.) Y la diligencia regular también está jodida. Estamos todos jodidos. (Murmuró. Tom le recriminó con la mirada el uso de esas palabras delante de Tom, pero Fred era de la opinión de que ese niño, precisamente ese niño, ya había oído todas las groserías del mundo. ¡Era un Dalton! Jonathan le ofreció algo de beber a Tom.)
(El niño aceptó gustoso la bebida, apartándose los rubios mechones que se quedaban pegados a su frente por el sudor. Tenía las mejillas encendidas y la respiración agitada por la carrera.) -Entonces, ¿no se puede mandar nada? (La desilusión fue evidente. Se había hecho ilusiones de volver a ver el telégrafo en funcionamiento, esta vez de un modo real y no sólo como una prueba para mostrárselo.)
No, Tom. ¿R-recuerdas lo que te expliqué sobre có-cómo viajan los mensajes? (Le invitó a pasar por el mostrador bajo la atenta mirada de Frederick, que no tenía nada mejor que hacer que observarlos con su cara de disgusto. Jon se había acostumbrado y solo le fastidiaba de veras cuando se ponía agresivo. Llevó a Tom hasta el telégrafo y le puso la gorra.) Eso a veces p-pasa. Es bastante c-común, por desgracia. Por míralo p-por el ladobueno, ahora p-puedo dejar que practiques. ¿Te sabes el código? (Lo retó a que, a través del pulsador, codificara "Twin Falls".)
(Tom se ajustó la gorra sobre los rubios cabellos alborotados y una sonrisa iluminó su rostro. Se sentía importante. Y, como cabía esperarse, aceptó el reto. Se subió de rodillas en la silla, para llegar mejor, apoyó el antebrazo sobre la mesa y, con la otra mano, la derecha, cubrió el pulsador. Miró a Jonathan algo temeroso, como si dudase si apretarlo o no. Finalmente, empezó a marcar. Una raya. Un punto, dos rayas. Dos puntos. Se detuvo y miró al telegrafista.) -No recuerdo cómo era la N.
(Jon sintió algo que identificó como orgullo al ver a Tom con la gorra de telegrafista y su pequeña y delicada mano de niño sobre el pulsador transmitiendo un mensaje fantasma que, si bien no llegaría a ninguna estación a causa del inoportuno corte, sí alcanzaba su sensible corazón.) No pasa nada, l-lo haces muy bien. (Le recordó que la N consistía en una raya y un punto. Por primera vez, se atrevió a tocarle la cabeza. No le importaría tener un hijo como él algún día, si es que el Señor le concedía tal fortuna.) Cuando pra-practicas mucho, te sale solo. No t-tienes ni que pensar en las equivalencias. Es más, a v-veces siento que voy a hablar a pitidos. (Bromeó. Sería un desastre si tartamudeara en morse. Le explicó cómo se identificaba una estación y que ese sistema permitía meter unas 28 palabras por minuto.)
-¡Eso! (Asintió con energía, sin apartarse de su mano, mientras marcaba la N. Siguió la secuencia de rayas y puntos para formar la F, la A, las dos L y, por último, los tres puntos de la S. Twin Falls. No se había dado cuenta de la forma en la que se mordía la lengua, concentrado, dejando salir la punta por el lateral derecho de la boca -¡Practicaré mucho, entonces! (Rió al imaginarse a la gente hablando a pitiditos. Incluso trató de silbar una o dos letras. Desastrosamente. Lo único que consiguió fue que se le quedara la boca empapada de saliva) -Imposible.
(Jon observaba a aquel chiquillo con auténtica devoción y envidiaba no tan secretamente la suerte que tenía Minerva Dalton. Le daba igual que la gente malinterpretara sus gestos, sus miradas o, incluso, sus inocentes comentarios. Él sabía, por mucho que se le fuera la cabeza a veces, por mucho que dudara de sí mismo, que jamás le haría daño; muy al contrario, prefería proteger a Tom ante cualquier mal que se cirniera sobre él, aunque no fuera el hombre más fuerte, corpulento o valiente de Twin Falls. Jon se rió de Tom y le ofreció un pañuelo para que se secara.) Bueno, sil-silbando es difícil seguir el c-código morse al pie de la l-letra, ¿sabes? Pero igualmente uno se pu-puede comunicar a través de silbidos. Imagínate l-lo beneficioso que sería un lenguaje que sólo t-tú y un amigo po-podéis entender.
Las puertas de la telegrafia resonaron y se abrieron. Suponía que a quién menos esperaban ver allí era nada más y nada menos que el nuevo sheriff, que parecía o un fantasma o alguien demasiado encerrado. El sombrero le hacía sombra, y hacia juego con su chaleco y su pantalon negro. La camisa era blanca, pero estaba arremangada y se notaba que el joven estaba pasando mucha calor. Con una sonrisa, miró a alguien detrás del mostrador y saludó al hombre que se encontraba detrás:-Muy buenas sean, caballero. Por favor, ¿el encargado del lugar?
-Sería estupendo. Así podríamos contarnos secretos incluso aunque estuviésemos con más gente. O decir lo horrible que es el sombrero que la sra. Queen sin que nos amenace con hablar con mamá. (Los ojillos le brillaron con una arrasadora emoción, fijo en los de Jonathan, como si no hubiese nada más en aquella oficina.) -¿Me enseñaría usted uno? (Ni siquiera se percató de la entrada del sheriff hasta que éste habló.)
(Jonathan no pudo evitar reírse. Tom era genuino, espontáneo y muy divertido, pero estaba seguro de que él nunca se atribuiría esas tres cualidades porque no sabía que las tenía: era un daño colateral de una personalidad natural.) Pobre señora Q-Queen. ¡No es tan feo su sombrero! (Aunque Tom tenía razón. Era un espanto. Volvió a sentir un profundo regocijo cuando el pequeño le pidió a él con esos ojos brillantes que le enseñara un lenguaje secreto. Se derretía de la emoción cuando Frederick los cortó de golpe.) ¡Eh, Jon! ¡El sheriff quiere ver al "encargado"! (Cuando había una señorita guapa delante, Fred siempre era el dueño de la oficina, pero para los problemas y marrones, le tocaba a Jonathan. Jon empalideció levemente. El sheriff... El sheriff estaba en su oficina. Se mordió el labio inferior.) Quédate un momento aquí, T-T-Tom. Si qui-quieres. (Se aclaró la garganta y salió enseguida al mostrador, tenso y nervioso. Con el difunto sheriff tuvo unos cuantos problemas a causa de su carácter. Sencillamente no le gustaba y siempre buscaba alguna manera de molestarlo, sobre todo cuando estaba bebido o aburrido. No sabía mucho acerca del nuevo, pero esperaba que no fuera igual.) B-b-buenos días, s-señor. ¿En qué p-puedo ayudarle?
Observó con interés al telegrafista. Un tipo menudo, bastante nervioso por lo que podía observar. Poca cosa. "Parece un cordero en medio de lobos..."-pensaba el joven sheriff. Pero sin mostrarse sorprendido, mostró una gran sonrisa, en una perfecta y blanca mandibula y comunico:-Buenas tardes, señor Atwood. Soy Maxwell Rogers, el nuevo sheriff. Y ahora que todos ya nos conocemos... necesito de su tiempo y de sus servicios.
(Levantó ambas cejas, en un claro gesto de incredulidad. No era feo, no. Era horrible. Si hasta su madre lo decía. Asintió y se quedó allí, sentándose bien en la silla, en lugar de seguir de rodillas, y más pendiente de la conversación entre los adultos que de teclear en el telegrafo, aunque tenía la mano sobre el pulsador, para disimular.)
2 +Jonathan_Atwood ¦ (Jon se sintió parcialmente aliviado al escucharlo. Asintió con la cabeza. Sabía que era el nuevo sheriff, pero no había tenido ocasión de hablar con él. No obstante, no podía evitar mostrarse receloso. Quizá dudaba de él como el resto de los vecinos y pensaba que podía hacerle algún mal a Tom_Dalton, pero aquello era ridículo. Si de verdad pensara en hacer algo inadecuado, lo haría en un ambiente más íntimo y cerrado, no con Frederick por ahí mirando.) Sí, s-señor, pero de-debo advertirle d-de que la línea del telégrafo está caída. Hasta q-que no la reparen, la máquina t-también está fuera de servicio. Le enseñaba al jo-joven señor D-D-Dalton... (Jon se dio unos segundos para respirar y tranquilizarse. Maxwell_Rogers no tenía por qué ser como su antecesor.)... cómo usarlo. Pero si le p-puedo ser útil de otra manera, dígamelo. Por fav..or.
-Tranquilo, buen hombre. Relajese y respire. No necesito de sus servicios en cuanto al telegrafo.- respondio el sheriff. Parecía que le iba a dar un ataque al corazón. Sin embargo, algo raro había en todo aquello. Según sus rumores, el pueblo era de pistoleros, forajidos, prostitutas y todo tipo de chacales, y no solo de animales. Así pues, ¿qué pintaba ahí el buen hombre de Atwood? Misterios, quizá.:-Necesito de su tiempo únicamente para hacerle unas preguntas. Y lo que requiero de sus servicios, es simple: Necesito saber y buscar todos los registros del telegrafo de aquí a 3 semanas atrás. Mejor, que sea de 1 mes atrás. ¿Es posible o no?-puntualizó, dirigiendo una mirada seria. No pretendía asustarle, solo hacerle entender que iba en serio y que no querría tolerar ningún tipo de inconveniente.
(Tom tecleó aleatoriamente para simular que estaba concentrado, aunque le llamaba más la atención eso de los registros.)
(El tartamudeo de Jon no era exclusivamente de un estado nervioso, pero el sheriff ignoraba aquel detalle. Jon tartamudeaba a veces hasta con el pequeño Tom Dalton.) No sé si estarán todos, se-se-señor. (No quería acusar directamente a Frederick, pero a veces éste hacía limpieza y tiraba cualquier cosa.) Pero c-creo que no hay ningún inconveniente a-a-al respecto. (Aseguró Jon, quien, aunque no lo pareciera, se sintió más cómodo al saber que el asunto que traía ahí al sheriff era muy distinto al de sus fantasías. No iba a reprocharle ninguna conducta dudosa.) Le daré l-l-los enviados y los recibi...dos. (Algunos debería transcribirlos, aunque, por supuesto, facilitaría al sheriff una copia del código por si quería descifrarlos él mismo, así no pondría en duda su colaboración con la investigación ni se metería en problemas.) ¿A-a-algo más, señor?
Se apoyo con su codo en el mostrador y dijo:-Por el momento, señor Atwood, me facilitaria bastante el saber de donde viene usted y que hace en un lugar como este. No me malinterprete, pero no le veo siendo ni un pistolero ni un chulo que busca compasión femenina...-le sonreía el sheriff. Pero en su interior, algo más pensaba. Y recordando que el pequeño estaba dentro, por su mente empezó a cavilar como solo él saber hacerlo...
(Jon sintió aquellas palabras como un halago, aunque no se las tomó como tal: sabía muy bien que ser diferente al grueso de la población masculina de Twin Falls no era precisamente bien acogido. Recordó el amenazante comentario de la señora Meier y se preguntó si había llegado algo a oídos del sheriff.) No, señor. Y-yo soy ... soy de Utah. Nací allí, p-pero me establecí en Twin Falls con mi familia hace m-más de diez años. (No era tan pequeño cuando llegaron como para no acordarse del traslado. De hecho, hacía más bien unos quince años de aquello. Era un vecino más. La mayor parte de su vida la había pasado allí.) M-me encargo d-del telégrafo, a veces del c-correo y, si puedo, a-ayudo al párroco c-con las obras de teatro en la Igl-glesia. (Él también se preguntaba qué hacía en Twin Falls, pero, ¿a qué otro sitio iba a ir? Jon observaba al sheriff con timidez, algo encogido.)
-Utah, ¿eh? Buen sitio. Estuve hace tiempo ahí...-mintió el sheriff. Pero no era del todo mentira. Utah no debería ser más diferente que el condado en el que estaban, asi que permitió hacer la simpatía. Si se ganaba al vecindario, ganaría enemigos. Y estaba deseoso de encontrarlos...-Y digame, señor Atwood. ¿Qué hace el pequeño Tom en su humilde establecimiento? ¿No debería estar con su madre?-no iba a preguntar si debería estar en la escuela. Como en cada poblado, el horario era diferente y aún no se había presentado por ahí, asi que habia decidido irse por la tangente.
Sí, es b-bonito, p-pero hace tiempo que no lo vis-sito. (El sheriff no estaba equivocado: los niños tenían unos días de vacaciones, aunque la señorita Liberty Williams les había mandado lecturas para que se entretuvieran. Aún no le había llevado los libros a Tom. Y estaba la pregunta que había temido Jon, pero no porque estuviera haciendo algo malo, sino por lo que significaba. Estaba harto de que en ese pueblo casi nadie pudiera ver más allá de sus defectos, si es que lo eran, e hicieran insinuaciones muy ofensivas. El otro sheriff no habría sido tan sutil y ya tendría una o dos marcas en la cara. Al menos Maxwell_Rogers era paciente.) T-Tom Dalton puede v-venir a mi establecimiento cuando quiera, s-señor. Le estoy e-enseñando a usar el t-telégrafo. Cuento c-con el beneplácito d-de su madre. (Añadió, antes de que volviera a ponerse "suspicaz".)
-Su madre... Minerva Dalton. Interesante.-ya eran 2 veces que al parecer todo giraba entorno a esa mujer. Mandaba en saloon, tenia chicas, amigos, una prima cercana y su hijo, a cargo del telegrafista. Decidido, atacó por ahí. Asi sabria por donde iban los tiros, y esperaba que solo fuera un decir:-Digame, Atwood, ¿qué sabe usted de Minerva Dalton? Cuenteme todo sobre ella.
(La pregunta le hizo enarcar las cejas en un gesto de suprema sorpresa. Jon parpadeó. No creería el sheriff que Minerva Dalton tenía algo que ver en el turbio asunto del robo, ¿verdad?) Bu-bueno, señor Rogers... Yo no frecuento a-a-a menudo el saloon, no soy d-dado a la bebida, n-naipes o... (Pensó en decir "bailarinas", pero se negaba a entregarse en bandeja. Si ese sheriff la tomaba con él por ser diferente, más le valía buscar pistas. Así, de paso,le ayudaría a saber qué estaba "tan mal" en él.)...o las co-cosas que allí se ofrecen. Las ve-veces que he ido, Minerva D-Dalton me ha trat-tado correctamente. Creo q-que sabe llevar el negocio, s-siempre hay alguein bebiendo o jugando allí. Y a-aparte de eso, t-todo lo que puedo añadir es q-q-que es una madre estupenda, formidable y p-p-preocupada. Si me lo p-p-permite, señor Rogers, q-quisiera destacar el hecho de que...(Cogió aire y lo soltó despacio. No le gustaba la manera en la que le había pedido información acerca de la madre de Tom. Minerva Dalton era una buena persona, una de las pocas que le trataban con dignidad y sin burla.)... no creo q-que se arriesgara a m-meterse en embrollos y atolladeros precisamente p-porque no hace más q-que pensar en su hijo. (Jon sonaba seguro al decir aquello y un leve gesto de su mentón reafirmaba sus palabras.)
clavo sus pupilas marrones en él. No se le escapó el detalle de que debía respirar, ni lo deprisa que hablaba, ni tampoco el hecho de que la defendiera tanto. En su rostro no había sonrisa alguna, solo la confirmación de que lo escuchaba y que su mente, empezaba a trazar la red de araña. "Y si esto es una telaraña... ¿quién soy yo? ¿Mosca o Araña?"se preguntó interiormente. Con paciencia y sin alterar el tono de voz, comunico al al telegrafista:-Traigame los documentos que le he pedido, señor Atwoods. Y señaleme si alguno es de la señora Dalton.-no era una pregunta. Era la voz autoritaria del sheriff quién habló seriamente al señor Jonathan_Atwood. Daba una orden.
(Jon se mordió el labio inferior. No quería desobedecer a la autoridad de Twin Falls encarnada por el sheriff Rogers porque ya sabía cómo se tomaban la justicia esa clase de personas. Frederick ya le había desviado la nariz en una pelea hacía unos días y se estaba medicando contra los temblores; no era sensato desafiar a Rogers y ganarse una tunda de palos.) Sí, señor. (Dijo con una pizca de rabia antes de abandonar elmostrador en busca del registro. No quería poner a Minerva en un aprieto, pero estaba seguro de que ella no tenía nada que ver con el asalto. Pondría la mano en el fuego por aquella mujer que quería tanto a su hijito. ¿Cómo se atrevía el sheriff a insinuar que...? A Jon le hervía la sangre. Sacó dos cajas, una con las notas de las personas que iban a poner los telégrafos y otras con las señales recibidas sin transcribir. Le ofreció ambas al sheriff y buscó delante de él las que podían ser de Minerva Dalton. Encontró unos pedidos para el saloon y un comunicado a su prima, la señorita Marion Sutter.)
El joven sheriff enarcó una ceja. Observaba con recelo los pedidos. Simples bebidas, algún que otro alimento y alguna que otra oferta para un puesto de camarera. Pero la que le interesaba, era la de señorita Sutter. Sin leerla, le preguntó al telegrafista:-Atwood, sea concreto y amable. Digame con exactitud el día en que fue envíado este telegrama a su prima Sutter. -en los ojos del sheriff solo se leía una cosa: determinación.
(Volvió a morderse el labio inferior por dentro. No era de naturaleza respondona, pero aquel sheriff podía sacar su lado más rebelde como siguiera con aquella actitud. Jon cogió el papel que le interesaba a Rogers, lo examinó y trató de recordar qué día tuvo que enviarlo.) La señorita Marion Sutter llegó a Twin Falls la s-semana p-pasada, si mal no recuerdo. Y éste f-fue uno de los últimos telegr-gramas que se envió a-antes del viaje. (Jon trató de hacer los cálculos. No podía garantizarle precisión porque no había fecha en el papel, pero tenía al menos tres semanas de antigüedad. Quizá un poco más. Lo que podía confiarle al sheriff era la localidad a la que la señorita Sutter había enviado una carta recientemente, así él mismo podría calcular la distancia y estimar los días de viaje. Le daría una cuenta parecida a la de Jon.)
"Exacto. Tal y como pensaba yo..." y era cierto. Para Max no hacía falta ni leer la carta, puesto que el mensaje podia ser variado a lo que esperaba, pero de un modo u otro, había dos cosas que no quedaba claro: La primera, que la señorita Marion Sutter no había dicho nada de un telegrama y podia ocultarle algo... o no sabía nada del telegrama y esto era, sin más, una coartada. Seguramente, al calcularlo daria exactamente con el día del atraco, tal y como esperaba. O alrededores. Pero no podía demostrar nada de nada hasta que no hablara personalmente con la señorita Minerva Dalton. Y la segunda cuestión: que si todo era cierto, algo andaba ocultando la dueña del saloon y si por el contrario era todo falso, algo o alguien estaba dando claras pruebas contra ella. El cerco empezaba a cerrarse:-Solo un par de preguntas más, Jonathan, y le aseguro que que le dejaré en paz. Dígame, ¿que sabe usted de los clientes del saloon? Ya sabe, los frecuentes. Creo que hay dos hermanos o se parecen mucho. ¿Quiénes son?
(En su humilde opinión, y si alguien le preguntaba, Jonathan no pensaba que un telegrama pudiera servirle de prueba. Si la señorita Marion no lo mencionó es porque, tal vez, no llegó a recibirlo. Cuando se emprendían viajes tan largos, era normal que el familiar, si disponía de dinero, prefiriera poner un cable que un correo, que tardaría semanas en cruzar los estados y más en verano a causa de la molesta pereza con la que el calor se burlaba de los empleados. Pero como nadie le había pedido su humidel opinión, Jonathan Atwood no la compartió con el sheriff. Dejó las notas de Minerva aparte, por si las quería ver de nuevo.) Ya-ya le digo, s-señor Rogers, q-que yo no soy... propenso a-a esos lugares. (Sabía a quiénes se referían. Los irlandeses. Jon meditó despacio. Si les daba sus señas y el sheriff iba a molestarlos y se chivaba de que había sido él quien había sugerido sus nombres, Seosamh probablemente se acercara a su establecimiento a dejar un telegrama en su cara. Pero si se hacía el tonto en lo que parecía, a todas luces, una pregunta trampa, sería el sheriff quien se pondría más inquisitivo con él.) No los c-conozco íntimamente, s-señor. Pero sup-pongo que se refiere a los irlandeses, ¿verdad? Set-tanta y S-S-S... Seosamh. (Los distinguía perfectamente. Seo era una mole.) Verá. Éste es un pueblo pequeño. (Se inclinó hacia el sheriff con aire temeroso, casi arrepentido.) Y t-todo se sabe. Yo no g-gozo de la mejor f-f-fama, señor. Si se enteran d-de que estoy hablando con usted... (Rogers podía imaginarse lo que le harían.)
Rogers dejó de apoyarse en el mostrador y se irguió, serio. Setanta y Seosamh. Al parecer, Atwood les tenia miedo. ¿Por qué? Y lo peor: andaban alrededor de Dalton. Eso y si le sumaba todas las cosas que andaba revuelto todo aquello, sonaba a algo raro de narices. Ni un indio sucio apestaba tanto:-Tranquilo, Jon, no sabrán nada. ¿Puedo llamarle Jon?-sonrió el sheriff. Debía ir acabando. Tenía que ir controlando la situación y Atwood no parecía estar disfrutando con esto. Si le presionaba más, no confiaría en él:-Bueno, Jon, creo que con esto ya tengo todo lo que querría. Me llevo las notas, por supuesto.-sonriente y simpatico, agarró los telegramas, empaquetandolos juntos y agarrandolos con una mano:-Gracias, hasta otra.-comunicó el joven, que dio media vuelta hasta la puerta. No obstante, una vez en la entrada, giró una vez más y pregunto:-A proposito... ¿trabajan o algo esos irlandeses? ¿De donde sacan para beber tanto?-era una pregunta trampa, sin duda alguna. Esperaba que Jonathan_Atwood supiera darle la respuesta correcta.
Sí, señor. (Podía llamarle Jon si quería, no se lo impediría a un agente de la ley. Jon había adoptado una actitud más bien sumisa de pura autoprotección. Si colaboraba con el sheriff y le daba la información que necesitaba, entonces cabía una pequeña posibilidad de que, en caso de que los irlandeses desidieran partirle la boca por hablar, le protegiera. No obstante, tampoco podían cabrearse demasiado. Cualquiera del pueblo conocía sus nombres.) De acuerdo, s-señor. D-devuélvalas, s-si es tan amable, c-c-cuando acab-be con ellas. (Sugirió en voz baja para no sonar por encima de él. No era una orden, sino una petición. Jon bajó la mirada cuando le volvió a preguntar por ellos.) Sí, s-señor. Hasta d-d-donde sé, son hon-honrados. Trabajan a una serrería y-y supongo q-que se le dan bien las c-cartas. Para los v-vicios mundanos n-no hace falta s-ser rico.
Max sonrió. Justo y como él quería. Sin dejar de sonreírle y con una mirada cargada de sospecha le comunico:-En una serrería, entiendo... ¿a las cartas? Vaya señor Atwood. Para no ir mucho por allí, sabe perfectamente quién son, donde trabajan y hasta sabe a qué juegan... o tiene una memoria prodigiosa, o sus nervios le traicionan. Buenos días, Jon.-proclamó, dando un ligero gesto con el sombrero y cerrando la puerta tras de sí.
(Tenía una buena memoria; no tanto como prodigiosa, pero era amplia y bastante fiable, al menos Jon la calificaría así, y sus nervios siempre le traicionaban, así que aquello no se trataba de una disyuntiva, sino de una copulativa. Jon asintió con la cabeza y despidió al sheriff sin replicarle. En cierto modo, tenía razón. Sabía mucho más de los hermanos irlandeses de lo que estaba dispuesto a contarle.) Te van a partir la cara. (Escuchó decir a Frederick a su lado.) Esos dos. Cuando sepan que los has metido en el saco... Con las malas pulgas que tienen los cabrones. (Fred dijo algo en gaélico, algo inventado. Jon le dirigió una mirada divertida y luego volvió a bajar la cabeza.) B-bueno, v-v-venga, tenemos trabajo q-que hacer.

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12 agosto - Tarde. Serrería

Mensaje  Absenta90 el Mar Ago 13, 2013 4:26 pm

No muy bien había acabado la conversación entre Jon y el sheriff cuando Tom se marchó de la oficina de Correos. Había cruzado un par de frases desganadas con el telegrafista, para despedirse. Fingiendo que no había escuchado nada. Pero sí lo había hecho. Y no iba a quedarse de brazos cruzados, así que echó a correr todo lo que le daban las piernas hacia la serrería, a buscar al mayor de los O'Shaughnessy. Cuando ya estaba cerca, le llamó a gritos:

- ¡¡Seo!! ¡Seo!

Pero a esas horas ya quedaba poco personal en el amplio edificio. Para suerte de Tom, Setanta era uno de ellos. Estaba terminando de atar un pedido: el que le haría falta para la reparación del tejado de la armería. Silbó para atraer la atención del chiquillo y le dirigió una de sus típicas sonrisas de duente, palillo en la comisura.

- ¿Dónde vas con tanta prisa, eh, bhuachaill? -. Terminó con lo suyo y esperó que el zagal se acercase.

El chiquillo se detuvo cuando escuchó el silbido y buscó con los ojos su procedencia, guiado por la voz del irlandés. Le daba igual Seo que Set, se lo contase al que se lo contase, se enterarían los dos, así que se acercó con paso vivo hacia él, respirando por la boca a grandes bocanadas para recuperar el aliento por la carrera. Tenía el rostro enrojecido por el esfuerzo y los mechones rubios se le pegaban a la frente por el sudor.

- ¡Setanta! Ese hombre... ese... Dijo cosas horribles de mamá. ¡Y es mentira!

Set frunció el ceño, sin entender muy bien la perorata del crío. Por eso mismo no le gustaba estar alrededor de ningún niño: eran molestos, se explicaban fatal y ruidosos. Al menos Tom tenía ya cierta edad, que le permitía camuflarse en el mundo de adultos aún como infante, pero comprendiendo más que uno de ellos.

- Espera un momento, Tom.

Sabía que aún quedaban un par rezagados, por lo que agarró del hombro al chiquillo y lo condujo al exterior, de camino a las barracas dónde se alojaban los empleados.

- Quién ha dicho cosas horribles de Minerva, y qué fue, en concreto. -. Deberían de ser preguntas, pero no las entonaba como tales.

Tom suspiró, tomándose un momento para poner en orden sus ideas.

- Pues verás -. Le tuteaba, sí, porque era de los pocos adultos con los que tenía ese nivel de confianza.-, esta tarde he ido a la oficina de correos a ver al Sr. Atwood. Mamá me deja. - Apuntilló-. Me está enseñando a usar el telégrafo, pero hoy no había línea, así que no he podido ver cómo enviaba el mensaje al fuerte. El caso es que ha llegado el nuevo sheriff y se ha puesto a hacer preguntas al Sr. Atwood sobre las cartas que manda mamá y sobre lo que hace. Como si fuese una mala persona. El Sr. Atwood la defendió y él se puso tenso. -. Observó la reacción de Setanta.

El irlandés no tenía el miramiento de otros adultos, que se agachaban o se ponían al mismo nivel que un niño si éste les estaba hablando. Escupió el masticado mondadientes y escuchó a Tom con los ojos entrecerrados.

- ¿Sospecha de Minerva? Menudo soplapollas.

Fue su único comentario. Pero por dentro de aquella cabecita el asunto era bien distinto. Aquella información circulaba por su cerebro, analizándola en toda su magnitud y extensión. "¿Han cortado la línea del telégrafo? Interesante..."

- ¿Y por qué buscabas a Seo?

- Porque pega más fuerte que tú.

Así, llanamente. En su mente infantil buscaba quién pusiese en su sitio a ese tipo que había hablado mal de su madre, porque él no podía. Estaba acostumbrado a ver peleas. Su madre no las permitía en el Saloon, pero en la calle, en la misma puerta, no eran precisamente poco habituales cuando se pasaban las copas o las
apuestas.

- También le preguntó por vosotros. Fue muy maleducado con el Sr. Atwood. ¡Hasta se atrevió a llamarlo Jon!

Los ojos grises de Setanta mostraron un momento sorpresa por tan llana y bien acertada afirmación, de la cual comenzó a reírse, pues el chiquillo solo decía la verdad. Él jamás se metía en una pelea. Las evitaba como la misma peste.

- Vaya tela con el crío de los cojones... -. Murmuró, el palillo nuevo temblando por el suave movimiento de sus labios.- Seo tiene que estar en la barraca, pero yo se lo diré, Tom. Seguro que pone en su sitio al sheriff.

No iba a decirle al muchacho que aquello no sucedería. Estando como estaban las cosas, lo que menos le convenía a Seosamh era dar la nota peleándose en público, y nada menos que con el brazo de la ley de Twin Falls.

- ¿Algo más? -. Seguro que el niño había escuchado la conversación de aquellos dos hasta el final.

Tom negó con la cabeza.

- No. Sólo eso. Preguntó por mamá y por vosotros. Y presionó al Sr. Atwood, pero él no os conoce, así que se centró más en ella. No me gusta ese hombre. No quiero que viva en el Saloon, cerca de mamá. -. Sentenció, como si de verdad fuese el cabeza de familia y tuviese la potestad de echarle. Tal vez en unos años podría hacerlo, pero en ese momento no. Era sólo un crío.

Setanta sacó de quién sabe dónde el gesto afable de revolverle el pelo al chiquillo, como para que no pensase en esas cosas, para parecer simpático... Vete tú a saber porqué, en realidad. Era algo que hacía por segunda o tercera vez en la vida.

- No te preocupes, bhuachaill, ahora que ya sabemos todos quién es, seguro que se queda en la piso superior del ayuntamiento. -. Paseó la mirada por los alrededores, como tenía costumbre de hacer. Así vigilaba su entorno. Seguramente era algo que le venía de haber sido soldado.- Tom, si escuchas a alguien decir algo de tu madre otra vez, ven a decírmelo, ¿de acuerdo? En realidad... Cualquier cosa que te parezca malintencionada o sospechosa, de quien sea. -. Le tendió la mano, como si fuese ya un hombre, para estrechar la de él.

Los ojos claros del chiquillo miraron esa mano con solemnidad un instante, enfocando hacia arriba, a los ojos de Setanta, mientras la estrechaba. Se sentía como un adulto cerrando un trato importante. Para él lo era. Por supuesto que se lo diría. Ellos protegerían a su madre de ese hombre, ¿verdad?

El irlandés siempre había mirado primero por el pellejo de los suyos, de él ante todo. Así que... Estaba pensando más bien en el hecho de que el sheriff quisiese hablar con él y con su hermano. ¿Por qué? Tenían una coartada para aquel día, el del robo. Los hermanos Hans Zelman poseían la meticulosidad europea de controlar las horas de trabajo de cada persona, y en sus fichas de empleado estaba bien estipulada la hora de entrada y salida de ambos O'Shaughnessy. Estrechó la manita de Tom con firmeza, su fría mirada denotando la seriedad del asunto.

- No le va a pasar nada a tu madre, Thomas. Quien sea tiene que pasar por encima de mi hermano y de mi. Y ya sabes lo enorme que es Seo, ¿no? Pues ya está.

La sonrisa del niño alcanzó sus ojos. Con los hermanos O’Shaughnessy allí, no había nada que temer. Sin poder -ni querer- evitarlo, se abrazó un momento a las caderas de Setanta. Le soltó en seguida, pues quería mantener la pose ésa de adulto capaz de sobreponerse a la situación. Al menos no era un niño llorón que corría a esconderse tras las faldas de su madre.

Setanta no pudo evitar envararse cuando sintió el abrazo del chiquillo. "¡Me cago en...!" Pero se controló para no hacer ningún gesto que lo ofendiese o le hiciese algún tipo de mal. No. Aquel duendecillo rubio iba a ser un buen informador, pues siempre estaba metido en todos los lugares del pueblo, y prácticamente nadie se cortaba delante de un crío a la hora de hablar. Le dio unos torpes golpecitos en el hombro y carraspeó.

- Ale, ale. Vete a ju... A cumplir con tu trabajo, como un hombre.

Pero no, no se fue como un hombre. Un hombre se habría ido con paso tranquilo y seguro, disfrutando del paisaje o de sus propios pensamientos. Tom no. Tom no era todavía un hombre y se fue como alguien que no es todavía un hombre: corriendo y brincando, ya sin preocupaciones, dispuesto a pasar la tarde jugando en la plaza.
El irlandés negó con la cabeza mientras observaba al muchacho alejarse. Cuando dobló el recodo del arenoso camino, Setanta se dio la vuelta y dirigió sus pasos a la que era la morada de ambos hermanos. Tenía que poner a Seosamh al día. "Si no nos joden con Sidney, caemos uno de los dos al saco. Empiezo a pensar que el capitán y el sheriff no tienen más que serrín en la cabeza."
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14 Agosto - tarde - .

Mensaje  Ignea el Jue Ago 15, 2013 1:09 am


El valle se estrechaba anunciando un recodo, donde va a desembocar en otro valle. En el vértice de este recodo, del otro lado de las aguas y vigilando ambos valles, aparece agarrado a una pequeña cuesta Twin Falls, un pueblo alerta. Los pueblos de esta tierra - salvo curiosos casos - son súbitas apariciones que aguardan al viandante puestos en sus barrancas o celados tras una ladera . No se ve hasta que se está muy próximo. De igual modo aparecía la armería, precediendo el codo de aquella calle, al otro lado de esta, se podía intuir , con mucha imaginación y poca certeza , el guarecido bastión que suponía el banco, a todas luces, estratégicamente situado para la tranquilidad de la ciudadanía en general. Evelyn se había arreglado, con esmero, para la visita que, más pronto que tarde, le era necesaria hacer. Ladeó el sombrero , sin coqueteos, discretamente, con sus manos enguantadas y una sonrisa apagada pero afable. No tardó mucho en recorrer esa porción de ciudad, entre saludos, preguntas y alguna que otra corta conversación. Al poco, traspasaba la puerta del banco. - Buenas tardes. - cerró la puerta tras de sí, para que el calor que la acompañaba, quedara fuera.

(Dejó la pluma en el tintero para contemplar fija y silenciosamente las figuras de sus hijos. Carlo era la viva imagen de su fallecida esposa, por la que aún guardaba luto : Tenía la nariz respingona, los ojos grisáceos, mentón afilado y unos hermosos hoyuelos que se acentuaban en sus pómulos con cada sonrisa... Incluso había heredado su personalidad prudente y analítica. Por contra, su hija María era la antítesis de la feminidad y la delicadeza, amante de la aventura e inquieta por naturaleza, con un mentón cuadrado y unos brazos y piernas más definidos que su hermano. Desde los recientes acontecimientos en Twin Falls trataba de separarse de sus hijos lo mínimo posible Por lo que los estudios los realizaban en su presencia. Abandonó el ensimismamiento cuando los nudillos de uno de sus empleados golpearon en una secuencia rítmica y breve la puerta de su amplio despacho.) Toc toc. (Los críos aprovecharon la excusa para abandonar sus quehaceres) Adelante. (La puerta se abrió, un hombre alto y espigado que debía rozar la treintena y lucía unas elegantes y pequeñas gafas de lectura carraspeó antes de pronunciarse) Se-se-señor Mo-nnntanari, la ssseñorita Meier so-so-solicita un crédito. (El director se incorporó con lentitud del sillón y reprendió con la mirada a su hija, que no fue capaz de contener una carcajada por el tartamudeo del empleado.) Ahora mismo la atiendo, vuelva a su puesto señor Dwayne. (El empleado se alejó con la misma presteza que había aparecido, y se apreciaba el rubor en sus mejillas de aquél que siempre se había visto acomplejado por su defecto en el habla.) Jenkins os acompañará a casa, portaros bien ¿De acuerdo? (Nada más pronunciar su nombre, Jenkins apareció por la puerta. Robusto y fortachón, de semblante noble y apariencia austera. Se encargaba de la protección y salvaguarda de sus dos infantes. Antes de que pudieran decir esta boca es mía los niños fueron amablemente invitados a abandonar la estancia y acompañarle de vuelta a su dulce hogar. Montanari se abrochó el chaleco y salió al pasillo, para buscar con la mirada a la demandante e indicarle con una sonrisa afable y mil veces ensayada que entrara.)

Había paseado las largas faldas de un lado a otro del banco, no había demasiada gente , cosa que acomodaba el temperamento nervioso de Evelyn y facilitaba el movimiento de sus ropas , había prestado atención a las rejas , al suelo, a las ventanas y se imaginó el caos , el miedo que se tuvo que sentir al otro lado de la boca de una pistola. Ensimismada en aquellos pensamientos la encontró el regreso. casi olvidado, de Dwayne, parecía 6ser ese tipo de hombres abocados a permanecer inmersos entre las sombras del anonimato, Meier no tuvo consideración con su apariencia, con su aspecto o sus maneras, ocupada en ordenar las suyas y predecir las que encontraría al otro lado de la puerta. Aquel era un pueblo pequeño, donde todas las caras eran conocidas, pero el porque eran conocidas era , tal vez, lo más importante. El señor Montanari había pasado a ser el centro 6 de conversación de muchas tertulias, donde se juntaban las señoras del pueblo, ante bordados o postales, ante agrados o desdenes, no importaba, porque el señor Montanari había aparecido en ellas por dos veces, la primera, dolorosamente compartiendo la noticia de la muerte de su esposa, señora, de buen hacer, que entre las mujeres - y más una vez fallecida- tomaba de todas, palabras agradables, sentimientos de luto y lamento. La segunda vez fue tras el robo, aquello había golpeado abruptamente el sentimiento de todos y cada uno de los ciudadanos, de muchos modos. - Buenas tardes señor ... Montanari. - No se quitó el guante de raso, como era protocolario, cuando le tendió la mano para estrechar la del banquero. - Espero no importunarle demasiado . - un poco de agradable tacto que precedía a una petición.

(Hacía gala de un porte elegante, aunque para nada regio. Su rostro iba a juego con su indumentaria : Botines y pantalón negro, camisa negra de puño italiano ceñida bajo un chaleco también negro que aportaba el único toque de color con unos ribetes plateados y la correa dorada de su reloj asomando por el bolsillo. Austeridad y severidad impresa en cada porción de su piel endurecida y marcada por unas severas arrugas de expresión.Esperó a que la fémina entrara en su despacho y cerró la puerta tras de sí. La decoración no era nada ostentosa, un par de archivadores, algunos cuadros cuya autoría estaba firmada por su difunta esposa y que eran meramente paisajísticos de su Sicilia natal. Un gran reloj cuyo tic tac contribuía místicamente a los momentos de abstracción del director.Y un rifle winchester colgado justo detrás de la joya corona de aquél lugar, un escritorio de la mejor madera de pino con una representación de su antiguo y añorado hogar en Palermo, toda ella en mármol de la mejor calidad. Extendió la mano derecha para tomar únicamente la punta de los dedos de la señorita Evelyn,y estableció un contacto efímero, agitando con suma delicadeza su mano. Curvó los labios en lo que pretendía ser una sonrisa pero moría en un fútil intento, y retiró el asiento frente a su escritorio, para una vez haberla acomodado, situarse frente a ella, en su butaca.) No importuna lo mas mínimo, señora Meier. Cuénteme qué necesita.

La escrupulosa mirada de Meier se deslizó sobre cada uno de los detalles del despacho de un modo laxo, sin atreverse a mostrar interés por ninguno y agradeciendo , al mismo tiempo, la presencia de todos. Recuperó su mano, agradecida por aquél efímero contacto. Mas el winchester centró su interés, ese interés de orgullo profesional y a pesar de los intentos , estos se mostraron exiguos , tasó la pieza y hasta sacó pequeños e inapreciables defectos, nada que pudiera impedir su utilización, por supuesto, de otro modo hubiera mencionado estos a bien de evitar alguna fatalidad. Carraspeó llevando ante los labios el puño cerrado en el interior de su guante de raso. - Disculpe, es el polvo ... a bien estaría que pronto lloviera. - Y tras este breve prefacio donde trataba de sociabilidad, con severa insuficiente, tajante y eficiente, cayó sobre el tema que le había llevado hasta aquel lugar, sentada ante aquella preciosa mesa. - Necesito un crédito, no es demasiada cantidad, pero he de dispensar un estipendio por la reparación del tejado ... - se preguntó aquella absurda necesidad de confesar el porqué de la utilización de aquel dinero que estaba solicitando, pero aquel pensamiento se debatió en su mente tras haber expuesto sus palabras, tarde pues. - Cincuenta dólares, señor Montanari... necesito esa cuantía ... ¿Sería posible solicitarla? 6- apoyó ambas manos sobre el regazo de aquella falda negra, cuya amplitud abarcaba casi por completo el asiento donde se acomodaba. Había dejado el luto tras el incidente a las puerta de la iglesia, demasiado calor como para no tomarse la libertad de emplear el claro en aquella camisa, de un modo muy temporal. Esperó impaciente la respuesta , acariciando 6con la yema de los dedos el camafeo que asía y cerraba el escote de su camisa, haciéndolo desaparecer la obertura.

(Mantuvo la discreción y el decoro en todo momento, sólo apartó la mirada del rostro de su interlocutora cuando esta se quedó absorta con su rifle winchester, fue entonces cuando se fijó en los detalles. Era un hombre de detalles, con una memoria de una precisión prodigiosa, una vez una imagen se le clavaba en la retina era capaz de recordar hasta el más ínfimo de los detalles, si era algo que suscitaba su interés. Escuchó su petición y se reclinó hacia atrás en el asiento. No llevaba sombrero, y se podía apreciar cómo las canas se abrían paso en su negra y corta cabellera. Con la mano derecha se mesó, pensativo, la perfectamente recortada barba. ) Verá, señora Meier... Como bien sabe hemos sido víctimas de un asalto que ha repercutido severamente en la capacidad del banco federal, por lo que temporalmente se ha suspendido la concesión de créditos. (Realiza una pausa antes de incorporarse y acercarse a una sólida caja fuerte, que nada tiene que ver con la sala acorazada que corresponde al banco en sí.) Pero podemos hacer algo. Yo le presto ese dinero de mi erario personal y usted devolverá ese préstamo en forma de una lupara, será un buen objeto familiar que me recordará a mí y a mis hijos de dónde provenimos. ¿Qué me dice?

Mientras el señor Montanari se relajaba apoyando la espalda contra el respaldo, ella, en consecuencia, más lo tensaba , notaba la rigidez impuesta por las prendas y por la presunción de que aquella petición moriría en medio de aquella habitación. No era mujer que acostumbrara a recibir rechazos, sean de la índole que fueran, por lo que un movimiento inquieto en el asiento la delató, paciente, porque orden y paciencia, Meier, siempre dispensaba desde aquella fortaleza que era, desde hace tiempo , su mente. Mas aquel bastión , fortificado contra el mundo se estremeció súbitamente, una proposición a parte de la meramente formal del banco era una puerta inquietante a un negocio que, desde la comodidad de su hogar, no había imaginado, y por lo tanto, previsto. Separó los labios y quedó callada durante un largo instante, sus ojos cayeron de nuevo sobre el arma. Tenía la impresión que su necesidad apremiante le instaba a aceptar y aquella misma inquietud le hacía detenerse en cada codo de aquel ofrecimiento. - Una lupara, una ... - mantuvo la mirada agachada, dejando que el señor Montanari deambulara por el despacho sin necesidad de estar siguiéndolo , puesta sobre los guantes que reposaban, sobre sus manos, en su regazo . - escopeta ... - elevó el rostro y buscó su mirada, desde su  posición. - Puedo solicitar una, una que usted mismo elija, pero eso tendría el impedimento del trayecto y reconozcamos , con sinceridad, que no estamos pasando el mejor momento. Por otro lado poseo una ... no es un modelo nuevo, más le invito a mi tienda a poder verlo, aunque ... - había una objeción, una justa objeción. - Esta no vale cincuenta dólares y si por ella puja, le pediré un precio justo. - aderezó su razonamiento con una afable sonrisa .

(Primera sonrisa sincera en lo que iba de tarde, realza los pómulos y se marcan aún más las arrujas de expresión del italiano. Le gusta la mente sagaz de la mujer, y lejos de amilanarse con el nuevo curso de la conversación la estaba encarando con habilidad.) Mujer con carácter. ¿Seguro que no es italiana? (Pregunta mientras se sitúa de cuclillas , dándole la espalda a la señorita Meier para que no vea cómo abre la caja fuerte. No era una caja fuerte convencional, no se abría por código numérico como las más modernas de la época, ni tampoco por llave. El encaje correspondía con su antiguo y algo descolorido reloj de bolsillo, una reliquia familiar que engarzó con el hueco de la caja para abrirla. De ahí extrajo una cantidad determinada de dinero antes de cerrarla y volver a su butaca frente a su interlocutora.) En una puja hay varios posibles compradores, aquí hablamos de una compra directa para saldar la deuda acaecida por el préstamo que tengo a bien concederle. Dígame un precio exacto por esa lupara.

Le concedió la intimidad suficiente, apaciguando su curiosidad, desviando la mirada hacia los cuadros que pendían en las paredes , aportando su porción de ensoñación. Realmente la señora Montanari poseía cierto don para la pintura, aquella era una visión agradable. - Jajajajaja no, no, lo que confunde con carácter no es otra cosa que sinceridad, una sinceridad que todos hemos de poseer si estamos a la cabeza de un negocio. No me haría ningún bien engañándole. Mañana ... no acudiría a mí si desea una nueva adquisición, una reparación, o simplemente balas ... - Cuando se giró se sorprendió de encontrar ya de vuelta su presencia. Se atrapó en una estimación aproximada del precio de aquel arma cuando así lo requirió, aspiró el aire por la boca y su pecho se meció , cuando el aire escapaba de nuevo, ya había tomado una determinación. - Veinte dólares , no aceptaré más por ella. - deslizó las manos sobre las largas faldas negras, como si con ello estuviera retirando su predisposición a negociar aquel precio, fue tajante y se intuía con facilidad que no era una mujer que se dejara convencer una vez se había decidido.

(La escuchó atentamente, reclinado y con las manos apoyadas en su vientre. Los dedos entrelazados tamborileaban en el dorso de la mano opuesta. Al finalizar Evelyn, Vinicio prolongó el silencio un par de minutos antes de girar un marco que había sobre su escritorio y que contenía una fotografía donde se le podía contemplar a él, más joven y con una sonrisa sincera y ya extinta, al lado de un hombre de facciones símiles y porte claramente marcial, con lo que se intuye como un campo de naranjos como telón de fondo) Este era mi padre. Un gran hombre de negocios. ¿Sabe cuál es el requisito más indispensable para amasar fortuna? Ser un gran hijo de la gran puta. Él lo era, he de decir. (Años sin su esposa y carente totalmente de amistades que no tuvieran a bien acercarse a él con fines meramente lucrativos, hicieron que divagara por un instante e hiciera aquél comentario que, aparentemente, no venía a cuento.) Le daré cincuenta dólares. Algún día necesitaré un favor, y entonces saldará el resto de la deuda... (Al cabo de unos segundos, añadió) No tema, no le pediré que atraque un banco federal.

Evelyn se inclinó sobre aquella imagen, el atrevimiento empatizando con la curiosidad, obró el movimiento donde sus dedos alcanzaron el marco y llevó para sí el estudio de aquella imagen, observó la luz que a pesar de ser una imagen en blanco y negro, había podido distinguir. Encontró parecidos entre aquellas figuras, no entre la de la imagen, si no entre la del joven señor Montanari y el actual. Con sumo cuidado depositó la fotografía sobre la mesa, deslizándola con la yema de los dedos, hasta su lugar de origen. Alejándola de ella de un modo instintivo y al mismo tiempo pensativo. No estaba acostumbrada a aquella rudeza a la hora de hablar, no era mujer que frecuentara el salón, donde aquel vocabulario era más común. Lentamente se puso en pie, le costó el movimiento por la reticencia de aquella amplia falda a seguirla y a pesar de conseguirlo, no escatimó en esfuerzo para ordenar sus pliegues, cuando creyó que estos estaban adecentados, alzó la mirada hacia Vinicio. - Los favores son pagos que una dama como yo no puede ofrecer. Por lo que me temo que no estando de acuerdo ... alargar esta conversación será improductivo y además podría rozar un atrevimiento inadecuado. - se le habían encendido las mejillas, por ira, por enfado o simplemente por sentirse abrumada, posiblemente era una mezcla de todo aquello, dentro de una marejada de desconcierto. - Si desea la escopeta, acérquese a la armería , conoce de su precio y si acepta , me aseguraré de que esta esté en buen funcionamiento y con buenos cuidados. - alzó las manos enguantadas y deshizo el nudo de las cintas de raso negro que pendían de su sombrero , tan sólo para volverlas a hacer con sumo cuidado.

Señora Meier, creo que está demasiado acostumbrada a los americanos y poco a los europeos... Jamás vulneraría la dignidad de mujer alguna y si por un instante ha supuesto que me refería a favores de índole poco decorosa, está tan equivocada como Anaximandro cuando afirmó que la tierra era plana. (Para restarle incomodidad a la situación, apoyó un dedo en una de sus manos y se inclinó hacia delante.)Se trata de mis hijos. Siempre he creído que la figura materna es infinitamente más importante que la paterna en la crianza de los mismos, su madre falleció cuando ellos aún no tenían uso de razón, y tal vez yo haya conseguido tener un efecto placebo en ellos con el que he conseguido que obvien la necesidad de una madre. No me malinterprete, no sugiero que ejerza de tal.Sólo le pido que, a modo de pago y favor, pase esporádicamente tiempo con ellos a fin de que tengan un modelo femenino del que extraer algo positivo... Mi hija más bien parece un caballo salvaje que una señorita, por Dios. (La mano izquierda, que había permanecido oculta bajo el escritorio, reapareció en escena con un fajo de billetes en ella.La diestra contó hasta corroborar que tenía cincuenta dólares y los extendió sobre la superficie, luego tomó con cuidado la muñeca de la armera y posó la mano a modo de pisapapeles sobre el dinero. ) ¿Le parece?

Los ojos de Evelyn mostraron fiereza, había superado el enfado con creces. - No me insulte con este pago. - retiró la mano como si Vinicio hubiera extendido sobre la mesa una cantidad ingente de ácido. Se frotó la muñeca indignada, porque no era dolorida y acabó por dejarla caer sobre el regazo, entrelazando los dedos adoptando una postura señorial. - Sus hijos están invitados a venir a mi hogar - aquella mano se alzó para reposar sobre el pecho, enfatizando con cortesía la dulce entonación de sus palabras, ninguna más alta que otra, lentas y pausadas . - Por lo que puedo ver, es cierto que necesitan de una figura materna o - " o tal vez , incluso de una paterna " pero aquello quedó contenido en sus mas terribles pensamientos y no escapó por sus labios. - de dos , debido a lo que puedo intuir - no por la niña, si no por el padre.- Y ahora me temo que tendrá que disculparme , intuyo que tiene muchas que hacer , tantas ... como posiblemente tenga yo. - La cinta de raso se ajustaba tanto a su mentón que pensó que esta amenazaba con la asfixia. Se giró buscando el camino hacia la salida, no necesitaba de ayuda para ello, mas ante la puerta se detuvo empujada por aquella caridad cristiana, o por la imagen que podía presentir si en lugar de su bien amado Arthur, hubiera perecido ella, quedando la pequeña Sophía al amparo de las rudas formas de su padre . No se giró cuando habló. - Haga traerme a los dos pequeños... mañana por la tarde, haré pastel de manzana para el descanso del estudio. -Se giró hacia él . - Que traigan sus libros.

(En una época donde no había nada que regulara la jornada laboral, en un puesto de tanta importancia y tan bien remunerado como el suyo sólo había algo que decidía cuánto tiempo invertías : La ética, la disciplina y el afán por las cosas bien hechas. Les había dedicado todo el tiempo libre del que disponía hasta el punto de que, desde el fallecimiento de su esposa no había tenido oportunidad de dejar atrás el luto.Aún así él había perdido, si es que la tuvo alguna vez, la capacidad de ser afectuoso. Y veía cómo su hijo se estaba forjando una personalidad fría y distante, y su querida María cultivaba cada vez más las críticas mordaces y la burla hiriente al prójimo. No sabía, ni tenía opción de encauzarles y estaban encaminándose a la autoexclusión social.El director se incorporó acortando las distancias rápidamente para colocar el dinero en su mano y cerrarle el puño en torno a él.) Pasaré a recoger la lupara.

Evelyn mantuvo la mirada , aquel frio azul que a veces se mostraba de un gris invernal, su temperamento tampoco trató de suavizarlo , era parte de sí misma. Sintió el dinero en su mano , lamentó el trato de Vinicio_Montanari, apretó los labios y abrió la mano, contó con avidez matemática hasta veinte dólares y el resto, los treinta los impuso de vuelta sobre la palma de la mano de su dueño. - Pase cuando quiera . - inclinó la cabeza a modo de despedida, marchó, dejando la puerta abierta y a Vinicio_Montanari, en el interior de aquel despacho, sentía las mejillas encendidas y sabía que el calor de la tarde no aplacaría aquel sentir. Un paseo a caballo, se planteó un paseo a caballo junto a Sophia, mientras caminaba por el entarimado de madera que hacía de acera a ambos lados de la calle .

(Aceptó el dinero con una sonrisa soslayada, no esperaba menos de aquella mujer que tanto símil tenía con las féminas sicilianas, ese carácter explosivo e incontrolable que estaba seguro, la llevaba a hacer y decir cosas de las que posteriormente podría llegar a arrepentirse. Aunque también estaba seguro de que, de ser así, el orgullo la impediría disculparse.Cerró la puerta del despacho y emprendió de nuevo el ritual de abrir su caja fuerte para dejar los treinta dólares dentro de la misma. Mandó llamar a su empleado tartamudo, el bueno de Dwayne) Póngase en contacto con Hans Zelman & Bro y dígales que reparen inmediatamente el tejado de la señorita Evelyn Meier, que la factura me la hagan llegar a mí. (Tras un escueto "Sí, señor", Dwayne cumplió con diligencia su labor.)






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13 agosto - Noche. Saloon

Mensaje  Absenta90 el Jue Ago 15, 2013 1:22 pm

Se me fue la olla el otro día y reservé post dónde no era.
En cuanto pueda, edito y lo posteo.
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15 Agosto - mediodía -

Mensaje  Ignea el Jue Ago 15, 2013 3:25 pm



Se había puesto manos a la obra el lunes, preparando el lugar para la inminente obra, y hace dos días trajo el material que necesitaba para empezar, por lo que no era de extrañar ver al menor de los irlandeses encaramado al tejado de la armería, quitando tejas podridas y en mal estado con la parte trasera de un martillo. Como le había prometido a la señora Meier, aprovechaba sus descansos a la hora de comer y tras terminar la jornada laboral en la serrería para reparar el techo. Debido al calor de la tarde, era normal que el susodicho hubiese prescindido de toda prenda superior. El sudor le resbalaba por la frente, que tenía que enjugar de vez en cuando con el acostumbrado y viejo pañuelo de tela escocesa que solía llevar al cuello o en un bolsillo del pantalón. "A ver, irlandés estúpido, recuérdame otra vez porqué coño estamos deslomándonos por un poco de tabaco" Mandó su cerebro a paseo entonando el acostumbrado himno feniano:  Sinne Fianna Fáil, a tá fé gheall ag Éirinn, buion dár slua, thar toinn do ráinig chugainn, fé mhóid bheith sao... Sean tír ár sinsir feasta... -. No tenía mala voz, pero la música no era lo suyo. Era el único de la familia sin oído para la misma.

En el piso de abajo, Evelyn apoyaba un codo sobre la mesa, sosteniendo la cabeza contra las yemas de la mano, al tiempo que el lapicero se mecía sobre el dedo anular, entregó algunos golpecitos contra los papeles, donde una larga lista de sumas y restas se habían dispersado en lo que parecía, a primera vista, un caos incomprensible. Un cascote cayó ante la puerta de la tienda, un jinete lo esquivó con enfado, alzando la mirada y buscando el culpable, encontró el trasero de Setanta, demasiado reconocible como para no sopesar con quien se jugaría los cuartos. Evelyn se acarició la sien " Encima se pone a cantar" , se dijo sin conseguir apaciguarse. En dos pasos llegó a la puerta , disculpándose ante el jinete ,el cual entornó los ojos pero alzó la mano apoyando el saludo sobre su sombrero. Por el contrario Sophia parecía de los más animada con aquella melodía, se mecía de un lado a otro tratando de seguirla, aunque hubiera seguido toda oportunidad de juego, aquella se le antojaba de lo más interesante. Mecía las faldas sostenidas por ambas manos al compas del movimiento de las cintas de sus trenzas rubias. - Sophia ... - trató de ser muy dulce, eso, de hecho , inquietaba a Sophia. - Debieras sacar tus libros, es posible que los hijos del señor Montanari venga a estudiar.- Se separó de bajo el quicio de la puerta, con los brazos cruzados y aún así dio algunos pasos hasta que los acomodó sobre el mostraron, a ambos lados de aquella bandeja, la cual, casi había dado por olvidada. En ella había un vaso y una jarra con limonada, Sophia se había tomado ya dos largos vasos, y pensó que era mejor llevárselo a Setanta antes de que ambas, acabaran con ella . - Siéntate ... no tardaré mucho.6 -Ordenó, encaramándose a la escaleras por las que llegar al piso donde Setanta trabajaba.

Setanta había pasado de cantar en voz alta a silbar. Así no desentonaba tanto. Ni siquiera se había dado cuenta del pequeño "accidente", de lo ensimismado que estaba sacando clavos. Y fue a través de los huecos que iba dejando entre las vigas que vio la figura de Evelyn en el desván. El irlandés frunció el ceño, enfadado. ¿Qué le había dicho el día que accedió a hacer aquel trabajo de negros? -3 Qué coño hace. -. Espetó, escupiendo uno de sus acostumbrados palillos hacia el vacío. Casi al instante fue a sacar otro del bolsillo delantero de la camisa, pero... No la tenía puesta.- Ag... Fuck go léir.

La bandeja y la mujer se hicieron a un lado, cuando parte de aquella madera podrida se quejó y dejó caer unas cuantas astillas, justo sobre la parte delantera de su faldón oscuro. Omitió sus palabras, sin demasiada consternación, ocupada en encontrar un lugar donde depositar la bandeja con el refresco. - Baje, tómese un respiro . - Tenía que hablar con él, y no había mejor modo que invitándole a un merecido descanso. Elevando la vista hacia el cielo, podía contemplarlo en el espacio que el trabajo de Setanta había creado, observó el sol de justicia y por un efímero instante sintió cierto regodeo esclavista ante el trabajo al que sometía al hombre. -Quiero hablar con usted - deslizó las manos sobre la falda, a la altura de su vientre - Es sobre dinero - incentivó al trabajador a tomarse aquel descanso.

"Dinero", la palabra mágica de Setanta, con la cual podía uno ganarse toda su atención hasta en mitad de un tiroteo. Soltó el martillo y se pasó la mano por la cabeza, eliminando de camino el exceso de sudor en la frente y despeinándose el pelo oscuro. Suspiró y se incorporó mientras se limpiaba las extremidades en los pantalones. No se hizo el machito descolgándose de una viga - en el estado en 6el que estaban, seguramente acabaría derrumbando el techo sobre ellos dos - si no que caminó con cuidado hasta la escalera de mano que había utilizado para encaramarse allí y descendió los escalones con cuidado. Una vez estuvo en el suelo "seguro" del desván, se dió un golpecito en el ala del sombrero - que se había recolocado sobre la cabeza tras aquel gesto - y contempló con aquellos ojos

Podía entender que la idea "descanso" y "limonada" a ojos de Setanta no fueran sinónimos, posiblemente tendría una idea muy diferente, sobre la cual, Evelyn no pretendía indagar. Mientras tomaba la jarra y llenaba el vaso comenzó a hablar - He estado pensando, he calculado que un importe de ... - elevó la mirada de sobre la limonada para estudiar su reacción - cuarenta dólares. - Se incorporó y dió los dos pasos que los separaban, para tenderle el refresco. - podría ser un pago adecuado. - Evitó mostrarse demasiado orgullosa, y esconder que para ello había tenido que ir al banco para pedir un crédito, claro está que lo pedía porque estaba segura de poder pagarlo, si, eso se dijo y se convenció. - El tabaco y los cuarenta dólares . - Sonrió, esperando que tomara el vaso de sus manos , para que estas, entrelazadas, cayeran sobre su regazo.

Setanta entrecerró los ojos mientras aceptaba el vaso de limonada, el cual ni siquiera probó. Condenada viuda... Sí que sabía regatear. "Já... Ya me gustaría verla en la feria de Trim, intentando conseguir un buen caballo." -3 Cuarenta y cinco dólares, la totalidad del tabaco y el arreglo de la Winchester. 6-. Rompió el contacto visual para levantar la cabeza y contemplar con ojo crítico el 6tejado.-3 Ya le dije que iba a tener que sustituír las vigas. 6-. Lo que le supondría más trabajo del que podía abarcar. Ya convencería a Seosamh de que le ayudase. Cuando su testa regresó a la posición actual, el irlandés tenía cara de cabreo. ¿Por qué? -3 Y no vuelva a subir aquí, ¿me oye? 6-. ¡Ah, eso! Sí, le había dejado bastante claro a la señora Meier que desalojasen el piso inferior -6a vivienda - mientras él estuviese trabajando. Eso incluía también las visitas al desván.

La respuesta la dejó meditando, era una cantidad adecuada , añadiendo esos cinco dólares más, ella incluso había estimado una cantidad de cincuenta, pero no los poseía, con la escasez los pagos se habían alargado en el tiempo y tenía algunos a la espera de ser cobrados, como el del doctor. Su mirada se deslizó por el suelo, buscando entre los cascotes y el desorden alguna inspiración, lamentablemente tan sólo consiguió el deseo infernal de hacerse con una escoba, apoyó una mano sobre su vientre y la otra sacudió las faldas , había tomado una decisión. - Bien, cuarenta y cinco , no pretendo discutir con usted al respecto del precio, le supongo más enterado del gasto que yo . - y había conseguido rebajar ya, cinco dólares - ¿Cómo? - la parte afable de Evelyn decidió dormitar a un lado y dejar el control a la más enérgica y rotunda . - ¿Disculpe? ¿En qué momento le dije que así lo haría? Haga su trabajo , lo más rápido posible que pueda y ... - la mano sobre su vientre tamborileó sus dedos contra la oscura prenda . - recoja su pago ... - se giró de talones para abandonarle con el vaso de limonada en su mano y el hecho de que no la probara no había pasado inadvertido, no.

Setanta se aguantó las ganas de estamparte el vaso en el cogote a la respetable señora Meier. De hecho, si no fuese por la rigidez de sus músculos, nadie hubiera dicho que el tono mandón de la mujer le había molestado en lo más mínimo.- Una cosa más, señora. Quiero el pago en oro. -. Casi pudo ver como sus palabras rebotaban en la encorsetada y rígida espalda de la dueña de la armería.


Se detuvo, no pudo evitarlo, girándose hacia Setanta muy lentamente, los dedos seguían tamborileándole sobre el vientre mientras que ahora, al mano que antes , laxa, caía sobre la falda, ahora la aferraba creando tensas ondulaciones en la tela. - ¿Oro? - Avanzó con rapidez hasta quedar delante de su rostro - ¿Se puede hacer una idea lo de difícil que es hacerme con esa cantidad de billetes? Parece que no se ha dado cuenta - Apoyaba las manos sobre el nacimiento de la falda, con los pulgares hacia atrás y los dedos muy extendidos, a punto de unir las yemas de ambas manos. - Si anda pretendiendo dejar a medias el trabajo , preferiría la sinceridad que la jocosidad de intentos vanos de juego, sabiendo que tal pago no podré entregarlo! - se llevó la mano a la frente, y aspiró por la boca , su pecho se mecía, apretado bajo aquel luto y el cierre severo del camafeo.

Mujeres. Criaturas chillonas, contradictorias y neuróticas. Para el irlandés estaban por debajo del escalón de "tocamiento de narices" que ocupaban los mocosos, y tenía que reconocer que había alguna que otra que merecía la pena... "Vaya con la malfollada de la señora Meier." Setanta se dobló sobre si mismo para depositar el vaso intacto sobre el suelo, esquivando la figura de la viuda, que 6estaba parada justo frente a él. Ocupó esos diez segundos en aclarar fríamente la cabeza. Contrariamente a su hermano Seosamh, Set no reaccionaba ante sus propias emociones de forma física, por lo que no fue de extrañar que fuese el único de los dos que conservase la calma.- Ni lo sé, ni me importa. Le he ofrecido mi trabajo y mis condiciones. Y no he pedido una gran cantidad por ello, la verdad. -. Aquella mujer debería de saber que aquella suma era lo que cobraba semanalmente en el aserradero, ¿no? - Está acostumbrada a que su difunto marido hiciese todo este trabajo simplemente con el costo de los materiales, pero yo no soy ni su marido ni su amante. Quiero recompensa por mis servicios. -. Sí, había ido a dar dónde más dolía. Pero Setanta solía mantener una relación muy distante con su empatía.- Y no me va a manipular haciéndome sentir culpable por romper a mi palabra. Es lo que más me gusta hacer.

Se hizo un espeso silencio, la respiración de Evelyn se entrecortó mientras los dedos se aferraban con más fuerza a aquellas faldas oscuras por el luto de un esposo que no era capaz de olvidar, apretó los labios hasta el punto de estos se mostraron exangües. En su mente hacía el recorrido de su mano impactando contra su rostro, pero en la realidad una nube inquieta amenazaba lluvia en sus ojos. Ante aquel pronóstico, decidió abandonar , dar por zanjada aquella conversación. Se giró con bravura hacia las escaleras con el imperativo apremiante de cierto desconsuelo. Pero , aquello, causaba un precedente que difícilmente olvidaría.

Cualquier otra persona hubiese sonreído triunfalmente ante el desenlace de aquella conversación, pero el irlandés no veía victoria alguna. No si con aquello acababa con los bolsillos vacíos. Soltó un soplido que sonó a la respiración furiosa de Seosamh cabreado - no por nada eran hijos del mismo padre y madre - y se giró, dispuesto a subir de nuevo al tejado. Pero antes de que los pasos de la mujer se perdiesen escaleras abajo, habló.- No vaya a esconderse a llorar como una niña sin cerebro, ¿eh? No me decepcione. -. Por fin algo le hacía gracia de toda aquel sinsentido. Y así, con la cara de duende partida por una sonrisa ladeada y los ojos chispeándole de la diversión, comenzó la cuidadosa tarea de acceder al tejado sin partirse la crisma.

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15 DE AGOSTO (Desde las 15:10 hasta las 18:00).

Mensaje  Mizar el Jue Ago 15, 2013 4:34 pm


La mañana había transcurrido relativamente tranquila, como era costumbre en el Saloon Dalton. El jaleo empezaba por la tarde y, sobre todo, por la noche. Minerva estaba de morros, pero lo disimulaba con una falsa sonrisa y acaramelamientos varios con los habituales. Tom estaba arriba, leyendo. Esperaba acabar aquel libro con impaciencia para tener una excusa para ir a pedirle otro a Jonathan Atwood. Su madre se encontraba
Tras la barra, sentada en el taburetillo, con una copa en las manos, sin probar. Su cabeza le daba vueltas a lo que le había comentado el niño sobre el sheriff. Había estado preguntando por ella y por los irlandeses. ¿Por qué? Ella era una buena ciudadana. No diría una ejemplar, pero sí aceptable.

 Marion_Sutter: Se encamina hacia una mesa portando la bandeja en la mano hasta servir cuatro vasos de whisky a unos forasteros. Últimamente se veía gente reciente por la zona. Llevaba puesto un vestido azul y negro aterciopelado con el busto entallado en lentejuelas negras. El cabello como siempre, en un grácil moño con el cabello retirado del rostro blanquecino, la mirada (...)
mar parecía sonreír a los presentes gentil, terminó de servir las copas y dejó la bandeja sobre la barra aprovechando para acercarse a hablar con Minerva. - Prima. ¿Va todo bien? te noto tristona.

Minerva levantó la vista del vaso al rostro de Marion y forzó una sonrisa. -Sí, sí, tranquila. Es sólo que le estoy dando vueltas a algo -miró alrededor para cerciorarse de que nadie podía escucharlas- Ven, siéntate. Verás... ¿recuerdas que me dijiste que el nuevo sheriff habia estado preguntándote cosas sobre mí, ¿verdad? Pues no has sido a la única.

Marion_Sutter Se sienta en una mesa cercana a la barra, donde solían sentarse las trabajadoras del local, con Minerva, escuchándola atentamente. Jamás se le ocurriría pensar que su prima tendría que ver con lo que había sucedido en Twin Falls, pero sí pensó, que de alguna manera, sí podría saber algo. - Sí claro, ya te comenté que no dejó de querer indagar (...)
sobre mi llegada al condado y sobre las cartas que nos enviamos, de cuándo me enviaste la primera carta... imagino que el sheriff estará preguntando, haciendo una profunda investigación sobre lo acontecido.

Minerva resopló. Incluso se le movió ligeramente el mechón que caía sobre sus ojos. Jugueteó con el vaso, sin beber aún. Cruzó las piernas bajo su abultada falda verde botella y se recolocó la puntilla blanca del escote y el talle. Más por mantener las manos ocupadas. Le pasaba cuando algo le preocupaba. -Entiendo que tenga que indagar y preguntar y todo eso. Es su trabajo. Pero no puedo evitar sentirme nerviosa porque pregunte por mí. ¿qué espera encontrar?

 Marion_Sutter  Percibe la contrariedad de su prima, sus movimientos, claro a nadie le gusta ser sospechoso. - Ha preguntado a todo el mundo sobre ti, pero también sobre mí, así que no te preocupes, imagino que hace su trabajo. Tal vez deberías hablar con él y dejarle las cosas claras. Por cierto, ¿recuerdas mi primera noche? la que llegue que rompí una copa. - Explica mirándola con gesto amable. (...)
Desliza las yemas de los dedos por el cabello pelirrojo, deslizando un mechón que se iba a escapar, por detrás de la oreja. - Cuando el sheriff me ayudó a recoger los cristales de la copa que rompí tú estabas hablando con un forastero, ¿quién era?

Minerva_Dalton: - Supongo que tienes razón y sólo hace su trabajo para intentar atrapar a esos forajidos. Pero me molesta que vaya preguntando a todos por mí, como si hubiese hecho algo raro. O tal vez es que estoy preocupada por Tom y por ver que ese hombre no dedica sus esfuerzos a buscar a los verdaderos culpables. -Suspira-. No sé para qué queremos aquí a un capitán del ejército y a un nuevo sheriff si
no hacen lo que tienen que hacer. Ya deberían tener a alguien colgado de la plaza. Como ejemplo. -probó por fin la bebida y se tomó unos segundos para hacer memoria antes de responder -Hablo con mucha gente a lo largo del día, querida. No recuerdo quién era exactamente con quién hablaba cuando llegaste. ¿Por qué me lo preguntas?

Marion_Sutter: - Bueno, ten en cuenta que eras la dueña de un local en el que se reúnen muchas personas, de todas las clases sociales. - Tratándose de su propia familia le sabe mal que esté en el punto de mira. - Te lo pregunto porque el sheriff me preguntó con quién estabas hablando, yo le respondí que no sabía quién era. Minerva. ¿Tú no sabes nada de nada? ¿no tienes a ningún sospechoso? (...)
¿a nadie a quien creas que le pueda interesar que Twin Falls quede desprotegido? porque no creo que sean los indios, no teniendo un fuerte pegado al condado y con el capitán rondando por todos lados.

Minerva_Dalton: Con cierta desgana, Minerva apoyó la cara en la mano, el codo en la mesa, golpeteando suavemente en su rostro con las yemas de los dedos al mismo tiempo que lo hacía con las uñas de la mano contraria en la madera. -Si todo eso es mu lógico, querida. Todo el mundo pensaría que aquí es donde se cuecen esas cosas, entre borrachos y jugadores. Pero yo tengo que andar pendiente de todo el que entra, de las copas, de que no se
maten a tiros... ¿realmente se piensa que además puedo tener oídos para todas las conversaciones a la vez? Esos tipos han demostrado ser discretos, la prueba está en que todavía no sabemos nada de ellos. Podría ser cualquiera. Yo, tú, el doctor, la sra Meier, el sr Atwood... ¡¡Hasta el padre Callahan!! -golpeó con ambas manos en la mesa.

Marion_Sutter Al ver que se está enervando su prima con el tema, trata de serenarla. - Cierto, puede ser cualquiera, pero prima. - Acerca el torso al borde de la mesa quedando más cerca de ella, sin querer que nadie escuche lo que comentan, ya que por alzar el tono de la voz Minerva, algunas miradas se han centrado en ellas. - ¿Algún alto cargo como el alcalde? puede ser que le convenga o tal vez se le ha ido de las manos el asunto,(...)
desde luego alguien sabe lo que pasó con el antiguo sheriff y ahora se va a llenar Twin Falls de soldados, ayer entró uno cuando no estabas, esperemos que se descubra pronto lo que sucede. - Se encoge de hombros mirándola y suspira profundamente, ella guarda un secreto recelosamente y, por ahora, le está saliendo bien lo que pretendía.

Minerva arqueó las cejas, con cierto asombro -¿Un soldado? Que yo sepa el único que tenemos rondando por Twin Falls es el capitán Fields. ¿Era él o es que han venido soldados nuevos? -¿Cómo y por qué? Sabía, pues Tom se lo había dicho, porque a él se lo había dicho Jon, que el telégrafo estaba cortado, así que el capitán no podía haber mandado un telegrama al fuerte... Todo aquello era
Demasiado extraño. Los forajidos se anticipaban a sus movimientos. ¿Quién podría estarles informando de todo lo que pasaba en el pueblo? -Ay, Marion. Esto se complica por momentos. Ya sólo falta que se presente la caterva de forajidos a cenar esta noche... -dejó la frase en el aire.

Marion_Sutter: - El capitán dijo que lo haría, que llegarían refuerzos, o igual este soldado se enteró que lo que ocurre en Twin Falls y se acercó, no lo sé. - Al pasar por su lado una trabajadora del local, le pide un zumo de arándanos del que ella misma prepara, que siempre deja en la parte más fresca de la alacena. Mira a Minerva_Dalton. - ¿Quieres un vaso? - Suspira inhalando el aire profundamente y exhalándolo poquito a poco. (...)
- Sí, seguro que uno de los forajidos no está muy lejos y se entera de todo lo que va pasando porque si no, es difícil de entender cómo se le está escapando al sheriff quién es el cabecilla del grupo. Pero todos son conjeturas.

Minerva rechazó el ofrecimiento con una negación de cabeza -No, gracias, todavía tengo. -empujó distraídamente su vaso, con algo más de un dedo de whisky. -Pensaré en positivo, tener a más forasteros aquí será bueno para el negocio. Aunque a lo mejor tenemos que hacer un apaño para tener libre tu habitación y tienes que dormir en la cama de Tom unos días. Él dormirá conmigo. No tenemos muchas habitaciones y hay que sacarles el mayor partido.

Marion_Sutter: - Bien. - Asiente con la cabeza cuando le dice que aún tiene bebida. - Me sabe mal emplear una habitación. - Piensa mirando a su prima, sabía que el negocio era importante ya que era el alimento de su hijo y de ella. - Haces muy bien, hay que pensar en positivo, que venga lo que tenga que venir, estaremos protegidos con el capitán y, el sheriff no para de trabajar y parece bastante testarudo. Demasiado. (...)
- Sabe bien por qué lo dice, ya que le llegó a importunar ese interrogatorio y, la joven tenía mucho que encubrir.

Maxwell_Rogers:  La calor del solo de mediodía era tan asfixiante, que estaba anhelando llegar al saloon y pedir una botella de whisky para bebersela en menos que canta un gallo. Era tal su necesidad, que casi no tenia ganas de interrogar a Minerva_Dalton. Pero para el sheriff, su deber era su deber. Llegando por fin a las puertas vaiven, descansa unos minutos antes, secandose el sudor de la frente con un pañuelo y retirandose el sombrero para usarlo en**
forma de abanico. Repuesto al fin, con el sombrero y su pañuelo en sus respectivos sitios, aparta ambas puertas, entrando en la sombra del local y ver allí los presentes.

Minerva fijó los ojos en la puerta apenas ésta se abrió y le puso la mano en el brazo a Marion. Con una mirada inquisitiva, le indicó que tendrían que continuar esa conversación en otro momento, pues acababa de entrar ni más ni menos que una de las personas de quién comentaban. Mostrando la mejor de sus sonrisas, la dueña del Saloon se
Levantó, se alisó el vestido y le saludó 4-Buenas tardes, Forastero -seguía llamandole así, a pesar de que ya sabía quién era, porque él no había tenido la decencia de presentarse como era debido.

Marion_Sutter Enarca las cejas cobrizas ante el gesto de Minerva sin comprender hasta que escucha el vaivén de la puertas de entrada al local y gira la cabeza para mirar al sheriff. De inmediato guarda silencio sobre el tema que trataban. También se levanta y sigue realizando sus quehaceres diarios, como a esas horas no había mucha faena, se ponía a limpiar y a ordenar botellas y utensilios detrás de la barra. Profiere una leve inclinación (...)
de cabeza mirando a Maxwell_Rogers aunado a una sonrisa amable. [Tengo que devolverle su chaqueta al sheriff, cuando se vaya a ir a ver si me aucerdo.] - Escruta el local a ver quién más estaba, pues había estado absorta en la conversación con su prima.

Maxwell_Rogers  sonrié a las primas,da un gesto con su sombrero y se acerca lentamente, . "Qué estariais tramando, pillinas..."-piensa el joven. Muy de repentino se habían empezado hacer cosas. Aunque claro, podria ser la necesidad de atender al cliente. A lo mejor sospechaba demasiado. Pero era parte de su caracter. Cuando se aproximo a escasos metros de Minerva, se quedo quieto, mirandola. Su rostro se volvio inmediatamente serio, escrutando todo
sus gestos. Es entonces, cuando alza su brazo derecho hacia ella, mientras el dedo pulgar señala arriba y el dedo indice la señala a ella, en forma de pistola. "Apuntandola" directamente a centro del pecho, le golpea levemente y emite un sonido:-Bang.

Jonathan_Atwood: (Aunque el telégrafo estaba fuera de servicio hasta nuevo aviso, Jon seguía siendo útil para la oficina. Mientras Frederick se encargaba de repartir el correo, él podía actualizar las cuentas y hacer tareas administrativas para que reinara el orden por si el sheriff Rogers volvía a necesitar algo de sus cajones. No le había gustado tener que ceder las notas de Minerva_Dalton, pero tampoco tenía motivos para retenerlas en su poder y estaba seguro
de que ella entendería su manera de proceder. Frederick fue el primero en marcharse y Jon se encargó, como de costumbre, de la limpieza y de cerrar la oficina. Se quedó un rato observando la puerta de la misma, el letrero que la identificaba y la calle. Le gustaría, tal vez en un futuro, comprársela al ayuntamiento y convertirla en un establecimiento propio. Se la podría dejar a Tom si, al crecer, seguía manteniendo el mismo entusiasmo, aunque
habrían dado otro paso o eso esperaba Jon. Y pensando precisamente en Tom, se encaminó hacia el saloon.)

Minerva sostuvo la mirada del sheriff mientras éste la apuntaba con la mano. Tenía un hijo de 10 años. Estaba más que acostumbrada a ser apuntada, secuestrada, amenazada y liberada varias veces a la semana. Pero aquel era ya un hombre adulto. -Forastero, ¿no cree que ya se le pasó la edad de jugar a indios y vaqueros? 6-continuó su camino tras la barra, con una risa divertida y
Tal vez algo condescendiente. -¿Le pongo una copa o prefiere una limonada, como los niños buenos?

Marion_Sutter Observa el saludo de el sheriff a las dos, después ese gesto como si su mano fuera una pistola hace que se sonría mientras sigue limpiando la barra, deja el trapito en la jofaina y se pone a ordenar botellas. Había cogido el vaso de zumo previamente de la mesa donde estaba sentada con Minerva, y apuró el último trago a lo que quedaba, poniendo el vaso para lavar. Emitió un bostezo que se apresuró a tapar con la palma de la mano. (...)
No había podido encontrar la postura en el lecho hasta bien entrada la madrugada después de trabajar en el saloon, algún pensamiento le pululaba por la cabeza, esperaba no ser reconocida.

Maxwell_Rogers  se ha quedado ahí, con la mano apuntandola mientras la madura mujer se daba la vuelta y le ofrecía la bebida. Solo entonces, se permitió el lujo de emitir una carcajada:-Jajajaja. Que sea un whisky largo, Minerva. Y aquí no me parece el lugar adecuado...-continuó, acercandose a la barra y mirando de reojo a Marion_Sutter. Volviendo su rostro más serio, pero sin llegar a ser severo, le dijo:-Que sea en su cuarto, Dalton. Ahora. 
Y no me venga con el cuento de forastero. A estas alturas, si no le ha dicho su prima nada, o su pequeño hijo que espero que lo haya hecho con todo el cariño que pueda darle, sabrá que aquí presente, Maxwell Rogers, sheriff de Twin Falls, requiere de este tiempo.6-la autoridad que empezaba a ser caracterisitca de él conforme iban conociendole, afloró en cuanto le dijo esto último.

(Jonathan tenía algo que entregarle a Tom, aunque no le venía nada mal tomar algo refrescante. Jon pensaba en una limonada, pero con la que le estaba cayendo encima el whiskey ya no le parecía una opción tan abominable. Al penetras las puertas giratorias y andar unos escasos pasos saloon adentro, sus ojos no pudieron pasar por alto la figura del sheriff Rogers. La piel de Jon se vació de color y su cabeza hizo automáticamente*
*ese movimiento que había ensayado durante años en el pueblo: se agachó. No podía evitar sentirse incómodo con él rondando tras el desagradable interrogatorio que tuvo lugar en su oficina. De todas formas, se esforzó por saludarlo. Con Marion_Sutter fue más amable. Sin embargo, con Minerva_Dalton tenía sus reservas.
*Aún no había hablado personalmente con ella de lo sucedido en la oficina y quería haberlo hecho antes, pero la cobardía había podido con él. Para una persona que le trataba como un ser humano en ese pueblo... Sentía que de alguma manera le había defraudado, aunque racionalmente sabía que no era así. Decidió no interrumpir la conversación del señor Rogers con la señora Dalton y acudir a la prima. Jon sacó algo de su bolsillo.*
*Un disco de papel con una cuerda. Era una maravilla giratoria que había diseñado para Tom. En un lado se veía un hombre calvo y en otro un bigote y lo que parecía una peluca: al girar el disco, proyectaba la ilusión de que era un hombre hirsuto y melenudo.) Señorita S-S-S-Sutter.... ¿podría darle e-e-esto a Tom?

Minerva arqueó una ceja, seria, pero no amilanada. Ya le sacaba unos años y estaba más que acostumbrada a tratar con hombres que se creían más de lo que eran -Sra Dalton para usted, "caballero", si es que puedo llamarle así. Y vaya olvidándose de eso de subir a mi cuarto. Yo no tengo nada que esconder así que, si quiere hablar en privado, tendrá que invitarme a comisaría. -Si había
Que ponerse serios y tirantes, ella también podía -Puede que usted tenga la estrella en la solapa, sr Rogers, pero está demostrando que se le ha subido un poco más arriba del sombrero.

Marion_Sutter Contempla a Jonathan_Atwood entrar en el local, ante su saludo amable, recíproca esboza una sonrisa gentil observando lo que tiene en la mano, coge el disco de papel con una cuerda que gira sobre sí mismo. Sonríe divertida mirando el efecto del hombre desmelenado y se lo ofrece de nuevo al telegrafista. - Saludos señor Atwood, pienso que es mejor que se lo de usted, ya que le cae tan bien a Tom. (...)
- Sugiere mirándole. - ¿Qué desea tomar? hace un calor de mil demonios y seguro que anda sediento. - Desliza la palma de la mano por la frente perlada de sudor por el movimiento del trabajo, un mechón cobrizo se había quedado pegado a la frente y, molesta, lo retiró con las yemas de los dedos, detrás de la oreja.

Maxwell_Rogers:  -Vamos, Minerva...-comenzo a comentarle y se giró para ver al telegrafista, algo que agradecio mentalmente, pero en cuanto pronunció a Tom, una pequeña maldad tuvo lugar en su luz. O se hacía respetar, o acabaría como el otro sheriff:-Mire, Dalton. Al parecer no me ha entendido. Estoy tratando de ser cortés, de ser amable y de tratarla con la delicadeza que le corresponde a una mujer de su edad. Si hace falta que la lleve esposada al
calabozo lo haré, y permanecerá encerrada en ese lúgubre lugar, frío y sin su hijo pequeño cerca. Y si opone más resistencia, me temo que el pequeño Tom y yo también tendremos una charla.-comento frío, como el hielo. Despues saco fugazmente un papel de su chaleco y lo deposito en la barra con un golpe seco y agrego:1-Y si piensa que no puedo hacer nada, lea esto y comenteselo al alcalde. Orden directa del condado para extremar cualquier**
 precaución. Le recuerdo que fue el oro destinado al fuerte. Y les aseguro que les entregue un indio, un niño o una mujer mayor, lo aceptaran y lo colgaran para recordarles a esos bastardos con quién juegan.-termino entonces dejando el papel y mirandola muy seriamente.

Jonathan_Atwood: - No v-voy a t-tomar nada, señorita S-S-Sutter. G-Gracias por el o-ofrecimiento. (Dijo con una sonrisa forzada porque deseaba marcharse del saloon cuanto antes. Volvió a mirar el disco en su mano. El dibujo lo había hecho él mismo en casa. A veces, cuando estaba muy nervioso y los temblores se lo permitían, le gustaba garabatear formas en papel, formas que no valían nada porque carecía del talento suficiente como para plasmar*
*la realidad en una dimensión como el papel, pero Jon no necesitaba reconocimiento artístico. Sólo era una manera más que empleaba para evadirse. El otro día, cuando se quedó con Tom, vio que al niño le gustaban las maravillas giratorias que tenía en una cajita, así que pensó que podía crear nuevas para él aunque no fueran tan coloridas y bonitas. Jon se despidió de la señorita Sutter sin insistir en que le diera el obsequio a Tom e hizo amago de salir
 *del saloon.)
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15 de agosto. Tarde. Saloon. (A partir de las 18.00).

Mensaje  Pallas_Atenea el Vie Ago 16, 2013 1:47 pm

-¿Esto es cortesía? -Exclamó Minerva-. Discúlpeme si caigo rendida ante tal despliegue, pero se está usted comportando como un bastardo prepotente. ¿Cree que me asustan sus amenazas? -6indiferente no la dejaban, desde luego, no le apetecía nada acabar colgada o pasar la noche en el calabozo. Y que ni se le ocurriera tocar a Tom. Ni se molestó en mirar el papel, solo sostuvo la mirada del sheriff-. Tiene usted suerte de que mi marido lleve años enterrado, porque si no, ya le habría sacado de aquí. Se lo repito, yo no tengo nada que ocultar. Déjese de rodeos, haga las preguntas que quiera, acabemos de una vez y vaya a colgar a los malditos forajidos. 
Tom, ajeno a lo que ocurría abajo, aburrido de leer, se dispuso a bajar un rato a la sala, a ver qué se cocía allí abajo. Sonrió al ver a Jonathan Atwood abajo, pero su sonrisa se borró al ver al sherif junto a su madre.

Maxwell Rogers observo al pequeño Tom. ¿Qué edad tendría? Deberia rondar sobre los 10 o 12. Era un niño bastante apuesto. Sabía de sobra que habia estado en la telegrafia ese día, se lo había dicho el mismo Jon. Y con la caracteristica de los niños, solo podria haber hecho una cosa: correr a contarlo y defender a su madre. Eso, aunque no se supiera, era una ventaja para él. Dirigiendose a Jonathan Atwood, preguntó:
-Jon, querido amigo, ¿podria quedarse usted un momento aquí con el niño? No tardaré. La señora Dalton y yo tenemos asuntos que hablar, en su cuarto. Le espero arriba, Minerva -zanjó el sheriff, dirigiendose a la susodicha. Acto seguido, empezó a subir las escaleras hacia la habitación de la mujer, y una vez ahí, con la puerta cerrada con lleva, se cruzo de brazos y esperó, paciente, a la llegada de la mujer y más le valdria que acudiera en seguida.

Jonathan estaba a punto de marcharse con la maravilla giratoria en el bolsillo cuando la conocida voz del señor Rogers le llamó. Odiaba que se refiriera a él como "Jon", porque no eran amigos cercanos, ni siquiera se toleraban mutuamente, y, aún así, insistía en usar una abreviatura que, en esas circunstancias, sólo le hacía parecer menos capaz, menos hombre. De alguna parte que desconocía, sacó fuerzas para hacer un reproche:
-Ningún a-a-amigo m-mío es tan d-descortés c-con la señora D-D-Dalton, s-señor Rogers.
El estómago se le cerró en una pelota, pero Jon no dio señas de asustarse. Buscó a Tom y con permiso de su madre, si ésta accedía, se lo llevaría fuera para distraerlo y que no tuviera que presenciar otro de los interrogatorios del desalmado sheriff. 

Ruby Atwood, que ya se había reincorporado a la vida de Twin Falls con una facilidad asombrosa,
paseaba cerca del saloon para acostumbrarse a unas antiguas botas que había dejado en casa -y que su hermano no había tirado-. Le estaban un poco apretadas, pero no pensaba desperdiciarlas. Eran bonitas. Quería acercarse hasta la armería para agradecer a Evelyn Meier el consejo sobre probar suerte en el colmado

Minerva miró a Tom y le hizo un gesto para que bajase y se reuniese con Jonathan Atwood. Se fiaba de él muchísimo más que del Sheriff. El chiquillo obedeció, por supuesto. Bajó las escaleras a la carrera y se escondió tras el telegrafista, mirando con odio visceral al sherif. Minerva, desde abajo, se dirigió hacia él.
-Sr. Rogers, lo siento, pero esa habitación permanecerá cerrada, por el momento. ¿Quiere que hablemos? Todo lo que usted quiera, pero aquí abajo. Le concedo la cocina si quiere que estemos solos -porque era una habitación accesible por cualquiera de los que estaban abajo, en caso de necesidad. No se fiaba de ese hombre que tanto indabaga sobre ella.

Maxwell Rogers apretó la mandibula, tan fuerte, que parecía que la vena del cuello fuera a reventarle. Una maldita mujer que le dice que no debe hacer. No era ese el plan establecido. Ni de lejos. Pero creía que si estaban solos, aún podria sacar provecho. Asi pues, por una de las pocas veces que se traga el orgullo por una mujer, comienza el descenso por la escalera y al bajar la mira, serio. Empezaba a pensar que sus cavilaciones podian ser erroneas sobre Minerva Dalton, pero tenia que continuar haciendo lo que estaba establecido en el plan. El tiempo corría en su contra. Secamente y fríamente le dijo:
-Despúes de usted, Señora Dalton.

Sophia se dejó la puerta abierta. Con cuidado, tras ella, Evelyn la cerró. Necesitaba recorrer aquellos callejones libres de sol de siesta y respirar un poco fuera del encierro. El cartel ante la puerta ya mostraba que la tienda estaba cerrada, a esas horas, cercanas a la cena, ningún decente comercio de la ciudad entregaba sus servicios, o al menos eso pensaba. Distraida, enfurecida, comenzó aquel paseo. A pocos metros Sophia la adelantó, juntándose con otros crios, posiblemente para ir a jugar, o a lanzarse piedras con los críos pringosos del arrabal. 
-Sop...- pocas veces entregaba aquella libertad a los movimientos de la pequeña esta vez, sería una de esas pocas y escasas. A lo lejos, cerca del salón, distinguió la presencia de Ruby, mientras se acercaba pensaba que era una grata visión, un encuentro alentador del que esperaba escuchar que no había encontrado trabajo bajo los cuidados de Minerva Dalton. No le haría ninguna gracia. 
-Buenas tardes Ruby... querida ... -le etnregó dos besos, con cuidado de no hacer tropezar sus sombreros, el de Meier, oscuro, como el resto del luto que a esas horas podía llevar sin hacer peligrar su viva por el abrumador calor del día.

Jonathan se dio la vuelta con delicadeza y rodeó los hombros de Tom para sacarlo al exterior del saloon. Comprendía que el niño estuviera asustado con aquella despiadada presencia en el local. El sheriff no había sido agradable en la oficina, así que no era de esperar que cambiara la táctica con Minerva_Dalton.
-No t-t-te preocupes, T-Tom. Solo va a hacerle u-unas preguntas, p-pero no se at-treverá a hacerle daño. Tu madre es m-muy q-querida en el pueblo, te lo ase-seguro. Si el sheriff llega a p-p-ponerle una m-m-mano encima, n-no van a ser p-pocos los que s-salten a defenderla. Es un ho-hombre sensato y se abstendrá d-d-de hacer algo así -Le dijo Jon, quien pretendía calmar al niño y su potente imaginación. Lo sacó del saloon. 

Ruby y Evelyn Meier estaban relativamente cerca, así que pensó que Sophía, la niña de la armería, estaría jugueteando por ahí. Le preguntó a Tom de unirse a ella, pero no le presionó: no quería que pensara que quería deshacerse de él. Nada más lejos. Ruby le devolvió el gesto a Evelyn sosteniéndose el sombrero con la mano izquierda para que no se le cayera. En su rostro alegre se vislumbraban, por fin, buenas noticias que para tranquilidad de su amiga nada tenían que ver con el saloon.
-Me voy a quedar unos días en el colmado. Estaré a prueba y me pagarán la mitad, pero, ¡por...! -Se contuvo, no quería blasfemar en público- Seguro que me quedo. Quería agradecerte que me animaras a ir... a mí no se me habría ocurrido. -Al girarse, divisió la figura de su hermano y le saludó, pero no hizo amago de acercarse a él.

Tom se quedó junto a Jonathan Atwood. Con él se sentía seguro y tranquilo. Ese hombre se había ganado la confianza del chiquillo con algo tan sencillo como no tratarlo como un crío estúpido sino como una persona pequeña, que era lo que era. Y satisfacer su curiosidad. 
-No me gusta ese hombre. No quiero que esté cerca de mamá. 
Pero en esos momentos era justo donde estaba, cerca de su madre, a solas, en la pequeña cocina que había junto a la barra, separados de la sala por una puerta batiente que estaba cerrada, aunque no atrancada, por lo que cualquiera podría entrar en cualquier momento. Minerva estaba tensa, pero trataba de no demostrarlo. ¿Cómo se atrevía a intentar entrar en su cuarto de esas maneras? Ella era una mujer decente, no subían hombres a su cuarto. ¿Y amenazar a Tom? Acabáramos.



Falta la conversación en la cocina, que está en edición.

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15 de agosto. Tarde. Saloon. (Cont.)

Mensaje  Pallas_Atenea el Vie Ago 16, 2013 8:03 pm

Maxwell Rogers salió del saloon, tras la charla amargada pero sincera con Minerva Dalton. La situación se complicaba, pero tenía que ser así. Al salir, descubrió al pequeño Tom jugando ajeno con otra niña que no conocía y el telegrafo los observaba. Al otro lado de la calle, dos señoritas conversaban la una a la otra. Respiro hondo. El trabajo de hoy no había concluido. No tenia nada, aún. Solo unas malditas conjeturas. Con mal humor que el de costumbre, se aproximó a escasos metros de Jonathan Atwood y preguntó:
-Señor Atwood, ¿ha habido alguna mejora en la telegrafía? ¿Funciona ya?

El entusiasmo de Sophia era contagioso, corría de un lado a otro, meciendo las cintas de raso de color canela que pendían de sus rubias trenzas y el sonido de su risa se diluía entre la de los niños que, con ella, compartían juegos. Mas la pequeña se detuvo, en medio de la calle, aprovechando que no pasaba ningún caballo, cruzó directa, apresurada y sonriente. Se detuvo ante Tom con aquellos ojos de mar en calma. Estiró la mano, entrelazando los dedos con los de Tom. 
-Vamos a jugar -propuso con aquella mirada cálida y feliz. 
-Me parece estupendo que consiguieras ese trabajo, si ciertamente si... ¿uhmm? -la conversción de Meier se detuvo, cuando sus ojos encontraron próxima a Sophia al hermano de Ruby.
Se mordió el labio inferior como muestra de una preocupación que no era capaz de contener, pero al poco ambos niños abandonaron el costado del telegrafista y entonces quedó observando al nuevo sheriff, no le conocía, no había tenido oportunidad, pero allí, con aquella distancia, pudo estudiarle. 
-Ese es el nuevo sheriff... max .. no recuerdo bien su nombre... - comentó en un apagado tono de voz, confidente.

Y a Jon tampoco le agradaba que estuviera a solas con Minerva, pero todo lo que podía hacer al respecto era mantener a Tom alejado de aquello. Mientras vigilaba a los niños -y a su hermana, ya de paso-, por el rabillo del ojo percibió que el sheriff abandonaba el saloon. Se tensó al percatarse de que se acercaba a él. Jonathan Atwood no era un hombre de naturaleza violenta, pero sentía que quería incrustar los dos puños en la cara de ese hombre una y otra vez hasta que se le borraran los rasgos. Jon se mordió la lengua y negó con la cabeza, pero después contestó con propiedad.
-N-no, señor. Seguim-mos sin línea -Lo odiaba. Apenas había cruzado cuatro palabras con él, pero ya lo detestaba y a Jon se le hacía inconcebible ese sentimiento. 

Ruby siguió la mirada de su amiga, que terminaba en su hermano y en otro hombre que ella, por supuesto, no reconocía,aunque lo encontró atractivo. Ruby se cruzó de brazos.
-¿El nuevo sheriff? Ah, sí... sí, es verdad. Jon me estuvo comentando algo, pero... -Bufó por un lado de la boca con una sonrisa como indicando que no le había prestado atención. Era una costumbre que había vuelto a practicar-. ¿Está casado? -preguntó con una sonrisa pícara que enseguida corrigió recordando adonde le había arrojado aquel tipo de actitud desenfrenada.

Maxwell Rogers chasqueo la lengua. Mirando al suelo, cruzandose de brazos y quedandose pensativo. Eso solo podria empeorar las cosas. Si necesitaban apoyo, no lo tendrian. Si necesitaban algo, tardaria semanas. Por un instante, una pequeña luz se encendio en su mente y miró de solsayo al telegrafista. 
"Pero... ¿y sí...? ¿Vas arriesgarte a ello?" -pensaba Max. Pero Rogers supo en ese mismo momento que no tenia otra elección:
-Jonathan, necesito un favor si no sabe cual es el problema del telegrafo. ¿O sí sabe que le pasa? -preguntó dudoso al telegrafista.

-¿Casado? -aquello era una invitación sumamente interesante, en su mente tenía otros planes mucho mejores, con un hombre de mejor posición, más experimentado y con algo más de dinero, con una profesión más lucrativa y desde luego, menos peligrosa, realmente pensó que Vinicio Montanari podría resultar adecuado al temperamendo de su amiga, rudo, pero ambos sabrían como acompasarse. Arrugó la nariz y de nuevo le echó un vistazo-. bueno ciertamente no había pensado en ello... -mintió-. visto desde aquí, la verdad es que... es altanero, fuerte y parece un buen hombre. Ha de serlo... ¿Verdad? Es la ley -tornó la mirada hacia Ruby, no por no seguir inspeccionando el buen porte del sheriff, si no por no cruzarse con la de Jonathan, sabía que habia hecho mal en amenazarle, que posiblemente fuera parte de su paranoia poco selectiva, pues tras los acontecimientos, esta se habia visto severamente potenciada-. Tengo que contarte lo que me ha pasado con el indecente del señor O'Shanghnessy ... Setanta O'Shanghnessy ... -lo dejó ahí, como una tarea pendiente entre las dos .

Jonathan no tenía ganas de ponerse suspicaz con el sheriff Rogers. La última vez que contestó a una de sus preguntas con una peligrosa sinceridad, fue un tanto grosero con sus insinuaciones, como si el hecho de hablar fuera ya una prueba incriminatoria. Tampoco le agradaba el trato que le había dispensado a Minerva Dalton, pero, aún con todo, se sentía incapaz de no contestar o darle información errónea solo porque no compartía su forma de proceder. Si Jon anhelaba el respeto de los demás tenía que empezar por profesarlo, fueran cuales fueran las circunstancias. Creía a pies juntillas en aquello que se decía de no hacer a los demás lo que no le gusta a uno que le hagan. Con esa premisa, pues, decidió contestarle.
-E-el ayunta-tamiento determinó q-que había sido un c-corte en el cable. T-también se han visto a-a-afectadas otras po-poblaciones. Aún ho-hoy no teníamos lín-línea, señor, pero, p-p-por lo q-que me han comentado, e-están trabajando p-para repararla. El correo, a p-p-p-pesar de lo mal que funciona d-durante el estío, es la opción q-que nos queda -Era un desastre ese servicio, pero Jon confiaba a ciegas en que mañana o el lunes, a más tardar, volverían a tener conexión. Le dolía más que a nadie en todo Twin Falls que el telégrafo no estuviera operativo. Era lo que más usaba para comunicarse con otras personas. Se preguntó si el sheriff sacaría alguna de sus conclusiones estrambóticas, aunque esta vez no lo detestó por ello. 

Ruby desconocía los planes de su amiga. De hecho, ni siquiera sospechaba que tuviera unos en los que se viera implicada. 
Evelyn Meier no daba el perfil de casamentera.
-Bueno, no tiene por qué. La ley se puede interpretar de muchas maneras. -Y lo dijo de una forma tan entusiasta que cualquiera pensaría que prefería a los chicos malos. Le echó un vistazo al sheriff desde donde estaba y sacudió la cabeza. "No, Ruby. Nada de hombres". Instintivamente, se llevó una mano a la barriga y sonrió a su amiga-. En cualquier caso, da igual, ¿no?

-¡¿Un corte en la linea?!- aquello alzó inmediatamente una especie de mal presagio para el sheriff. "Un corte en la linea... los bastardos han cortado la linea. Saben que voy detrás de ellos, saben que el Fuerte Douglas ha enviado al capitan. No podemos pedir ayuda ni podemos pedir hombres sin tardar demasiado. Solo tendremos..."- Una mierda...-escupió las últimas palabras en voz alta. Observó a Jon y dijo-: Atwood, necesito un gran favor de usted. Pero esto solo puede quedar entre usted y yo. Escriba una carta al condado. Digale que el sheriff ha dado con una pista importante y pronto tendran resultados. Pero esto solo ha de quedar entre usted y yo. ¿Lo ha entendido? -apoyo en el hombro del telegrafista su mano y comento más serio y preocupado-. Esta gente puede correr peligro. Si alguien se entera, no podré protegerlos. Disculpeme de las señoritas si no les saludo, pero debo hacer un encargo urgentemente. Hagalo rápidamente, Jonathan. Cuento con usted -y sin más, salio, a paso ligero, en dirección a su oficina.
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Tarde en el saloon

Mensaje  Jonathan_Atwood el Vie Ago 16, 2013 10:50 pm

Tom_Dalton estaba en el interior del saloon, jugueteando con el pequeño regalo que le había hecho el sr. Atwood. Estaba en una mesa, en el rincón, solo, sin nada encima, ni siquiera una bebida, no fuese a derramarse y mancharse. Sería un drama.
(Jon había hecho los deberes como un buen chico. Esa misma mañana, nada más entrar en la oficina, preparó la carta que el sheriff Rogers le pidió y la envió en la calidad de urgente en el correo de las 12. Las diligencias interurbanas estaban fuera de servicio, lo que impedía el viaje a las personas que quisieran desplazarse de un lado a otro. Sin embargo, las cartas fluían con más libertad. Jon calculó que el lunes estaría en manos de quien tuviera que recibirla. Pensó en el viaje hasta Nampa o Boise. No era tan largo y el paisaje sufría algunos cambios muy llamativos que lo amenizaban, pero, de todos modos, Jon se alegró de no ser el encargado de transportar el correo. Prefería con creces el telégrafo, aunque eso le obligara a estar todos los días pegado a la máquina. La limpió antes de abandonar la oficina a pesar de que todavía seguían sin línea. El lunes, se dijo, también el lunes estará reparada. El principio de la semana tenía que traer consigo por fuerza novedades. Se sentía cansado y se alegró de que fuera la hora de cerrar. Igual que ayer y extrañamente, volvió a dirigirse al saloon. No le apetecía ver a Ruby en casa.)
Minerva se acercó a su hijo con un vaso de limonada y lo dejó en la mesa, lo bastanet lejos de él para no poner en riesgo su nuevo tesoro. Alargó la mano para revolverle el cabello. -¿Qué te pasa, cariño? ¿No quieres ir a jugar a la plazuela de la iglesia? -El niño la miró un momento y negó, volviendo a centrar su atención en el juguete. -No voy a irme y dejarte sola. ¿Y si ese hombre vuelve? -¿Qué hombre? -El de ayer. No me gusta. -Minerva sonrió -Tú no tienes que preocuparte de eso, Tom. Yo sé manejarlo, ¿de acuerdo?
(Jon llegó al saloon y atravesó las puertas sin ningún signo de tensión, embarazo o nerviosismo particularmente visible. Aquel lugar había dejado de imponerle. Tenía gracia, porque le dijo al sheriff que no era un hombre muy social, aunque no con esas palabras, y ya había pisado el salón en esas últimas semanas más que en toda su vida. Vio a Tom_Dalton y a Minerva en una mesa, pero no se acercó, sino que se quedó parado mientras os observaba en riguroso silencio. Se fijó en lo que Tom sostenía entre las manos y una diminuta y casi imperceptible sonrisa se apoderó de su boca. Al final carraspeó.) ¿P-Puedo... Puedo t-t-tomar una lim-monada?
El rostro del chiquillo se iluminó con una gran sonrisa apenas escuchó la voz de Jonathan Atwood. -¡¡Sr. Atwood!! -se removió inquieto en el asiento, dudando si levantarse o no. Minerva rió suavemente y se levantó, encarando al telegrafista con una sonrisa -Buenas tardes, sr. Atwood. Siéntese, por favor. Ahora mismo se la traigo. Tom, cariño, ¿no tienes algo que decirle al sr. Atwood? -se alejó rumbo a la barra para servir otro vaso de limonada. Tom asintió y miró al telegrafista con aquellos enormes ojos claros que parecían taladrar hasta las entrañas -Muchas gracias por el regalo, sr. Atwood.
(Tom era un muchacho muy agradable y apostaba a que se debía tanto a su naturaleza como al buen trabajo de su madre. Muchos la criticaban por dirigir el saloon, pero esa gente no se paraba a ver la maravillosa faena que hacía con Tom, que era el reflejo más fiel y sincero de Minerva Dalton.) ¿Te ha g-g-gustado? Es fácil hacerlo, m-me gustaría que hicieras uno. (Por curiosidad. Le intrigaba ver qué dos figuras podía fusionar Tom. Jon se sentó, aunque cuando su madre se acercó para traer la limonada, se levantó de nuevo como si tuviera un resorte en el trasero.) Señora D-D-Dalton... ¿Tendría un mo...mento?
-¿Yo? Pero... Yo no sé hacerlo. -Si no lo intentas, nunca lo sabrás, cariño -intervino ella, dejando la limonada para el telegrafista frente a él-. ¿Un momento? Sí, claro, por supuesto. ¿Le parece bien subir a la habitación libre? -No iba a ofrecer la suya, desde luego. Y Jonathan_Atwood era lo bastante digno de su confianza como para elegir algo mejor que la cocina. -Sígame, por favor. Tom, ahora te bajo papel y tinta para que lo intentes.
Yo t-t-te enseñaré. (Le aseguró Jonathan con una sonrisa afable y, delante de su madre, no tuvo grandes reparos en dedicarle una caricia a esa cabeza de pelo suave. Sabía que ella no iba a sacar conclusiones precipitadas de un gesto que solo expresaba la ternura que le producía su amiguito. Asintió a la indicación de Minerva y la acompañó hasta la habitación libre. Jon no sintió la necesidad de cerrar la puerta, así que simplemente la dejó entornada.) ¿El sheriff Rogers... (Comenzó en voz baja, despacio, aún de pie. Volvía a lucir la raya en el medio, aunque el cabello de Jon estaba ligeramente alborotado por el transcurso del día.)... s-s-se ha port-tado bien con usted, señora Dalton?
No había mucha gente abajo, era todavía temprano. Y el cuarto estaba lo suficientemente apartado como para no necesitar cerrar la puerta. Desde abajo se veía abierta, lo cual dejaba claro que allí dentro no se estaba haciendo nada indecoroso. Minerva podría no ser la mujer más decente de Twin Falls, pero tampoco iba a permitir que se desvirtuase la relación que pudiera o no tener con Jonathan_Atwood o cualquier otro hombre. Y menos aún con su hijo a unos pasos de allí. Sonrió con ternura casi maternal ante la pregunta. Aquel hombre era adorable. -Aparte de su altanería en la sala, sí, sr. Atwood. Tiene una forma peculiar de pedir una charla privada, pero no pasó de ahí. Muchas gracias por su preocupación. Y por cuidar de Tom. No sabe lo importante que es eso para mí. -le cogió una mano entre las cuyas, cubiertas de encaje negro.
(Jon era consciente de la reputación que ostentaba en Twin Falls, por lo que sería muy difícil que alguien atinara a relacionarlo carnalmente con Minerva Dalton, aunque algunas personas estaban tan aburridas de su propia vida que eran capaces de inventar cualquier rumor con tal de encontrar algo que las animara. Cualquier precaución, de todas maneras, era poca. Se alegró al escuchar su respuesta. No dudaba de que el sheriff Rogers fuera un *buen hombre... en otro contexto. Ahora estaba presionado por lograr resultados; necesitaba capturar a los forajidos que habían asesinado a su antecesor fueran indios, vecinos o duendes. Podía entender que necesitara ser insistente, incluso usar la fuerza bruta, pero no lo justificaba y menos con una mujer como Minerva Dalton.) T-también lo es p-para mí, señora Dalton. (Le aseguró Jon con honestidad. Que ella confiara en él establecía una drástica diferencia en su estado anímico.) Por eso q-quiero... n-necesito s-s-s-saber qué es lo que quería el sh-sheriff. La importunó p-p-por el asunto d-d-de... (El tema le ponía nervioso, así que se dio unos segundos.)... del asalto, ¿verdad? Fue mi cu-culpa. (Jon le explicó la conversación que tuvieron en la oficina y cómo le entregó los documentos que le exigió.)
Minerva soltó la mano de Jon, tras darle un leve apretón. -Sí. Vino a hablarme del asalto. Pero lo único que yo sé es lo que sabe todo Twin Falls. Aquí corren muchos rumores, pero a saber cuáles son verdad y cuáles no. Creo que sospecha de mí, pero no tengo nada que ocultar. Y por los mensajes que le facilitó, no se preocupe. Ya le digo que no tengo nada que esconder. Me parece una invasión a mi intimidad por su parte, pero es la carencia de modales del sr Rogers. -Suspiró, meneando la cabeza, como si lo diese por imposible. Luego volvió a encarar a Jonathan con una sonrisa -Y usted siéntase libre de usar mi nombre, ¿de acuerdo? Es bienvenido no sólo como cliente, sino como amigo.
(Jon seguía sintiéndose culpable, aunque agradecía profundamente que Minerva no sonara decepcionada o enfadada con él por haberle entregado las notas de los telégrafos. No le quedaba otra, aunque podría haberse negado sistemáticamente y acabar en los calabozos por rebelarse. Después de todo, Jon estaba seguro de que la señora Dalton no tenía nada que ver con aquel turbio asunto. Tal y como le dijo al sheriff, esa mujer no haría nada que pusiera en riesgo la vida de su dulce infante.) Como amigo... (Repitió para sí preguntándose cuándo fue la última vez que escuchó esas palabras brotando con espontaneidad.) E-e-escuche, yo... Lo último qu-que quiero es causarle alguna cl-clase de malestar a T-Tom. Sé que n-no es d-delicado, pero no quiero q-que tenga que pasar p-por... Bueno, por esto, a-así que si vuelve a m-molestarles, y-yo... (Puede que tome medidas, es lo que quería añadir, pero no se veía capaz de verbalizar una idea tan atroz. Jon cerró los ojos un momento y cuando los abrió, los fijó en Minerva. Sabía lo ridículo que podía sonar él, precisamente él, asumiendo ser el paladín de la señora Dalton. Ella tenía decenas de hombre que sepultarían al sheriff bajo sopapos en su nombre, hombres fuertes de verdad.)
-Espero que no sea necesario. Aunque temo que vuelva a insistir y trate de presionarme para pillarme en un renuncio. No quisiera abusar de su amabilidad, pero... es a la única persona a la que me atrevo a pedirle esto, precisamente por lo mucho que mi hijo le admira y el cariño que le tiene... Si ese hombre volviera a mostrarse tan hostil delante de Tom, ¿tendria usted a bien sacarlo del saloon? -sostuvo la mirada del telegrafista. Era casi una súplica. Ella podría aguantar lo que fuera. Ya lo había aguantado con anterioridad, antes de llegar a Twin Falls y cambiar su vida para convertirse en esposa y madre. Pero su hijo era sólo un niño y ella quería que tuviera una buena vida. -Sé que Tom quiere ser ya un hombre y cuidar de mí en lugar de su padre, pero no dudo que, de darse el caso, el sr Rogers llegaría a ponerle la mano encima.
(A Jon le encantaba que Minerva Dalton lo considerara a él para pedirle un favor tan grande, pero despreciaba las circunstancias que la empujaban a ello. Si el señor Rogers se atrevía a ponerle una mano encima tanto al niño como a la madre, puede que dejara a un lado su diplomacia y su vergonzosa falta de virilidad, como lo llamaban por ahí, para enseñarle las normas mínimas de urbanidad. Conocía a aquellos hombres que no respetaban a los niños o a las mujeres y los golpeaban como si se tratara de ganado, como si tuvieran la piel curtida y predispuesta a sus malos modos, como si no sintieran. Jon se sulfuró de tan solo pensar en el sheriff abofeteando a Tom.) Claro que lo haré, sacaré a T-T-Tom del saloon si f-fuera necesario, Minerva. (Se sintió extraño al pronunciar su nombre en vez del consabido "señora Dalton", pero ella se lo había pedido y Jon solo cumplía.) Aunque esp-pero no t-tener que hacerlo.
Yo también lo espero. Pero dadas las circunstancias... Tom es un chiquillo muy noble y sincero. Se le nota en la cara cuando quiere a alguien y cuando no le soporta. Ya le ha visto. Está amorrado desde ayer. Cada vez que se cruza con el sr. Rogers se le agria el gesto. Si no fuese por quién es ese hombre, lo encontraría hasta divertido. Aisss -suspiró. -Se hacen mayores tan pronto –rió con un deje de tristeza. -antes de que me dé cuenta, será un hombre de verdad y me sentiré ridícula por preocuparme de él como lo hago ahora, pidiéndole que me lo proteja.
(Jon se relajó, y hasta que no lo hizo, no notó que se estaba clavando los dedos en las palmas de las manos. Se las frotó como si necesitara calentarse y después se masajeó el principio de las falanges con el pulgar. Le gustaba notar los huesos debajo de la piel, aunque eso le recordó al extraño diagnóstico del doctor McDougal.) Sí, T-Tom es una p-persona transparente... Espero q-que no pierda eso nunca. (Su sinceridad no debía ser domesticada. Tom era un niño encantador que podía expresar lo que pensaba y escudarse en su edad. Sin embargo, le quedaban pocos años con ese privilegio antes de que intentaran arrebatárselo.) Nunca v-vaya sentirse ridícula, M-Minerva... no por eso. Tom siempre será s-su niño, aunque acabe s-siendo más grande q-que Seosamh O'Shaughn-nessy. (Dijo a modo de broma, ahora que la conversación se había distendido y centrado en un tema más amable. Jon hizo amago de dirigirse a la puerta.) Y hab-hablando d-d-de Tom, seguro q-que nos echa de menos. Le he prometido e-enseñarle a hacer u-una maravilla giratoria.

Las sinceras carcajadas de Minerva se escucharon levemente fuera de la habitación, al estar la puerta abierta y no haber música aún. Tom miró hacia arriba, con una ceja alzada, interrogante, como si la respuesta fuese a venir por sí sola. Le gustaba que a su madre le cayese bien el sr. Atwood. Así podría pasar más tiempo con él y que le mostrara el telégrafo, los códigos, las cosas ésas que giraban y salían dibujos, cómo la que le había regalado. -Oh, por Dios. Espero que al menos no beba tanto como Seo. Voy a buscar un poco de papel y tinta para que puedan hacerla, en seguida bajo. -Se separó de él en lo alto de la escalera, para meterse en su habitación y sacar el material. En apenas dos minutos ya lo tenían sobre la mesa, junto una jarra de limonada para cuando acabasen los vasos que ya tenían servidos. Minerva se dedicó a atender a los pocos clientes que montaban timbas de cartas, mirando de reojo con una sonrisa cómo Tom disfrutaba de la compañía de Jonathan Atwood.

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16 de agosto. Noche. Saloon.

Mensaje  Pallas_Atenea el Sáb Ago 17, 2013 12:36 pm

[Bastante después de que Tom y Jerry dejaran de hacer mejunje Art Attack. XD]

Hans VanDerMorten abandona el cementerio tras enterrar al señor Wickus, un entrañable anciano de Massachussets que se había mudado con su familia al oeste. Él fue ingeniero y trabajaba para las subcontratas del ferrocarril, pero se retiró a una ciudad tranquila, donde esperaba no tener sobresaltos hasta que le dio un ataque cardiaco, o eso dijo el Doc. Una pena, buena gente, pero con la Dama Negra ya se sabe: se lleva a quien quiere. Dejó la piqueta y la pala en el cuarto de los aperos y salió en busca de un trago. Todos los dias lo mismo, una y otra vez. ¿No se cansaba de aquella videa? quizás un poco, pero era de naturaleza tranquila, al menos aparentemente. No estaba de muy mal humor, había cobrado y mañana sería un nuevo día.Empujó las puertas y entró en el saloon.

Viernes noche, el saloon estaba lleno de gente que aprovechaba para diverirse y beber. Marion llevaba puesto un vestido de color azul marino y negro aterciopelado, con el corpiño en una tonalidad azul más clara y terminado en el busto con puntillas y lentejuelas negras. El cabello cobrizo peinado como usualmente con un moño grácil sin mechones sueltos, ya que le gustaba llevar el rostro despejado. Sus orejas se adornaban con los pendientes en plata vieja y brillantitos en forma de lágrima. Acelerada, iba atendiendo las mesas, ahora ya con tanta presteza que se llevaba pocos pellizcos de los hombres ebrios que trataban de hacer la gracia con las camareras. Al ver entrar a HansVanDerMorten le mira con curiosidad, pues no le conocía.

De mesa en mesa, como siempre. De silla a rodillas, de rodillas a silla. Un rato de pie. A la barra. Vuelta a empezar. Así pasaba las horas de trabajo Minerva Dalton. Siempre sonriendo, siempre pareciendo disponible, pero nunca estándolo. Era una mujer decente. Coqueteaba y tonteaba. Pero jamás subía a un hombre a la habitación junto a la que dormía su hijo. Vestida de rojo y negro, se encontraba en esos momentos tras la barra, sirviendo varios vasos.

Esa tarde el Padre Callahan había tenido muchos "extras" y estaba agotado. 
-Dios por qué son tan pesados en este maldito pueblo . Siii siii ya no maldigo mas. -Buena noche estrellada para guiar sus pasos que le llevaban como cada noche al saloon. Tenía que recargar su petaca y como no aprovechar para darle un reconstituyente a su gaznate... Hoy tenía suerte y de la grande. Había logrado esquivar a la vieja "Fries" y eso era lo mejor del mundo. Tal vez una partidlla de cartas... pero claro en ese pueblo eran tan puritanos que le extrañaba que no pidiesen permiso a Dios para poder subir las escaleras del Saloon para poder estar con una "señorita"-. Bueno.. vamos a ello -dicho esto abrió las puetas abatibles y dando un vistazo a los feligreses-. A las buenas de Dios -entró directo a la barra.

-¡¿Pero quieres dejarme tomar el aire?! ¡Pesado qué eres hermano!-Phoebe entró justo tras los pasos del Padre, un hombre que nunca le había gustado por los ideales que esta tenía. 
Ella no era para nada creyente, y su hermano mucho menos. Ah, sí, el hermano que quedó a puertas del Saloon con la nariz rojiza por el portazo que Phoebe propinó, obviamente sin pensarlo dos veces. Su rostro, agotado y confuso buscaba algo distinto.
-¡Pe..pero hermana!
-Ni hermana ni los cuernos del diablo, buscate una de esas mujeres pero de-ja-me!- Estaba furiosa, aquel día su hermano comenzó a presionarla para que comenzase a trabajar. ¿Es que a caso, no tenía ya suficiente con cuidar de un hermano y un padre borracho? Oh y como no de la casa, y ahora se sumarían partos y caderas doloridas. Necesitaba urgentemente un trago, solo había que ver cómo vestía. Un vestido de un estampado vainilla, cuyo lazo rosa resaltaba sus voluptuosas caderas. Era, por desgracia, una mujer que nunca antes había necesitado un trago... pero solo hacía unos meses los Siringo fueron víctima de la pobreza y el hambre. A la mierda, ella seguía siendo elegante hasta en sus andares aunque no tubiese ropa nueva. Era una mujer resuelta, y sus ojos marinos observaron a cada uno de los presentes.

HansVanDerMorten se aproximó hasta la barra y apoyó los codos, como hacía habitualmente y pidió lo de siempre: un whisky doble. Levantó brevemente sus ojos claros para recorrer con la mirada el local, observando a algunos habituales, que jugaban a cartas y otros que no había visto nunca y seguramente estarían de paso. Tanto daba. Estaba más contento que otros días, pues había conseguido de estrangis las cuerdas para su violín, ya que no llegaban diligencias desde hacía días. No tocaba nunca en público, no le gustaba ser el centro de atención. Ya era bastante terrible tener que esquivar a la señorita Brown, la hija del tendero que lo acribilló a preguntas cuando le pidió dichas cuerdas.

-Buenas sean, padre Callahan -Saluda Marion aunado a una sonrisa cordial del rostro al verle-. ¿Qué desea tomar? -Pregunta amable mientras que desliza el trapo empapado en un líquido desinfectante con aroma a limón por la barra. La joven no era de irse con ningún hombre. Solo atendía tras la barra y las mesas cuando lo requería el trabajo. Aunque no hubiera sido la prima de la dueña del local, jamás hubiera ejercido de meretriz, su educación burgesa no se lo permitiría por mucho que hubiera cambiado.

-Buenas noches, sr VanDerMorten -saludó Minerva con un cabeceo, mientras acababa de llenar los vasos. Empujó uno para que se deslizase hasta él-. Padre Callahan, qué bueno verle por aquí. ¿Ha venido a convertirme el agua en vino? O mejor en whisky, que hoy es viernes y ya sabe usted cómo beben sus feligreses -Dejó la botella en el estante y cogió otra, para servirse una copa para ella, aunque acabaría arrumbada y a medio beber en unos minutos.

Después de escuchar los cuchicheos habituales de cuando le veian entrar en el saloon, el párroco se paró frente a la barra.
-Buenas sean mis queridas señoras Sutter y Dalton -hizo el gesto de saludar con un sombrero imaginario. No le gustaba llevarlos si no era preciso. Prefería dejar su canosa cabellera al viento. Ya desde joven el color blanco se tomó por gusto sus cabellos... Una amplia sonrisa se dibujaba de una oreja a otra hasta que vió al larguirucho a un lado de la barra-. Señor Van de mier... digo señor Hans. Mire usted que le veía yo mas de hablar con los que le dan su jornal que con estas dos hermosas señoras... -volvió a mirar a las dos mujeres de la barra-. Un vaso de lo de siempre... Se me hace raro no ver a la mestiza... -no era porque la echase de menos, mas que nada era quien le llenaba la petaca-. No tendrá un cigarro, mi buena Minerva, ¿verdad?

Ni en medio ni tampoco apartada, Phoebe se quedó de forma central en la barra. Sus dedos pequeños y alargados repiqueteaban sobre la barra de tosca madera; Aquel olor a limón fue producto de una mueca algo desagradable, frente arrugada y el puente de la nariz arrugado cual pitufo enfurruñado. Intentó hablar, pero el jolgorio se lo impedía así que optó por una señal de aviso con la mano. 
-Vaya... Lugar -Apartaba la vista algo avergonzada de hecho era la primera vez que pasaba por allí. ¿Cómo una mujer de alta cuna, pudo terminar de esta manera? Entonces tenía la respuesta más cercana. El maldito juego conocido como a Poker-. Genial -E impaciente porque le sirviesen algo de ron, seguía zarandeando la mano en un movimiento rápido de muñeca. Quería perder el mundo de vista, al menos unas horas.

-Buenas sean Minerva. Gracias- Dijo el enterador al llegar su copa. Escuchó llegar al cura...hum... hacía sólo un rato que había estado con él en el cementerio dando sagrada sepultura al pobre señor Wickus. Y no, no le caía bien el Padre_Callahan.- ¿qué hay Pater? reponiendo fuerzas? tsk... es que eso de rezar dos salmos debe dejarle agotado.- La fina ironía se desprendía de su comentario.

Marion sigue con la sonrisa perpetua reflejada en el rostro mirando al padre. 
-Enseguida, padre. -Se gira y coge un vaso de una de las repisas y la botella de whisky que está más arriba, se vuelve a rotar y le sirve al padre un buen vaso de lo que suele tomar siempre. Escucha las conevrsaciones de los presentes, pero por su mente pululan pensamientos acerca de lo acontecido en Twin Falls, ahora desprotegido. Suelta un suspiro profundo teniendo curiosidad de saber si el sheriff habría logrado disipar alguna de sus dudas con las investigaciones llevadas a cabo, ante el interrogatorio de los ciudadanos del condado. Y es que cualquier residente podría ser sospechoso.

Un guiño al enterrador, para indicarle que cuando la vaciase, no tenía más que pedir otra y ella se la serviría encantada y una respuesta para el cura: 
-No, lo siento, Pater. Ya sabe que yo no fumo. Pero seguro que puedo conseguirle alguno en la sala, ¿quiere que se lo pregunte? -así de sencillo, iba, se paseaba un poco entre las mesas y pedía un cigarro para el cura. Compartir con un hombre de dios salvaba el alma, solía decir para conseguirlo. Vamos, que le echaba tanto rostro como él, o más. Dicho y hecho, salió de detrás de la barra y se perdió entre la gente.

-Señor Hans.. hay quienes recibimos el don de usar esto... -el Padre se dió unos golpecitos en la sien- y a otros le dieron el don de usar sus brazos como a usted. -le devolvió la sonrisa sarcástica- Además siempre hay quien tiene que usar la voz para que el resto descanse en paz. Sería un buen orador señor Hans. -Por unos segundos se olvidó de él para atender al vaso que le habían dejado delante.

[El resto no lo tengo, porque me fui, el que lo copiase, que lo suba cuando pueda, plis. ^^]
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17 de Agosto. Tarde. Cataratas de Twin Falls.

Mensaje  Dhunna el Sáb Ago 17, 2013 9:07 pm

Sidney-: En la cabeza aún le resonaban las advertencias recibidas por aquellos que algún cariño le tenían, pero la mestiza necesitaba al menos estar a solas una vez a la semana. Y eso implicaba escabullirse hacia las afueras del pueblo. Como había prometido tanto a Setanta como a Seosamh que no se alejaría y que permanecería a la vista casual de cualquier feligrés que tuviese en bien cruzarse con ella, Sidney había elegido el remanso que había junto a las dos cataratas que daban nombre al pueblo para estar en paz con sus pensamientos. Debido al calor de la tarde había prescindido de la mayoría de sus vestimentas, y ahora solo portaba la camisola de algodón, que le llegaba a medio muslo. Tenía las piernas metidas en el agua, aposentado su trasero sobre una roca a la sombra de un llorón, y las balanceaba mientras se trenzaba el oscuro y lacio pelo, aún húmedo.- Sai paa weyaa, sai paa weyaa. Piaa toyaakatete mantu, toyaatu mantu, tewekkwintoote. Piaa toyaakatete mantu, toyaatu mantu, tewekkwintoote. -. Cantaba una canción popular de la etnia con la que compartía la mitad de los genes, ensimismada en su tarea.

Nuna: (Por fin se había decidido. Esa mañana había dejado atrás el poblado de Perro Mojado. Montada en su yegua hizo el trayecto sin prisas, pues antes de llegar tenía mucho en lo que pensar. Al parecer el jefe de la tribu tenía un contacto en Twin Falls y les había dicho que debían tener cuidado, pues estaban en el punto de mira de las autoridades por un ataque que hubo en una granja o algo por el estilo. Así que el ambiente estaba caldeado, a saber como sería recibida ella. Incluso al parecer había llegado al pueblo un capitán casaca azul que se dedicaba a indagar y preguntar, y al que no le gustaban demasiado los de su raza. Cavilando se acercó a paso calmo a esas cascadas que daban nombre al lugar, ya no estaba lejos, pero decidió dejar que Taima bebiera un poco mientras ella calmaba sus nervios antes de entrar al fin allí. La yegua escuchó ese cántico antes que ella, pues vio que giraba las orejas hacia atrás. Pronto ella lo oyó y lo reconoció, llevaba el tiempo suficiente con los shoshones como para reconocer esa canción, pero que hacía uno de ellos tan cerca del hombre blanco? Desmontó de Taima y sosteniéndola por las riendas se acercó a ese remanso donde vio a una mujer refrescándose. No tuvo duda de que sangre shoshón corría por sus venas, pero no sólo esa, debía ser mestiza. Carraspeó, pues no se escondió y en cuanto llamó su atención alzó la mano a modo de saludo)

Sidney-: No oyó la interrupción hasta que tanto la mujer y el caballo estuvieron en su campo de visión, pues no le daba la espalda a la orilla, sino al tronco del árbol. Inmediatamente, sus dedos se quedaron congelados sobre su labor, y su voz se quebró, apagándose. ¿Una india? Y no a medias, como ella. No había nada que disimulase la procedencia de aquella mujer. Sacó las piernas del agua y las colocó también sobre la superficie rocosa. Sus ojos claros, que tan asombrosos quedaban en una piel que a todas luces no era caucásica, escudriñaron a la extraña, pero finalmente alzó la mano para corresponder a su saludo, al tiempo que se levantaba y saltaba al río, para ir nadando hacia dónde había dejado la ropa.

Nuna: (Como bien pensaba la mujer que tenía delante, no había nada que no denotase su propia procedencia. Su largo y negro pelo iba recogido en dos trenzas y aunque iba tocada con un sombrero marrón de fieltro asomaba bajo éste la típica pluma caida que llevaba prendida del pelo. Pese a ir con pantalón, estaba claro que era de piel curtida y no de tela, y su casaca era también marrón con listas blancas y negras que decoraban cuello y mangas. Además de su cara. Si alguien buscaba el estereotipo de como era una india ahí lo tenía. Tirando un poco de las riendas de la yegua se acercó hasta donde la mujer tenía sus ropas, pero mantuvo cierta distancia. Los ojos de ella le confirmaron sus orígenes mezclados, por tanto, no sabía muy bien de que lado iba a estar, si del suyo o del de ellos. Así que esperó sin atreverse a hablar a que la mujer dijera o hiciese algo que la invitase a acompañarla de algún modo)

Sidney-: Se colocó la falda del vestido antes de decir nada, atándosela por delante y dándole la vuelta después. No se hubiera sentido cómoda hablando medio desnuda con alguien vestido. Además, eso le daba tiempo para pensar, pues la mujer no llevaba nada distintivo de los shoshones. "¿De dónde sales, eh?" En cuanto se puso la blusa, la cual dejó sin abotonar, suspiró y le saludó, pero utilizando el idioma de los blancos.- Buenas tardes. -. Cuando lo correcto hubiese sido un "te doy la bienvenida, hermana". Finalmente dio en su memoria con la tribu a la que pertenecía.- ¿Qué hace una comanche en territorio de los blancos?


Nuna: (en efecto no estaba acostumbrada a esa expresividad brusca del idioma de los blancos y frunció un poco el ceño, rebuscando en su memoria rescatar ese idioma que había aprendido de los shoshones) buenas tardes (repitió un poco por imitación, un poco porque era lo que correspondía, el problema sería explicarle que hacía allí. Se humedeció los labios) Vengo de Perro Mojado....(su voz era grave y aunque parecía que susurraba, hablaba lo bastante alto como para que la oyese. Sabía que no había dicho lo que quería decir pero por ahora no daba para más, no había practicado lo bastante. Aunque vió que esa mujer si dominaba perfectamente el inglés y volvió a preguntarse si sería hostil)

Sidney-: Sidney entrecerró aquellos ojos aguamarina que tenía. "¿De Perro Mojado? Que simpático, te manda al nido de víboras?" Pasó con facilidad a su idioma natal. Sí, natal, porque ella había nacido entre el pueblo shoshón, entre los Tukuaduka. Los mismos Tuduaduka que conformaban la tribu de dónde procedía aquella...- Podrás venir de parte del mismísimo Toro Sentado... -. Personaje bastante famoso entre los blancos.-... pero, digas lo que digas, sigues siendo comanche. ¿Por qué estás tan arriba? ¿Tenéis problemas con el ejército? -. Y en su voz había genuina preocupación. Sabía lo que era una matanza... Y si la muchacha no le mentía, la mestiza podría ver el dolor de la pérdida en sus ojos. Si le mentía... Bueno, ese no era un buen camino a seguir para ganarse su confianza.

Nuna: (la verdad era que le agradecía que cambiase a su idioma y aunque su expresividad no cambió, inclinó un poco la cabeza para reconocerle el gesto a la mujer) provengo de los kwahadis de Quanah Parker, no firmaron el tratado de paz y te puedes imaginar que están más cercados de lo que imaginan. (dijo en el mismo tono de voz y en el idioma shoshon) los demás jefes comanche están ahora en paz diplomática con los casacas azules (se quitó el sombrero y lo sacudió contra su pierna levantando algo de polvo. También soltó a Taima dejándola beber, pero ella no se acercó a Sidney-) soy Nuna. Y tú, hermana? Vives con ellos? (hizo gesto con la cabeza hacia Twin Falls).

Sidney-: Contuvo el gesto ante aquel "hermana", y no dejó caer ninguna palabra acerca de las dificultades de su pueblo. No. Las cicatrices en su garganta, que partían de forma transversal y paralela a ambos lados de su barbilla hasta llegar a las clavículas, eran un recordatorio constante de que no pertenecía a los indios, así como las laceraciones en su espalda lo eran de que tampoco pertenecía al mundo de los blancos. ¿Qué hacía entonces, la mestiza? Contemplaba el individuo, independientemente de su procedencia y/o etnia. Para la mujer, que Nuna fuese comanche no quería decir que fuese su hermana; tenían cosas en común, pero muchísimas más de diferencia. - Sidney. -. No tenía procedencia, no tenía tribu, y ciertamente, no tenía familia. "Nota mental: no decirle aquello a los irlandeses o a Tom" Cierto. Los primeros le dejarían el culo como un tomate y el segundo se sentiría injustamente herido.- Trabajo en el Saloon, en el pueblo.


Nuna: (volvió a ponerse el sombrero, aunque un poco echado hacia atrás de forma algo informal. Inclinó de nuevo levemente la cabeza a modo de "encantada" al oir su nombre. Vio esas cicatrices, pues no iba demasiado cubierta que digamos, al menos no todavía, pero no era alguien que juzgase a nadie por como lucía o como era, ni siquiera la juzgó por trabajar para el hombre blanco. Todos tenían que mantenerse a flote, sobrevivir de algún modo, así que el modo de hacerlo de Sidney- no le pareció reprochable.) supongo que no seré demasiado bien recibida en Twin Falls, verdad? (volvió sus ojos oscuros hacia el lugar del que habla) he oído que está todo revuelto y que no estamos muy bien vistos. (quería saber de antemano que se iba a encontrar allí dentro, y si ella trabajaba en el Saloon seguro que algo sabía)

Sidney-: La mestiza soltó una carcajada mordaz, abotonándose al fin el corpiño del vestido. No tenía zapatos; solía andar descalza fuera del Saloon.- Pues no, ciertamente. Buscan echarle la culpa a los pieles rojas del ataque al banco y de la muerte del sheriff. -. Le echó otro vistazo de arriba a abajo. No tenía pinta de ser una muchachita india, sino de alguien que había visto algo más allá de las praderas, la vida en lo salvaje y el modo de vivir de los suyos.- Pero creo que estarás bien. A ver... -. Quería dejarlo claro.-... Llevo aquí tres años y aún hay personas que me insultan, escupen a mi paso y una gran cantidad que no me habla. Lo normal, vamos. Allá tú si quieres quedarte, y para qué.

Nuna: (bien, caería sobre ella toda la susceptibilidad que pudiera encontrar. No esperaba un recibimiento afectuoso pero ahora estaba claro que sería peor) pero no hemos sido nosotros, al menos no los de Perro Mojado. (sentenció, pues ella estaba allí y no se habían movido del lugar. Algo así se habría sabido en la tribu. Volvió sus ojos a Sidney-, tres años y ahí estaba, endurecida pero serena, seguramente fuese una mujer digna de admirar aunque pocos lo vieran. Ambas habían vivido sus vidas y por diferentes motivos habían aprendido de estas a ser más fuertes de lo que parecían.) te causaría problemas si me guiaras a Twin Falls? (la verdad era que le preocupaba que le crease peor fama por aparecer con ella. Sino entraría sola y sin problemas)

Sidney-: - Lo sé. -. Porque había hablado con ellos hacía dos semanas. Ante la pregunta de la india, Sidney sonrió de manera amistosa. Era una mujer con carácter, sobre todo por cómo la había tratado la vida, pero eso no significaba que su verdadera naturaleza fuese hosca. Si no, estaría más sola que la una. Y la mestiza tenía buenos amigos. Pocos, pero inmejorables.- Querida, si a estas alturas me importase lo que me ocurriera indirectamente por las juntas, no habría durado tanto aquí. -. Asintió, indicándole que podía caminar a su lado, echándole un vistazo de admiración a la yegua.- Haga lo que haga, me lapidarían. Ven, nos quedan algunas habitaciones libres.

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Pendiente de continuación.

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17 de Agosto: Tarde-Noche. A unos kilometros de Twin Falls.

Mensaje  Neithan el Sáb Ago 17, 2013 10:02 pm

Roble trotaba sin parar. Había pasado más de medio día cabalgando, sin descanso, con una cantimplora de agua que ya estaba agotándose y un par de tiras de carne seca.

El sheriff había estado siguiendo los postes de la red. En varios kilómetros, no había anotado anomalías. Pero en aquél punto, descubrió lo peor. Detuvo a su corcel a varios metros del lugar y se quedó ahí, mirando el destrozo.

Habían cortado los cables. Estaba seguro. Nada más hacía falta verlo para saber que no se trataba de un simple "corte" natural. Faltaban los cables sin más, como desaparecidos por arte de magia. Y el panorama seguía varios metros hacia el norte, donde el cable caía por la mitad. Había sido, sin lugar a dudas, un acto de vandalismo o criminal.

Chasqueó la lengua. Golpeó varias veces el cuello de su caballo, y descabalgo. Dejó que Roble buscara por los lares algún atisbo de hierba seca o agua. Pero en medio del desierto, solo encontraba polvo y arena. Mientras, su dueño examinaba desde la distancia.

"¿Cuantos metros son? Al menos, unos 5"-deducía Maxwell Rogers. Haría falta ser un buen escalador o tener unos reflejos muy buenos, para subir ahí arriba, cortar el cable y bajar sin hacerse ningún mal. En la zona del poste se quedo agachado. Miraba el suelo, con ojo experto en seguir rastros, unas de las pocas cualidades que le habían enseñado los indios que lo capturaron tiempo atrás. Y en concreto, las huellas, casi borradas por el viento y el polvo, aún podían percibirse.

-Huellas de pie... no llevaba botas. Iba descalzo. A juzgar por el tamaño de la planta, diría que un hombre. No muy corpulento...-empezó a extraer información de la huella. Junto a estas, habían otras, no tan perceptibles y muy curiosas:-¿Qué son estas huellas?

Meneó un poco el polvo, intentando hacer la huella más visible y reconocerla. Parecían de algún tipo de animal. A observar en la distancia, era un animal bastante grande, de poderosas patas.

-Un caballo... pero no uno cualquiera. Un caballo sin herrar.-dedujo en seguida, observando atrás las huellas producidas por Roble. Este último, olfateaba el terreno, buscando algo que llevarse a la boca y sin éxito. Max lo observó, y su mente trabajaba en cavilaciones.

Según él, solo un tipo de persona conseguiría hacer tal cosa:-Indios...-era lo único que surgió de su garganta. ¿Los indios habían sido pues? ¿Eran los responsables de un atraco a un banco? Empezó a caminar, pensativo. Sin lugar a dudas, viendo las huellas que en un momento, se hicieron más visibles, sabía que había sido algún hombre con un caballo sin herrar. Cabía la posibilidad, por remota que fuera, que alguien intentara inculpar a los indios. Porque, de ser así, todo sería más fácil de culpar.

Pero, al comprobar el corte realizado con el cuchillo en cable, extrajo el suyo propio, oculto en su bota derecha. Una de las pocas cosas que consiguió del poblado indio. Y en efecto, el corte era bastante símil. Una hoja pulida con piedra, y no de herrería.:-Un trabajo exquisito...

¿Como sabían que el dinero vendría al pueblo? Si realmente fueron los indios, deberían saber que ese dinero estaría destinado al Fuerte. ¿Por qué si no iban a robarlo? Los salvajes adoran más la tierra que pisan que el oro que pueda darle el hombre blanco. Eso lo aprendió a base de bien. Así que, la teoría de que alguien se hacía pasar por indio para provocar aquello también ganaba fuerza.

-A no ser...-y en su mente, por un momento, lo vio claro. Un chivatazo. Alguien advirtió a los indios de que el oro era destinado a su enemigo. ¿Con qué proposito? ¿Recibiria algún tipo de recompensa?

Resopló. Esto se volvía más complicado. Tras la conversación con Minerva, estaba claro que debía continuar haciendo el papel que ejercía. Sin embargo, empezó a temer realmente por la vida de los habitantes de Twin Falls. Si los indios habían conseguido el dinero y armas, el Capitán Fields corría grave peligro, así como aquellos que osaran defendedlo. Y más si ahora no tenían medios con los que comunicarse.

Así pues, silbando a Roble, que se aproximó a trote, volvió a subirse a su grupa. Examino los alrededores. Nada a la redonda. Ni una maldita montaña donde esconderse. Solo podían haber venido del pueblo o de algún poblado indio en las cercanías. No existían otros medios para llegar ahí.

Rogers espoleo y el caballo comenzó su vuelta al poblado, esta vez, con más calma. Tardaría algo más en llegar y más en deducir. Pero por lo que tenía, solo eran posibles tres factores:

El primero: Habían asaltado el banco los indios. Un chivatazo les había revelado el destino del dinero, y estos habían actuado en consecuencia con la guerra que se traían.

El segundo: Los ladrones se hacían pasar por salvajes, para no culparse y tener una coartada perfecta al no coincidir con la perspectiva que se mostraba el caso. Y no tenían miramientos en mentir a medio pueblo ni matar al honrado sheriff Wells.

El tercero: Ambas cosas. Podía haber una especie de tregua entre los indios y algún bastardo del pueblo que los contrataba para que todo fuera más complicado si cabía.

Sea cual sea, empezaba a tener ya indicios fuertes de que los indios estaban por medio. Y solo conocía la existencia de una india en pueblo:-Sidney.

De todos modos, creía que iba siendo hora de dejar de lado el orgullo y hablar cara a cara y trabajar codo con codo con Daniel Fields.
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Re: Twin Falls. Agosto de 1868. Tercera semana.

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