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Twin Falls. Agosto de 1868. Quinta semana.

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Twin Falls. Agosto de 1868. Quinta semana.

Mensaje  Ignea el Jue Ago 29, 2013 3:06 pm

Martes 27 agosto, por la mañana. Tienda, Armería Meier. Conversación entre Caleb McDougal y Evelyn Meier.


A esas horas la ciudad iba convirtiéndose en un remanso de tranquilidad, los más atrevidos andaban buscando las sombras que los soportales de los edificios entregaban, la música se escuchaba al otro lado de la calle, frente al salón, y la mirada de Evelyn se deslizaba sobre la tarima de la puerta de la tienda, escuchando unas risas demasiado reconocibles, el ritmo de unos pasos rápidos que pasaron junto a ella - Hoooolaaaa mam....- "ma". Evelyn sonrió de medio lado, con los brazos cruzados sobre el pecho, sobre el vestido negro, bastión de luto. La siguió con la mirada, disfrutando de aquellos juegos que, junto otros niños, compartía.


Era una mañana terriblemente calurosa, el verano estaba dando las últimas coletadas y las temperaturas eran sofocantes. El suelo mismo irradiaba calor como si se tratase de una particular sauna. La arena ardía y por doquier se escuchaba el sonido de las chicharras, que buscaban alguna que otra sombra en la que poder refugiarse. La gente en la ciudad seguía con su vida pese a un calor acuciante y al 6cual estaban acostumbrados. El rio, que no se encontraba demasiado lejos, proporcionaba la suficiente agua al pueblo, aunque había algunas épocas en las que bajaba con más agua de lo normal, culpa seguramente de las minas, ya que utilizaban el agua para mover los molinos que utilizaban para triturar la piedra y poder limpiar la roca, sacando así los minerales necesarios e interesantes. La noticia del asalto a la diligencia, de la ruptura del telégrafo, y del terror que suponía el quedarse completamente aislados, hacía que la gente estuviese mucho más reacia a abandonar la ciudad, y también a separarse de su fiel arma. Los suministros en la ciudad se estaban agotando, al menos de ciertas cosas específicas. Lo único que parecía sobrar era el alcohol y el licor -aunque fuese de garrafón y la compañía de agradables señoritas en el prostíbulo que se encargaban de aliviar ciertas tensiones en los buenos hombres de la ciudad. El doctor McDougal, caminaba por la calle, por la acera misma de madera que se encontraba bajo el techado de los comercios y locales de la ciudad. Bajo el brazo, llevaba un pequeño saquito de arpillera que iba semiabrazando. El sonido de sus botas le acompañaba en cada paso que daba. Su mirada, se detuvo un instante en Sophia, que pasó corriendo acompañada por algunos niños y niñas del jugar siguiendo un particular juego. Después continuó avanzando hasta que se situó cerca de la señora Meier, que parecía estar cerca de su establecimiento. - Señora Meier, buenos días tenga usted .  - Inclinó levemente la cabeza para después darse un toque en el sombrero y mirar de nuevo a la pequeña correr y jugar.


Su mirada seguía a Sophia, seguía sus pasos y sus juegos, capturaba sus gestos y aquella despreocupada risa. Con el paso de la pequeña cerca de Caleb, Evelyn se percató de él. Se tensó como espada al ser forjada y acomodó la postura, abandonando aquella laxitud. Mantuvo los brazos cruzados, al tiempo que inclinaba la cabeza, llevando el mentón hacia el pecho. - Buenos días señor McDougal. - respondió sin demasiadas concesiones. Sus ojos claros se mantenían alerta, siguiendo sus movimientos. Sophía se perdió al girar una esquina, tomarían la calle hacia arriba en sus juegos y al parecer, desde ese momento, su risa dejó de llegar hasta su madre, aquel sonido lo echó de menos en cuanto sintió su ausencia. - ¿Le puedo ayudar en algo?


El doctor la observó de soslayo durante algunos instantes, analizando sus gestos, su mirada, y ese particular desdén que parecía mostrar siempre, que mezclaba un particular orgullo con una fragilidad que muy pocos conocían. Desvió su mirada hacia ella para centrarla completamente cuando la joven Sophia se perdió disfrutando y continuando con esos juegos. - A decir verdad sí. Me preguntaba si podríamos conversar durante unos minutos. Prometo no robarle demasiado tiempo, pero es un tema importante y delicado. - Dijo con sencillez mientras que la miraba antes de tenderle esa especie de saquito que llevaba bajo el brazo. - Ah, os he traído esto. Supuse que os agradaría. - Dijo mientras que le tendía el saquito, el cual posiblemente fuese de poco más de un kilo, pero cuyo aroma se hacía notar apenas se acercaba a ella como una particular tarjeta de presentación.


Se separó de la pared con un paso que la acercó hacia Caleb, quedó a su costado y le ofreció paso hacia el interior de la tienda. - Si, desde luego. - su mirada cayó en aquel pequeño saquito que le tendía. Hubiera preguntado de qué se trataba, pero el movimiento de este y el aroma no dejaban demasiadas dudas al respecto del contenido. Era café. Tendió la mano para alcanzarlo . - Gracias, no tenía porqué molestarse. Pase, le prepararé una taza de café. - La campanilla de la tienda sonó cuando la puerta se abrió. En el interior la temperatura era mucho menor que en el exterior, reconfortante y agradable. Evelyn le invitó a sentarse a la mesa, una mesa rodeada de cuatro sillas que, a un lado de la tienda, parecía haberse dispuesto para negociaciones. Era una porción de la tienda cómoda, y a parte de la intimidad del hogar. - Siéntese ... por favor.


Para nada. - Negó ligeramente cuando la escuchó antes de sonreír un poco, quizás por primera vez abiertamente para ella. Una vez que ella le cedió el paso, le tendió el saquito para que lo tomase y caminó hacia el interior de la tienda.
-Es necesario molerlo. En grano se conserva mucho mejor. ¿Necesita ayuda para ello? - No era que el café fuese demasiado refinado, ni tampoco demasiado filtrado, de hecho los filtros eran meras telas que se utilizaban para que los posos no se mezclasen con el café, y la gran mayoría de veces eso era precisamente lo que sucedía. Cuando entró en el interior, se quitó el sombrero y se pasó el dorso de la manga por la frente, secándose así algunas gotas de sudor, que inevitables se deslizaban por su frente. Agradeció ese contraste de temperatura y se acercó hacia esas sillas.


No, gracias, creo que me he acostumbrado a no tener la necesidad de pedir ayuda a nadie. - sonrió abiertamente, rodeando con ambos brazos el saquito y custodiándolo contra el pecho. - En un momento estaré con usted. - Al poco giraba y encaminaba su cuerpo hacia la trastienda, dejando solo a Caleb, vigilado por aquella gorra de la unión, y aquel sable de oficial. Ambos parecian estar gobernando todo rincón de la tienda, no importaba hacia donde se moviera, aquellos ojos inertes de aquellos objetos le perseguían. El aroma precedió a su presencia, habían pasado unos minutos, tal vez largos, pero esperaba compensar la tardanza con aquella bandeja, en ella habían dos tazas, sobre sus dos finos platitos, una cafetera de porcelana, y el resto de servicio para el café. En el centro de la bandeja un plato con medio pastel. Con cuidado la depositó sobre la mesa, sobre el tapete de ganchillo.


Esa respuesta dejaba tras de sí sensaciones y sentimientos que como si se tratasen de un halo la envolvían y cubrían. El duro fantasma de la soledad que le envolvió y que le acompañó cuando ella se marchó. La observó hacerlo y después elevó la mirada hacia esos artículos. Esa gorra de la unión y aquel particular sable. Pareció negar un poco y apretó levemente el puño antes de caminar hacia el asiento apoyándose en una de las sillas. Dejó el sombrero a un lado para que no le molestase y miró hacia el lugar donde ella se había marchado. El olor del café fue la suficiente tarjeta de visita que necesitó, pero no se había llegado a sentar ni mucho menos en el asiento, sino que la esperaba. Cuando llegó de nuevo a la habitación observo sus movimientos y como -como si fuese un ritual- depositaba la bandeja sobre la mesa. Retiró un poco la silla para que no le molestase. - Tiene un aroma delicioso. No me engañaron al decir que era auténtico café.



Evelyn asintió con la cabeza, sonrió, de forma poco audaz. Llenó una taza con el café , inclinada sobre la mesa. - Puedo imaginarme el porqué de su visita. Es más, es lo que he estado sopesando mientras le hacía esperar. - tomó la cuchara de plata y la hundió en el azúcar - ¿Dos o una? - La cafetera aún estaba caliente, por lo que de su obertura, emanaba una columna de humo cargada de un intenso aroma. - El café es bueno, escaso pero bueno. Como todo en esta ciudad, poco a poco el colmado se está quedando sin provisiones y me pregunto si ... - se incorporó lentamente, se giró hacia él y se enfrentó directamente a sus ojos. - aquellos bandidos no han tenido que ver en todo esto.



Estoy seguro de que se puede imaginar el por qué de mi visita. O puede que incluso sea capaz de sorprenderla. -Añadio con sencillez el doctor McDougal mientras que la miraba. -Permitidme. -El mismo llevo su mano hacia la cafetera para tomarla y servirse a sí mismo el café. Llenó un poco la taza observando como el café se deslizaba hacia el interior de esta ondulando y moviéndose cuales olas en la mar. - El café es un bien bastante preciado. ¿Sabíais que los posos de café sirven para abonar las plantas? Mucho mejor que cualquier otro abono. -Añadio mientras que terminaba por llenarse la taza, al menos hasta la misma mitad. Una vez que se echó lo suficiente, dejo la cafetera con cuidado a un lado donde no pudiese quemar el mantel y tomó la cucharilla de azúcar, removiendo lentamente el tarro de azúcar para que ésta no quedase en "bloques". Con parsimonia se echó cuatro cucharadas de azúcar en el café.


Evelyn se hizo a un lado, buscó el sentarse sobre una de las sillas que enfrentaba la de él, deslizó las manos sobre los costados de las faldas y se sentó. Desde su posición observó sus movimientos. Separó ligeramente la pierna, posando las manos sobre el regazo, haciendo que sus dedos fueran ascendiendo la tela, sin prisa, ocultando el gesto con sus palabras. - No, la verdad es que no lo sabía, del cuidado de la tierra se muy poco, realmente poco. - la sonrisa se marcaba afable en su rostro, mientras en su interior se estiraban todas las cadenas, creando una tensión que laceraba su vientre. - A estas alturas mi capacidad de sorpresa se ha vuelto realmente pequeña, no por ello negaré su posibilidad para con ella, - hizo una pausa - Señor McDougal. Creo que está avivando mi curiosidad. - El faldón de la mesita ocultaba su pierna, la cual, al retirar las telas de la falda iba mostrando una pequeña y manejable, pistola.


Tras servirse el azúcar tomó una cucharilla y movió lentamente el café removiendo el mismo. Observaba como la cucharilla se deslizaba lentamente en el interior de la taza creando nuevas olas y rompiendo la quietud del café.
- Señora Meier. Seré franco con vos. - Seguía con la mirada clavada sobre el café, el cual observaba. - Los ataques de los forajidos se están volviendo mucho más constantes, como si se avecinase algo, y la ciudad no es tan segura, como cabría pensar. Muchos alimentos están empezando a escasear, y no hablemos siquiera de medicinas. -Dijo mientras que seguía removiendo lentamente la taza de café. - No es un lugar adecuado para una niña pequeña, ni una mujer sola, por muy fuerte que ésta sea. - Sonrió levemente antes de proseguir. - Estoy seguro que ésta tierra, que éste lugar os trae malos recuerdos. Unos de los que querríais deshaceros, y otros que siempre os acompañarán como la más pesada de las cargas. Pero.. estoy seguro, que estar rodeada de armas... no es un buen ambiente para poder educar a una jovencita y mucho menos, siendo una de ellas la que arrebató la vida de vuestro esposo. - Movió la cabeza para clavar su castaña mirada sobre ella.



Alzó la taza y la llevó a sus labios, estos fueron abrasados por el calor del café, notó el tenue sabor a amenaza y lentamente depositó la taza sobre su platito. - Se están volviendo de ese modo, tal vez tengamos que ponerle freno... de forma contundente. ¿No cree? -el ceño de Meier se frunció, creando una arruga a su ceño. - El mejor lugar para una niña, es al lado de su madre. - anotó que sin falta tendría que escribir a sus parientes en Boston, y en cuanto fuera posible enviarla allí, desde luego que en Twin, no estaba segura. Se disponía a entregar otro delicado sorbito al café cuando sus palabras la alcanzaron, detuvo su movimiento ,pero bajo la mesa, amartilló el arma, depositó la taza sobre el plato y elevó el rostro hacia el doctor. - Las heridas fueron en la guerra, heridas que bien conoció. ¿Qué está insinuando con ello?¿ Qué hay alguien que disparó a mi esposo? y ese alguien se encuentra aquí? Señor McDougal - arrastró la taza y el plato con una mano. - creo que esta conversación llama a su fin.


(Fin acto I.)

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Re: Twin Falls. Agosto de 1868. Quinta semana.

Mensaje  Ignea el Jue Ago 29, 2013 3:31 pm



Por favor. No se me pasaría por la mente ningún monstruo que fuese capaz de hacerle daño a una criatura tan inocente como es Sophia. La considero como una ahijada mía. -Dijo mientras que frunció el ceño de manera amenazante ante las insinuaciones que tan amablemente y de manera tan abierta estaba ella haciendo. No se le pasó por alto ese leve gesto que ella estaba haciendo, pues mientras que movía el café miraba de soslayo de vez en cuando hacia sus faldones, obviamente sabiendo que eso no era un gesto de coquetería, y más en una persona que era tan calculadora, como distante. Se agachó a ella, inclinándose para dejar que su rostro quedase a escasos centímetros del femenino.
-Señora Meier. Conocía, respetaba a vuestro esposo como no os podéis imaginar. El me salvó en la guerra y me tendió una mano cuando nadie más lo hizo. -Añadio de nuevo mientras que seguía clavando esa mirada sobre ella para después moverse y rozar su mejilla con su aliento, como si fuese a susurrarle algo. -¿Queréis disparar? Hacedlo. Será interesante ver cómo explicáis después al Sheriff lo sucedido, teniendo en cuenta que soy un respetable ciudadano de Twin Falls. -Tras ese leve susurro en su oído se separó un poco de ella y llevó su mano hacia la mano femenina, que agarraba ese arma o donde se suponía que debía de estar, apoyándola sobre ésta. -Cierto es que hay que hacer algo con respecto a los forajidos, y a la inseguridad ciudadana.



A mi, por el contrario, se me pasan varios ... espero que eso no sea un inconveniente para controlar la situación, me refiero a su carencia de imaginación. - La aproximación repentina del doctor consiguió que ella se separara de ante la mesa, estirara la posición y echara la espalda hacia atrás, buscando separarse. El susurro a pesar de poseer el peso de una caricia, dejaba una profunda huella. Sobre la marca de esta respondió.
-Posiblemente prefiera enfrentarme a esa explicación ante esta situación, doctor.- su tono de voz fue igual de pausado, callado, mas cuando su mano quedó sobre la suya, enredada entre los faldones negros que había alzado, no pudo evitar que junto con su atrevimiento, su genio aumentara. - Primero, retire la mano. No lo diré por segunda vez. - calculó el calor que desprendería el disparo, la quemadura contra su pierna y donde impactaría sobre McDougal. Ella era, desde luego, una ciudadana insegura tomando sus precauciones.



Seguís culpándome por lo sucedido en lugar de ni siquiera, querer hablarlo. ¿Jamás os habéis preguntado por qué sucedió? ¿Qué ocurrió exactamente en la guerra? No. No lo hicisteis. Es mucho más fácil echar las culpas a los demás, que comprender en su lugar. - Respondió el doctor de manera fría, terriblemente de hecho mientras que su mano estaba sobre la femenina, en su muslo. Deslizó la misma para agarrar la parte de atrás de la pistola y desviarla de él, para hacer que apuntase hacia otro sitio, justo mientras que dejaba la mano ahí, imposibilitando que ella disparase. -No os hago una persona temerosa, ni tampoco que huya las situaciones, señora Meier. - Curvó los labios de manera peligrosa y después subió su mano hacia el cuello femenino. Presionó con tres de sus dedos en una zona cercana a la yugular y la nuca. -¿Sabéis? El cuerpo humano es maravilloso. Los puntos del placer.. del dolor, llegan a mezclarse a veces, y es curioso como presionar en el sitio adecuado puede hacer que te relajes tanto... que todo tu cuerpo parezca pesar. -Era una medida preventiva para que ella no hiciese nada. Pese a todo esa caricia mezclaba la sensualidad, con el descaro, con un sumo control del cuerpo.


Meier no era de demasiadas palabras, estas solían tener el peso de una brizna de hierba mecida al viento, menos cuando se trataba de insultos, insinuaciones o traiciones, esas tenían el peso de una losa de acero. El peso de sus manos sobre su cuerpo era demasiada carga y entonces su dedo se flexionó, la pistola se disparó. El sonido fue atronador, la bala salió del cañón e impactó contra la pared, haciendo que saltaran esquirlas de madera, quedando dibujando el impacto, entorno a la bala un agujero quemado. Evelyn meció la pistola para que el calor quedara sobre la piel de la mano de Caleb_McDougal. Era una poco sutil advertencia de que era momento de retirar sus manos de sobre ella. Mientras, la mano izquierda, libre, se alzó, para quedar sobre la que él posaba en su cuello. - El cuerpo humano es sorprendente, pero no se limite a él, la mente es mucho más ... sorprendente .- No sonrió, aquel juego no le hacia ninguna gracia y notaba con dureza la presión que el doctor imponía en su cuello.



El arma al dispararse les entregó ese aroma a pólvora quemada que quedó entre ellos. Su siguiente gesto, el mover el cañón rozando su antebrazo, la parte superior de su muñeca no consiguió la reacción que ella esperaba. El cañón estaba caliente, peligrosamente caliente, pero él estaba acostumbrado a ese tipo de heridas, de quemaduras. Permaneció impasible mientras que se escuchaba ese leve crepitar, hasta que la sensación pareció desaparecer. -¿Me habláis del poder de la mente, señora Meier? -Sonrió de nuevo de manera un tanto socarrona mientras que seguía presionando su cuello y nuca en esos puntos especiales. Hizo algo más de presión queriendo relajar por completo el cuerpo de la mujer, que sus brazos fuesen perdiendo sus fuerzas, del mismo modo que lo harían sus piernas. Se estaban durmiendo sus extremidades con un placentero estremecimiento. Una vez que sintió como eso iba causando efecto, agarró el arma volviendo a posar su mano sobre el muslo femenino. -Ahora que os encuentro algo más relajada, creo que podríamos hablar más propiamente. -Se acercó peligrosamente a ella y rozó su mejilla con su nariz en su camino hacia su oido. -Una semana. Solo eso.




La mirada descendió hacia el líquido oscuro, el café, la quemadura de este, o simplemente el impacto del líquido en su rostro, arrastrado por el peso de una buena taza de porcelana, labrada en relieves , sumamente cara, eso... no podía dejar de ser molesto. Pero no lo hizo, la taza cara quedó sobre la mesa y la mirada se elevó hacia el rostro, incómodamente , cercano de Caleb_McDougal. - ¿Y si no quiero darle esa semana? - Los dedos se flexionaron sobre la piel de la mano del doctor, aquella que asía su cuello, dejando sobre esta, sobre la palma, cuatro largos arañazos.  - Dígame... si no hago lo que quiere ... ¿Donde dejará el afecto que tenía por mi esposo? Serán palabras mecidas al viento ... Ahora apártese, quite sus manos de encima mía... creo que estoy siendo sumamente amable. - el arma se amartilló de nuevo, o al menos intentándolo, al hacer girar el tambor de la cámara.


Su aliento seguía rozando su oído, quizás dejando claro que al respirar su aliento moría contra éste, contra su oreja, notando el leve estremecimiento que ello conllevaba. -No tenéis otra elección, señora Meier. Si no queréis correr riesgo. Un riesgo para usted y un riesgo para su hija. ¿Se ha parado a pensar en que hay algunas... variables... que aún no están claras del todo? -Susurró todavía contra su oído, dejando que su aliento continuase rozando el mismo, hablando con ella, para ella, de esa manera confidencial por la misma cercanía mientras que seguía apretando su cuello y nuca de esa manera suave y firme. Deslizó sus dedos al final por la yugular, para que se relajase esa tensión y volvió a posarlos de nuevo sobre éste. -Una semana. -Sentenció de nuevo. -Y os garantizo que después, no tendréis que volver a aguantar más mi cara cerca. Ni tampoco lo que ella os transmite. -Seguia posando su mano sobre la femenina. Cuando sintió ese leve movimiento que indicaba que volvía a martillear el arma, apretó entonces el percutor, atrapándolo, para que no pudiese disparar. En el caso de hacerlo, le daría un pellizco en la mano -doloroso, seguramente- pero no abriría fuego.


No era de buen cristiano dejar escapar todo lo que en su mente hacía mención al doctor, había sobrepasado una delgada y sutil línea de cientos de millas de grosor. Había amenazado a su hija. Había, pues, un antes y un después, y ambos se unían en un ahora , en este preciso punto de inflexión. Giró la pistola para que esta disparara contra el vientre, el muslo o la cadera, le daba igual. La herida seria profunda, las balas de buena calidad tienen ese efecto en la gente. Apretó el gatillo, este provocó el disparo. El silencio mas inquietante asoló a Evelyn que , predispuesta, esperaba del atronador sonido y este apareció . La mano que sobre el cuello trataba de protegerla, descendió sobre la mesa, quedó en el borde y entonces, de modo repentino se puso en pie, haciendo que la mesita se volcara al inclinarse hacia Caleb_McDougal. La loza, la bandeja la cubertería , el mantel, el azúcar y el café, se desparramaron por el suelo, el sonido de todo aquello al caer y romperse, provocó cierto espacio entre ellos. Evelyn estaba de pie y retrocedía.



(Fin Acto II.)


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Re: Twin Falls. Agosto de 1868. Quinta semana.

Mensaje  Ignea el Jue Ago 29, 2013 4:01 pm



La pistola abrió fuego de nuevo, el percutor consiguió pillarle un trozo de piel en un pellizco, pero al final terminó por escaparse, accionando sobre la bala y dejando que se disparase. La bala salió del cañón y por la cercanía, rasgó los ropajes del doctor en el costado haciéndole una herida que pronto empezó a sangrar, humedeciendo su camisa blanca y revelando ese mismo corto que la bala había hecho antes de impactar contra la pared de madera de detrás de él. Se separó de ella como acto por ese mismo disparo y dejó de susurrarle. Se llevó una mano hacia el costado para apretárselo, en éste caso la diestra. Él, a diferencia de ella, no iba armado. Un doctor salvaba vidas, no las quitaba. Su peor arma podría llegar a ser su aliento tras una visita al saloon. Frunció el ceño y se apretó algo la herida mientras que se separaba de ella, por efecto de la caída de la mesa y de los platos y enseres que había sobre ella. -Definitivamente, estás completamente loca. ¿En qué momento perdiste el juicio? ¿Te has parado de verdad a pensar las cosas? No puedes irte tal y como están las cosas.. Te pondrías en peligro. No puedes coger las cosas y desaparecer así como así. ¿Quieres meditarlo de una vez? -Se apretaba el costado, aunque su mano se estaba manchando de sangre.



Retrocedió, al menos un par de pasos más y se detuvo. La mancha carmesí sobre la camisa se estaba extendiendo, llevó las manos a la boca y ocultó esta entre los dedos, sin poder evitar aquel gesto de sorpresa. - Oh.. Dios!... no se mueva! ... - había visto muchas, tal vez demasiadas, heridas de bala, pero ante esta se mostró ciertamente sobrecogida - ¿Qué ... qué hago? - tartamudeó, indecisa - ¿Qué necesita? - se acercó hacía Caleb_McDougal, y cayó de rodillas sobre el suelo, la larga falda aspiró el aire y lentamente quedó hinchada , poco a poco este aire se fue perdiendo, dejando un suspiro entre las telas. Desde su posición podía ver, entre los dedos la sangre. Le estaba manchando el suelo , el suelo de la tienda.


Por Dios que el doctor no pensaba que eso fuese a ocurrir. Ahora estaba ella delante de él, de rodillas sobre el suelo observando la herida que él se estaba apretando. No era profunda, porque simplemente le había arañado el costado, de mala manera pero sí que era un simple arañazo. En su mente, por ella pasaron decenas de palabras que en ese momento podria soltar, empezando sobre su bipolaridad y comportamiento, pero al ver su reacción simplemente enmudeció. Se tragó las palabras y emitió un leve gruñido. - Para empezar, tráeme un paño húmedo y algo de alcohol. Y serénate. - Dijo mientras que volvía a separarse de ella. Inevitablemente algunas gotas de sangre se deslizaron de su mano, cayendo sobre el suelo, pero eran pocas.


Asintió, se incorporó , se puso en pie y marchó hacia la trastienda, con suma rapidez trató de encontrar el paño, y una vez encontrado, el agua con el cual humedecerlo, el alcohol sabía donde estaba, en un estante alto. Y mientras se alzó en pos de alcanzar este, se detuvo, sus dedos alcanzaban la botella, y de nuevo dejó los talones sobre el suelo. Miró hacia la puerta que llevaba donde se encontraba Caleb_McDougal, y sopesó el riesgo que asumiría si ahora mismo dejaba el lugar, simplemente. Buscaría a Sophia y tomarían un par de caballos, en el siguiente pueblo una diligencia, todo quedaría atrás, ahora, sin dilación, sin una semana de por medio. Era una decisión tentadora.


Apenas ella se marchó el se apretó un poco más el costado. No era nada, lo sentía, pero no por eso cuando intentó moverse le iba a doler menos. Emitió un leve gruñido y farfulló porque se le había terminado el tabaco. ¡Y con qué ganas se fumaría un cigarrillo! Caminó para salir de la habitación y en ese mismo instante se la encontró, quieta en el pasillo, dubitativa y pensativa. Seguro que estaba pensando en qué hacer. El doctor la observo. -Ven. -Dijo con sencillez queriendo sacarla de ese estado de amuermamiento en el que se encontraba. Dió un paso para acercarse a ella mientras que seguía apretándose el costado. Ya no sangraba, o al menos no goteaba sangre pero su camisa seguía manchada. Un examen más de cerca revelaba que su brazo estaba en tensión por la fuerza que estaba haciendo para apretarse



Evelyn_G_Meier se apartó y señaló con el dedo la botella que intentaba alcanzar. - No llego hasta ella. - simplemente tendría que alcanzarla él. Mientras ella se negaba a acercarse y , de algún modo, a marcharse . Tal vez esta segunda opción no la tomaría ahora, porque él estaba delante. - Hay que curar la herida, cuanto antes. No diré que lo lamento, porque no es cierto, en parte, le hará pensar en lo acontecido, y espero que... - se giró hacia él, buscando la herida - sea cual sea mi decisión, ahora, o en una semana, esta ... sea apropiadamente respetada. - Suspiró. - Tendría que haber agradecido el momento en el qué di fin a nuestra conversación, tal vez si hubiera aceptado mi invitación, todo esto no hubiera pasado. - Dió un paso hacia atrás, no quería quedar a su alcance de nuevo, en cambio seguía esperando a que tomara la botella de alcohol.


Si, estoy seguro de que has disfrutado con esto, y mucho. Recordadme que no vuelva a acercarme a usted a no ser que estéis sin ropa. Y ni eso porque seguramente tendréis otro arma escondida en vete tu a saber donde. -Emitio un leve gruñido cuando caminó y se acercó hacia ella para después girar y tomar la botella que estaba en la estantería. Le costó bastante hacerlo, ya que al hacer algunos movimientos le daba un tirón la herida, y eso seguramente hacía que se abriese un poco más. Ella le había fastidiado, y no sabía realmente hasta qué punto. Tras tomar la botella, se la llevó a los labios y arrancó el tapón con los dientes, tironeando un poco para escupirlo despues y darle un trago, buscando aliviarse un poco, al menos del dolor acuciante que sentía en ese mismo momento. -No soy de esos. No dejaría que saltáseis del barranco, por mucho que me apeteciese ahora empujaros desde él. -Dijo mientras que la miraba de soslayo, después, tras dejar la botella sobre la mesa le tendió la mano queriendo tomar así el paño que ella llevaba.



Entrelazó los dedos de las manos sobre el regazo del vestido y sonrió. Con esa sonrisa perversa de quien ve padecer a otro y nada le importa, claro está no era el caso, no se encontraba a la boca de la muerte, pero ese dolor lacerante, sus palabras bien lo merecían. - Me temo que no os daré jamás esa oportunidad. - si pudo estirarse hacia la botella, endolorido, si, pero efectivo, la herida no tenía que ser tan grave, así que tomó el paño que humedecido y escurrido mantenía a un lado, sobre un estante de aquella estantería, y lo lanzó contra el rostro de Caleb_McDougal, con fuerza y buena puntería. - Es un impertinente, y espero que se aparte cuando desee saltar, porque la siguiente bala puede no ser tan amable. - pasó por detrás del doctor, esquivando sus manos, y se detuvo, simplemente para seguir hablándole en aquella corta distancia. - Porque ni usted ni nadie me dirá que he o no he de hacer - caminó, separándose de él, buscando de nuevo salir a la tienda.



Orgullosa testaruda. -El doctor entrecerró sus ojos y caminó hacia ella aprovechando que se había acercado un poco a él, o más bien que pretendía esquivarle, girándose para sorprenderla entonces. Se tragó y bastante a disgusto el dolor que le proporcionaba esa herida de bala que ella le había hecho en el costado. Se acercó a ella y la agarró por el brazo con la zurda, evitando así que se marchase. Se agachó 6después y atrapó su boca con la suya en un beso que buscaría silenciarla, y de paso, regalarle un doloroso y extraño mordisco en los labios, pues al separarse arañó levemente el inferior de ella. -Orgullosa testaruda. -Volvió a repetir. -Vas a hacerme caso de una maldita vez y a escucharme. Porque soy la única maldita familia en la que puedes confiar. Lo veas, o no. Así que cierra ese pico. - Y tras eso, se separó de ella y entrecerró sus ojos de manera amenazante.


El movimiento de fuga se vio frustrado, se detuvo a la fuerza, a la fuerza que imponía el doctor. Echó la cabeza hacia atrás, de forma instintiva y sintió el beso, aquello acallaba toda protesta por muy a cuento que esta vinera. Le marcaba el ligero dolor aquel contacto, el mordisco que había dejado como firma de despedida. No tenía muy claro que usar, si su mano para sacudirle, si su arma con cuatro balas, aquella incertidumbre fue la que la paralizó. Entornó los ojos. - Está loco. Y no voy a consentir que trate de manipularme, por el medio que sea.... discúlpeme... - retiró la mano que se asía a su brazo, buscando separarse del doctor, su herida y sus palabras, por no hablar de sus intenciones.- Tengo mucho que hacer esta tarde. - En un juego de mesa estaba permitida la retirada, allí no iba a ser diferente .



Todos estamos locos, Evelyn. Todos lo estamos. -Dijo de nuevo replicando mientras que la miraba directamente, se humedeció los labios antes de tomar el paño y retirar la mano de la herida. Le había hecho un buen arañazo, uno que seguramente haría que le recordase durante bastante tiempo. Tras limpiarse la herida, y tiñendo de rojo ese paño, tomó la botella de licor y se la llevó a los labios dejando que se marchase ella. Él negó levemente y tras darle un trago a la botella apretó los dientes y echó un poco de licor sobre la herida, emitiendo entonces un gruñido por la molestia. -Odio las armas. -Sentenció antes de bajar su mirada y apretar el paño con algo más de fuerza, para que el alcohol hiciese su efecto. Suspiró pesadamente y después negó dejando la botella a un lado. Se marcharía, pero no por la puerta principal y más estando como estaba herido. Se cubrió con el chaleco, aparentando que no pasaba nada, y salió por la puerta de atrás.



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29 de agosto (tarde-noche).

Mensaje  Mizar el Jue Ago 29, 2013 9:58 pm

Meier repasó el suelo, las manchas de café no se habian quitado de la madera y dejaban un círculo oscuro molesto a la vista de la dueña. De rodillas se sentó sobre los talones y tasó el esfuerzo, ladeó el rostro y con el antebrazo se secó el sudor. Ella miraba a la mancha y la mancha la miraba a ella, si, casi podría decir que con aire jocoso. - Oh! que desesperante. - se inclinó de nuevo, pasando el trapo de nuevo, ahora con un renovado entusiasmo, producto de aquella contrariedad. Sophia pasó muy despacho por detrás de ella , sin hacer apenas ruido, como si aquello fuera a pasarle inadvertido a su madre. - Señorita ... - la niña se mordió los labios - Voy al colmado, a ver a Ruby... ¿Puuuuuuedooooo? - Meier no necesitaba verla para conocer la cara que acompañaba ese ruego. - ves, pero no tardes, a la hora de cenar, te quiero aquí.


Terminó su trabajo en el saloon demasiado pronto y como habían dos trabajadoras más se mordió el labio inferior pensando en lo acontecido en Twin Falls, demasiados peligros, habían forajidos sueltos y daba miedo caminar por las calles, así que se decidió. Le pidió permiso a su prima y subió a cambiarse a su habitación, no le gustaba salir a la calle con su atuendo del saloon, demasiado llamativo, pero ya se sabe; hay que fomentar a la clientela y los vestidos escotados eran un buen reclamo. Ataviada con una blusa rojiza oscura y una falda gris clarito, se puso su pañoleta alrededor de los hombros y se dejó el cabello suelto, pelirrojo, con dos ganchitos a cada lado en plata envejecida y brillantitos a juego con los pendientes en forma de lágrimas. Se encaminó hacia la armería decidida a hacerse con un arma.
Al llegar a la armería entró con curiosidad escrutando con los ojos cielo todas las armas que se exponían en las vitrinas de cristal, tímidamente se acercó al mostrador.


La campanilla advirtió a Meier de la presencia de un cliente, y se incorporó de nuevo, se sentó sobre los talones y quedó observando a Marion_Sutter, pareció buscar en sus recuerdos aquel rostro y pronto la encontró. - Buenas tardes - se puso en pie, notando al hacerlo como sus piernas se habian quedado algo dormidas, con el movimiento de sus manos ordenó los pliegues oscuros de la falda y se acercó hacia ella. - La recuerdo querida, si, la vi descender de... - abandonó sobre una silla el paño con el cual limpiaba y con ambas manos libres, reordenó los oscuros cabellos en aquel tenso recogido, al tiempo que caminaba hasta situarse al otro lado del mostrador. Sobre este dejó ambas manos - ¿Y bien querida... en qué puedo ayudarla?


 - La diligencia. - Termina la frase que dejó la dueña de la armería por terminar y le ofrece una sonrisa gentil mientras desliza los dedos cubriéndose más con el chal como queriendo mitigar lo que le hacía sentir estar dentro de ese lugar lleno de armas que podrían quitar la vida a una persona. Se acerca más al mostrador, su mirada mar se entretiene admirando las armas hasta quedar clavada en la mirada de Evelyn_G_Meier.
- Bueno, no la concocía, me llamo Marion Sutter soy la prima de Minerva Dalton y trabajo en el saloon. - Educada se presenta primero, denotando gestos nerviosos en la sonrisa demasiado expresada en sus labios. - Quería un arma, ya que me da miedo andar sola sin protección alguna. Pero claro, la verdad, no entiendo mucho.


Arrugó la nariz, tasó a la mujer que tenía ante sí y buscó un arma acorde con ella, le tendió la mano entre tanto. - Evelyn Meier ... encantada señorita Sutter ...  - quiso tantear, no entendía a una mujer casa trabajando en el salón, tampoco a ninguna con hijos, claro, aunque estuviera la señora Dalton como ejemplo . Bajo el peso de sus pensamientos carraspeó. - Bien, podemos empezar por ... la distancia, desea que sea a corta o por el contrario a larga? - tras el apretón separó las manos y las llevó de nuevo a su peinado, tratando de ordenarlo, sabía que no tenía la menos de las presencias, no al menos en ese momento, los acontecimientos , todos y cada uno de ellos, en conjunto y por separado estaban alterando su temperamento. - Oh.. disculpe si anda todo un poco desordenado, pero ... entre las obras del tejado y el trabajo de la tienda, no doy ... abasto.


Al ver que le tiende la mano agradece el gesto amable y alarga la mano estrechando la suya suavemente sin dejar de sonreír. - Lo mismo digo, el placer es mío. - No entiende lo que le dice así que expresa en el rostro cara de poker. - ¿Distancia de qué? no comprendo lo siento. - Se disculpa y se encoge de hombros elevándolos, deja escapar un resoplido.
- No se preocupe que se comprende, además los hechos acontecidos en la zona mantienen a la gente muy ocupada. Es increíble la poca protección que tenemos ahora y da miedo pensar que está tan lejos el fuerte, aunque las autoridades pertinentes hagan su trabajo.


Tornó a apoyar las manos sobre el mostrador , separadas ligeramente, inclinó la cabeza y empezó a buscar entre todos los tipos de armas que podía recordar. - Le preguntaba si, por ejemplo, es para largas o para cortas distancias ... porque eso, a su modo, es lo principal, le supongo que preferirá cortas, si es que no es buena su punteria ... dígame señorita Sutter... ¿Como de buena es su puntería?  - arqueó una ceja antes de separarse del mostrador e ir hacia una de las estanterias, le entregó la espalda y su dedo índice comenzó a pasar por el perfil de cada una de ellas, como con él pudiera leer o ver qué había al otro lado. Se detuvo ante una y la abrió, de esta sacó un arma algo pesada para una dama, pero realmete bonita, era una lupara, esa concretamente, había sido labrada y preparada para Vinicio Montanari. - Mire, esta precisamente...
- la palmeó cuando la depositó, al poco sobre el mostrador - ya tiene dueño, pero es una recortada, es cómoda, pero pesada... luego estarian los revolveres ... y las escopetas ... de ahí que preguntara a qué distancia pensaba disparar.


Observa todos los movimientos de la dueña de la armería y enarca ambas cejas cobrizas mirándola. - Ems.... distancias cortas supongo. ¿Mi puntería? solo he disparado un arma en mi vida, y fue jugando con mis tíos que osé a hacerlo así que, no es que sepa mucho de armas, pero buena puntería sí que tuve ese día. - Comenta mirando las armas alternando la mirada mar, 
con Evelyn_G_Meier, se gira viendo lo que hace y observa el arma que le ofrece y se atreve a cogerla de la empuñadura tocando el tambor. - Es demasiado pesada, no sé, un revolver pequeño, no muy pesado, mejor enséñeme un revolver de lo más caros que tenga.-
- Piensa que si es caro debe ser bueno. - Deja el arma con cuidado sobre el mostrador. - Espero no utilizarla nunca... Dios...


Negó con la cabeza - He de reconocer que es sumamente interesante esa proposición, pero por más cara que sea un arma no dejará de ser o no mejor, eso lo ha de poner usted ... por lo que si no sabe disparar le aconsejo poner cierto esmero en aprender, en la parte de atras...- se giró hacia la puerta que daba a un jardín donde habia instalado una pequeña galeria de tiro . - tengo un pequeño lugar acondiconado para disparar.
se agachó, dejando sobre el mostrador el arma del encargo del señor Montanari y tomó una pequeña cajita , en su interior habia una buena y pequeña pistola, la tomó y la tendió a Marion_Sutter. - Seis balas en la cámara, dan para suficientes intentos, esta vale para ... unos seis u ocho metros ... con certeza, por la munición, mas ... distancia, podría jugarse el ser desviada.
Tome, pruebe su peso, está descargada.


- Imagino que es así, pero comprenda que al no entender cualquier arma no me vale, una que sea buena y efectiva sobre todo, ya sé que son adjetivos pobres para definir algo referente a un arma pero es lo que hay. No soy capaz de más. - Ante su propuesta ríe interiormente sin poder evitarlo.  - ¿Me enseñaría a utilizar un arma señorita Meier? - Pregunta con curiosidad mirándola inocentemente.
- Solo un par de clases, no quiero inoportunarla y por supuesto se las pagaría. - Sugiere desviando la mirada hacia la pistola que le ofrece, la coge por la empuñadura de forma algo torpe con cuidado. Sopesa el arma y sonríe mirándola. (...)
- Me parece mucho más ligera. Piense mi proposición, ya que hay muchos peligros y no me gustaría acabar con una bala. - Al decirle siente un escalofrío que recorre su cuerpo entero.


Se inclinó sobre el mostrador y observó a la señorita Sutter y el arma en las manos. - Claro, no hay problema, puedo mostrarle lo que se, y siga mi consejo, practique... ante todo practique, si es que desea ser efectiva, el simple hecho de tenerla podrá sostener cierto aspecto disuasorio, pero seamos realistas, es mucho más práctico...- le tendió la mano para que Marion_Sutter depositara el arma sobre su palma. cargaría esta con dos balas. - probémosla fuera. - esquivó el mostrador y se acercó a la puerta de la tienda, en ella giró el cartel, donde ahora rezaba "cerrado". - Por favor, sígame - y comenzó a caminar hacia la puerta de la trastienda, esta daba a un jardin, cuyas paredes habian sido revestidas evitando posibles accidentes, en el centro, habia una diana, y un travesaño de madera, donde depositar objetos, pero ahora,
no había ninguno. Espero a que Marion_Sutter la alcanzara, para entregarle, tendiéndole el arma por la culata. - Veamos si esta es la suya .


Apoya el dedo en el disparador sin apretar aunque ya sabe que está descargada, la verdad es que resulta poco creíble con el arma sujetándola de una extraña manera con demasiado cuidado. Mira la palma de la mano de la dueña de la armería y deposita el arma con esmero en su palma de la mano atenta a todo de lo que le va informando, asiente con la cabeza a lo que le dice.
- Bien, practicaré todos los días, aunque no me agraden las armas. - Resopla inahalando el aire y exhalándolo rápido algo contrariada. Sale fuera observando el jardín y las paredes revestidas para que no haya accidentes. Coge el arma por la culata con la mano izquierda colocándola de manera desmañada en la mano derecha como corresponde; con la mano aferrada a la empuñadura y el dedo en el disparador, se humedece los labios con claro gesto nervioso y mira a Evelyn_G_Meier con temor, suspira y termina por clavar la mirada en la diana preparándose para disparar, vuelve a mirar a la dueña de la armería pidiéndole permiso.


Asintió con la cabeza y dió un par de pasos hacia atras, quedando pues a la espalda de Marion_Sutter, llevó las manos a la espalda y rodeó con los dedos de una la muñeca de la otra, quedó pues a salvo de aquel duditativo disparo. - Cuando guste ... recuerde que cuando dispare, el arma sufrirá de un retroceso , evite flexionar el brazo y que el arma le de en el rostro... es ligeramente doloroso.


Frunce los labios mirando a Evelyn_G_Meier y resopla de nuevo inhalando aire pesadamente. - Vale... allá voy. - Ya no la mira ahora su mirada azul está clavada en la diana, se coloca en posición de nuevo, exactamente como le ha explicado la dueña de la armería, apunta con el arma hacia la diana y cierra el ojo izquierdo sin saber muy bien lo que hace aprieta el gatillo y dispara bastante cerca del centro de la diana, da un traspiés hacia atrás por el retroceso que emite el arma escuchando un sonido estridente que hace que se de un buen susto elevando los hombros. De inmediato mira a Evelyn_G_Meier. - ¿Y bien? ¿qué he hecho?


- Dispare querida ... - caminó hacia ella, la rodeó y se colocó a su espalda, le extendió un brazo, con el cual el arma apuntaba. - Tiene maneras... desconozco de donde las ha sacado pero hay dos cosas en esta vida que no se pueden negar, se evidencia... con facilidad. - a Meier no le habia pasado por alto la certera punteria. - dispare de nuevo, sin duda, si con este arma se encuentra cómoda, es la suya.


Ríe entre dientes exaltada mirando a la dueña de la armería y deja escapar un sentido suspiro. - Ufff si cuesta disparar un arma... lo recuerdo mucho más divertido con mis tíos jajaja. - Ríe animada tratando de calmar los nervios. - Extiende el brazo que le maneja Evelyn_G_Meier apuntando de nuevo hacia la diana. - Jaja tengo maneras, bien. -
- Obedece y dispara de nuevo calibrando bien el arma, aprieta el gatillo de nuevo cerrando el ojo izquierdo apunta el arma tratando de dar en la diana, dando en el mismo lugar casi que el último disparo.


Dió un paso atrás, largo y meditativo, la diana habia sentenciado con evidencia contundente la poderosa punteria de Marion.  -Querida, he visto a mucha gente pasar por aquí, y le aseguro que ... nadie tan buena como usted. - le entregó un par de golpecitos conciliadores a su espalda y caminó, regresando al interior de la tienda, deslizó los pies sobre una alfombrilla a bien de no ensuciar el suelo de la tienda, deslizó los negros faldones hasta situarse ante otro estante, buscando una cajita de munición. - Sin duda, ha de llevarse esa, puede adornarla como guste, en la herreria, si le da tiempo al dueño, puede hacerle detalles elaborados y bonitos. - cuando se giró ya portaba la munición en las manos, y buscó el refugio sólido del mostrador. - ¿Desea llevarse esa? - Descargada, el arma aún estaba en poder de la señorita Sutter.


- Jajaja imagino que es la suerte del principiante. - Sigue entre risas animada por haber disparado bien. - Temía hacer el ridículo pero es divertido. - Asegura sincera sonriente ante esos golpecitos en la espalda que la animaron considerablemente como sus palabras. Camina con ella hacia el interior del local manteniendo en su mano el arma, hace lo propio y desliza la planta de los botines de cuero negro sobre la alfombrilla y se acerca al mostrador, al dejar el arma sobre la repisa siente cómo le tiembla la mano con la que había disparado, molesta se la acaricia con la otra mano mientras mira a Evelyn_G_Meier. - Sí sí, me quedo esta y me acercaré al herrero, me gustaría que le hiciera algunos adornos personales, ya pensaré qué me gustaría.


Asintió y sacó de debajo del mostrador una preciosa caja de madera, adornada en relieves, al abrirla evidenció la seda que protegería la pieza que habia adquirido, con cuidado posó la munición a un lado, en un relieve hecho para ello, guardó el arma y cerró la caja, esta fue envuelta en un papel fuerte de color madera, y entorno a este, Meier, al estilo mas recargado, lo adornó con una cinta de ganchillo, la cual cerró con un bonito lazo. Giró el paquete y lo deslizó hacia Marion_Sutter. - sea prudente con ella, las balas no son capaces de retroceder y no van a preguntar antes de lanzarse. - sonrió , el precio estaba marcado al lado del arma, por lo que aquel quedaría entre ambas .


Contempla los movimientos de la dueña del local. - Precioso envoltorio. - Aprecia mirando el fino trabajo que hace, esboza una sonrisa de satisfacción mirándola. - Bien, le aseguro que mi intención es no tener que utilizarla jamás - Ha visto el precio elevado del arma, saca de la falda un saquito de cuero rojo cerrado con un cordel de terciopelo negro y saca la cantidad exacta que valía el arma.
- Aquí tiene, muchísimas gracias por todo, por la clase y, por todo. - Lo último lo añade enfatizando el tono de voz para que la comprenda, ella sabe a lo que se refiere. Tras entregarle el dinero guarda el monederito de cuero en el lugar del cual lo sacó , le ofrece una leve inclinación de cabeza.
 - Señorita Meier que tenga una buena tarde, ya casi noche. - Y sale de la tienda portando la caja entre las manos con cuidado.

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Re: Twin Falls. Agosto de 1868. Quinta semana.

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